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domingo, 25 de mayo de 2025

¿Vecinos y enemigos? Las relaciones entre México y Estados Unidos en los primeros meses de la presidencia de Trump

 

¿Vecinos y enemigos?

El Sur 05032025

Saúl Escobar Toledo

La decisión del presidente Trump de imponer aranceles a las importaciones de México y Canadá puede interpretarse como una declaración de guerra económica, política y diplomática. Asimismo, el aumento de las tarifas a China representa una nueva agresión a esa potencia.  El valor de las mercancías afectadas, provenientes de esos tres países, suma alrededor de 1.5 billones de dólares. 

Por su parte,  la suspensión de la ayuda militar de Estados Unidos a Ucrania significa una confrontación que involucra a Europa en su conjunto.

Trump ha abierto varios frentes al mismo tiempo con base en dos ideas que imperan en la mentalidad del presidente y su equipo: Estados Unidos es una potencia mundial que puede doblegar al mundo; y todo se vale para que vuelva ser “grande otra vez”. Son postulados irracionales y difíciles de entender porque suponen erróneamente que las naciones afectadas no tienen capacidad de respuesta y que esas medidas fortalecerán la economía de Estados Unidos.

Muchos analistas, organizaciones empresariales y financieras, y los gobiernos de los países afectados han señalado reiteradamente que la hostilidad de Trump tendrá efectos negativos no sólo a nivel mundial sino también en los Estados Unidos.

Sin embargo, hasta ahora, esas declaraciones y medidas hostiles no se han traducido en intervenciones militares y se han limitado al campo económico y diplomático. Además, muchos esperan que Trump cambie de opinión cuando se dé cuenta de los perjuicios que esta causando a su nación y a sus aliados históricos y por lo tanto fortalecen en realidad a Rusia y a China.

La presidenta de México parece igualmente coincidir con esta hipótesis. Ha declarado varias veces que frente al gobierno de EU hay que tener ““cabeza fría, temple, serenidad y paciencia”. Ante la aplicación de los aranceles se ha dado un tiempo, hasta el domingo, para ver si el humor de Trump cambia y al mismo tiempo preparar una respuesta en caso de que no suceda.

Algunos comentaristas del ámbito nacional han pensado que los aranceles responden a la ineficacia de México para hacer frente al crimen organizado y al contrabando de drogas hacia EU. Sin embargo, el ejemplo de Canadá demuestra que éste no es el verdadero problema. Los canadienses han argumentado, con razón, que el flujo de drogas a EU es mínimo por no decir irrelevante y que Trump ha mostrado una hostilidad injustificada. Hay que subrayar que Canadá y EU no eran únicamente socios comerciales, aliados militares y políticos: también se consideraban naciones hermanas al compartir idioma, cultura y una relación intensa en prácticamente todos los ámbitos sociales. Ello, a pesar de una población francófona. El gobierno de Canadá ha señalado que se trata de algo parecido a una traición familiar, injustificada y desleal.

El asunto de Europa es similar: la cercanía de Trump con Putin, dicen sus principales líderes, los deja expuestos al expansionismo ruso y pone en peligro a países vecinos, principalmente en la región del Báltico incluyendo a Polonia, Finlandia, Estonia, Lituania y Letonia. Además, las amenazas de imponer aranceles siguen pendientes. “Europa se ha quedado sola”, dijeron.

En este contexto, la posición de México es muy complicada y con pocas alternativas si, en efecto, no hay un cambio de las medidas unilaterales dictadas por la Casa Blanca. Quizás haya en el escenario tres caminos: el primero, escalar la confrontación, responder a la guerra con la guerra; el segundo, dejar pasar un poco más de tiempo para que las negociaciones continúen y se llegue a un acuerdo; y el tercero, una opción intermedia que incluya algunas medidas comerciales sin romper el diálogo.

La primera opción implicaría imponer aranceles similares a las importaciones de EU; dejar en pausa indefinida las pláticas con el gobierno de Washington; y un acercamiento explícito y políticamente significativo con China, y otras naciones de Asia y Europa. Anunciar, al menos declarativamente, que México está dispuesto a emprender un nuevo camino en sus relaciones comerciales y diplomáticas y alejarse de la integración económica con EU.

La segunda opción tiene como mayor problema el tiempo. Esperar que se llegue a un acuerdo podría entenderse como una muestra de debilidad que sería aprovechada por Trump para imponer medidas más duras en la negociación de un nuevo tratado económico con EU; en el tema de la migración; y en el combate al crimen organizado.

La tercera opción podría incluir un conjunto de acciones comerciales, pero no tan severas como las que tomó EU y de manera similar a las que anunciaron Canadá y China: aranceles más bajos y selectivos. En nuestro caso, además, seguir demostrando la voluntad de cooperación en los asuntos relacionados con el flujo de personas hacia el norte y tomar medidas drásticas y palpables contra las bandas del crimen organizado. Este camino dejaría abierto el diálogo; no obstante, también mostraría la inclinación de México a aceptar algunos dictados de Washington. Su ventaja residiría en la posibilidad de que los aranceles duren poco tiempo y el daño a la economía mexicana sea relativamente menor.

En el corto plazo, cualquier alternativa que se tome traerá serias afectaciones. La devaluación del peso que, hasta este momento, martes 4 de marzo, ha sido relativamente leve (20.82 pesos por dólar) podría alcanzar a más de 22 pesos. Pero eso no sería lo más preocupante, la depreciación incluso podría servir para paliar el efecto de los aranceles. En cambio, el riesgo de una salida masiva de capitales; la interrupción de la inversión extranjera directa (IED); y un clima de incertidumbre o franco temor, podría llevar a México a una recesión. Antes de los anuncios de Trump las previsiones de crecimiento se situaban para 2025 en menos de 1%. Ahora esa cifra puede resultar optimista.

Así las cosas, el daño podría traducirse en un desempleo masivo y llevar a México a una espiral viciosa: una menor actividad económica hará caer la inversión y el consumo, redundando en una afectación mayor del crecimiento. Un panorama similar al que vivimos en 1982 cuando el gobierno de México declaró la moratoria de la deuda externa. La diferencia, sin embargo, es que en esta ocasión la crisis no responde fundamentalmente a causas internas sino a las determinaciones de un gobierno extranjero. Esta diferencia es vital para entender y apreciar las posibilidades de México ya que la solución es, en teoría, muy sencilla. Bastaría con que Trump cambiara de opinión.

Como se señaló antes, esta posibilidad existe tanto porque la respuesta de la economía y las finanzas de EU están mostrando un aumento de la inflación y una fuerte caída de las bolsas de valores en Wall Street (y en varias partes del mundo, particularmente Asia y Europa); por las contradicciones internas en el equipo de Trump; y por la personalidad del presidente, el cual se ha distinguido por su veleidad.

Las medidas que tome México tienen además del gobierno de EU, otro interlocutor: los inversionistas nacionales y extranjeros. No está claro cuál será su reacción y dependerá no sólo de la ruta que decida México. También de sus expectativas acerca de la magnitud del conflicto. Es posible que algunos decidan esperar un tiempo antes de tomar decisiones drásticas como cerrar empresas y despedir a sus empleados. Habrá, asimismo,  quienes decidan sacar sus inversiones financieras fuera del país. Sin embargo, al mismo tiempo, sus reacciones adversas afectarán al mercado estadounidense.

Como se ha repetido con frecuencia, desatar una guerra es más fácil que detenerla. Son fenómenos en los que todos los involucrados pierden, aunque aparentemente pueden ganar algo. En esta ocasión, aún si la confrontación arancelaria se resolviera pronto, las cosas no volverían a ser como antes. La desconfianza, el temor a sufrir otras puñaladas, y el costo de los daños y su reparación no podrán ser borrados.

Por ello, la respuesta que ofrezca la presidenta Sheinbaum el domingo en el Zócalo no será, no puede ser, final ni definitiva. Será sólo el principio de un camino inédito que requerirá ajustes constantes, decisiones severas y otras más bien discursivas, y una actitud que muestre al mismo tiempo fortaleza y flexibilidad. Llamará, sin duda, a la unidad nacional. Esperemos que de lo anterior se desprenda un diálogo permanente con la sociedad, incluyendo a los trabajadores mexicanos quienes serán las principales víctimas de esta confrontación. Y surja una visión de largo plazo que tendrá que construir un nuevo curso de desarrollo a lo largo de varios años.

saulescobar.blogspot.com

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

lunes, 17 de agosto de 2020

Call for urgent change of the Mexican Economic Policy (published in http://www.ipsnews.net/2020/08/enough-not-enough-call-urgent-change-mexican-economic-policy)

 

Enough is not enough

Call for urgent change of the Mexican Economic Policy

Saul Escobar Toledo

A group composed by women and men, called Nuevo Curso de Desarrollo (New Course for Development) based at the National University of Mexico recently published a document to propose a set of measures to change the current economic policy in Mexico. This proposal responds to a diagnosis of the current situation: at this point of the year, the serious social damage inflicted by the health and economic crisis can already be observed. As we know, in Mexico as in many other countries, there was a great economic disruption caused by COVID.  Millions of people ceased to receive income from their work. However, the Mexican government has not carried out sufficient support measures to compensate for these losses. The result is easy to guess: many households have been rapidly impoverished. It is estimated that between 10 and 16 million people in April earned much less to the point of not being able to acquire the basic food basket , a situation that has continued  for many of them during May, June and July. And while it is true that more and more workers are returning to their jobs, the losses caused have not been repaired.

 

The lack of support has led many people to abandon their confinement to seek an income for their sustenance. This, in turn, puts the population in greater danger. The Group considers that this dynamic can be corrected:  contain the pandemic, protecting sources of employment and revive the economy are   goals that can be achieved at the same time, they are not necessarily contradictory.

 

The paper recognizes the progress made before the health crisis: there was a significant increase in minimum and contractual wages; the right to a basic pension for the elderly was expanded; and support was extended to other vulnerable groups.   But the situation changed dramatically, and yet the economic policy did not. 

 

This situation - says this group - must be corrected. Therefore, an emergency strategy is urgently needed for the remainder of 2020 and for 2021. This new course could return some of what families have lost and, above all, make economic reactivation faster.

 

Since existing social programs are no longer sufficient, immediate action is required to protect formal workers who have become unemployed or underemployed, and informal workers who have not got no income at all.

 

The Group emphasizes that the reactivation of the economy cannot rest solely on the dynamics of the market. Both private consumption and investment will grow very slowly if there is no determined action from the state. That is, if there is no strong fiscal impulse. So, it is necessary, and it is now more urgent to launch a program to expand public spending.  This means increasing the public deficit for 2020 and prepare a larger budget for 2021.  

 

Financing of public expenditure can be covered by the flexible credit line of low cost available in the IMF and also by the Central Bank.  Additionally, the banking system can cooperate with the recovery by granting more credit to companies and individuals and to support the government.   Higher public spending should not necessarily become an unpayable debt and an unbearable burden for future generations.     

 

In addition, it is required to carry out a set of legal reforms to implement unemployment insurance; a basic income for the poorest and most affected ; and the strengthening of development banks (strangely frozen today), as well as an industrial and regional policy that does not rely solely and passively on the supposed benefits of the trade agreement with the United States and Canada.

 

Additional borrowing should be seen as transitory and confined to overcome the emergency. Therefore, the document says, a tax reform cannot be postponed. A reform that lays the foundations for a new inclusive and sustainable economy. The undeniable political strength of the president of the republic, granted by elections that took place in 2018, must and can serve to achieve this agreement.    

The government can presume that, despite the adversity, there is a balanced budget. But what good is that when inequality and poverty are exacerbated? The Mexican state and, first of all, the federal government have to recognize that there is a debt more important than the one recorded in public finances. And that is the income losses suffered by millions of Mexicans, losses that may last many months more.

If anything has been learned from the crises of capitalism in the last hundred years, it is that the laws of the market cannot be trusted. It is, then, time for politics, for decision-making, for a change of the economic course.

 

Note: The complete list of members of the Group and their publications are available at: http://www.nuevocursodedesarrollo.unam.mx

 

Saul Escobar Toledo, Economist, Professor at Department of Contemporary Studies in INAH (National Institute of Anthropology and History, México) and President of the Board of the Institute of Workers Studies “Rafael Galvan” (IEORG) a non-profit organization. His recent work : “Subcontracting: a study of change in labor relations” will be published soon by Friedrich Ebert Stiftung, Mexico City.

 

jueves, 12 de septiembre de 2019


Una estrategia recatada, y sus posibles consecuencias

Saúl Escobar Toledo


El gobierno de la república entregó el llamado paquete económico el pasado domingo 9 de septiembre. Las metas que ahí se exponen para el próximo año parecen modestas: un crecimiento de alrededor del 2 %, ligera pero claramente mayor al esperado para este año (que oscilará entre 0.6 y 1.2%) y que contrasta con el obtenido en los últimos meses, que se situaba en cero.
Lo anterior se deriva según los cálculos de Hacienda, de un ligero aumento de la recaudación por impuestos (3.7%) y una todavía pequeña recuperación de los ingresos petroleros (4.5%). Por lo tanto, el gasto programable (sin el pago de la deuda) se incrementará apenas 0.8%.
El documento advierte riesgos que pueden poner en peligro estas metas, tanto internos como externos. Entre estos últimos, que el crecimiento económico mundial se caiga, dando un brusco viraje a la expectativa (según el FMI) de que 2020 sea un poco mejor que 2019. Esto puede suceder por una mayor tensión política y comercial entre China y Estados Unidos y/o porque el ciclo económico muestre una tendencia negativa más rápida de lo esperado, sobre todo en el sector industrial estadounidense. Otro problema reside en que el Tratado Comercial, el T-MEC, se detenga y no sea ratificado por alguno de los otros dos socios, en este caso, sobre todo, nuestro por vecino del norte. En una palabra, los problemas mundiales están centrados en el gobierno de un señor llamado Trump, aunque siendo realistas la evolución de las economías también tienen que ver con la fase del ciclo en que nos encontramos.  Para discutir este último asunto, tendríamos que recurrir a una argumentación muy larga y polémica. Lo cierto es que los economistas y amigos que los acompañan (políticos, administradores de gobierno, gerentes, inversionistas, etc.) están de acuerdo por lo menos en una cosa: el capitalismo es un sistema económico cíclico y los periodos de auge son seguidos por otros de vacas flacas. Desde luego, los factores sociales y políticos pueden retardar, acelerar o sortear estos fenómenos, lo que hace todavía más imprevisible la llegada de una recesión. Todavía peor cuando el clima mundial está bastante revuelto como sucede en la actualidad.
Pero además hay otros problemas, los internos. Los Criterios Generales de Política Económica señalan la posibilidad de que ocurra una mayor debilidad de la inversión privada. Lo explican de esta manera:
Otras medidas como el incremento decidido de la inversión en infraestructura física se han relegado. Hay que reconocer, por otro lado, el esfuerzo para hacer más eficiente el gasto realizando algunos ajustes en los programas. Bajan algunos (como Jóvenes construyendo el futuro) y aumentan otros (como la pensión para Adultos mayores y Sembrando Vida). Por su parte, a pesar de que el presupuesto de la Secretaría de Salud no crece, el IMSS y el ISSSTE contarán con un aumento real.
Es encomiable también que se busque una mayor recaudación tributaria, combatiendo la evasión y la elusión fiscal, gravando los servicios de las plataformas digitales, la subcontratación laboral y elevando los impuestos a refrescos y cigarros. Sin embargo, el nivel de ingresos que se proponen captar para el próximo año sigue siendo bajo si lo comparamos internacionalmente con otros países de América Latina y desde luego para impulsar la expansión económica y superar las carencias más importantes en materias como salud, agua, medio ambiente, y otros.

Esta formulación, si se ajusta a lo que realmente se propone la estrategia gubernamental, tiene pros y contras. A favor, pudiera decirse que busca garantizar la estabilidad política y económica, y descartar la repetición de episodios ocurridos en el pasado, particularmente en la crisis de 1982. Y otras experiencias negativas de la izquierda en América Latina. Cualquier avance, así sea pequeño pero consistente, en el terreno de la seguridad y la violencia podría verse, sin duda, como un gran logro. Y poner de pie a PEMEX después de tantos años de desmantelamiento sería igualmente otro acierto indudable.
En contra de esta lógica, debería subrayarse que el comportamiento de la economía puede ser demasiado frágil sin un liderazgo del sector público fortalecido. La recesión o desaceleración mundial serán más difíciles de asimilar si persiste un aparato estatal fiscal   y productivamente débil. De igual manera, las presiones internas, también podrían resistirse mejor si el gobierno decidiera poner sobre la mesa un plan de recuperación económica que exija a todos los actores productivos una contribución mayor, proporcional a la riqueza y los ingresos de cada quien, bajo la premisa de que se puede y se debe, al mismo tiempo, crecer y distribuir mejor.
Por lo pronto, esta última opción se ha descartado. Habrá que ver si definitivamente. pues los escenarios pueden cambiar más rápido de lo que se piensa. Se tendrá que revisar entonces la estrategia planteada.  Y seguir insistiendo en que se requiere un plan B.












miércoles, 28 de agosto de 2019

La economía mexicana: una situación inédita


La economía mexicana: una situación inédita

Saúl Escobar Toledo

Los últimos indicadores de la evolución de la economía mexicana muestran una combinación que no habíamos visto en los últimos tiempos y probablemente en la historia reciente del país. Por un lado, un estancamiento de la producción y una muy débil creación de empleos, aunque el crecimiento de los puestos de trabajo formales (registrados en el IMSS) sea mayor al del producto (PIB), una situación que no es nueva y viene presentándose desde alrededor de 2010. Por otra, una inflación controlada (con una baja en la primera quincena de agosto) y anualizada en 3.3%. Pero, al mismo tiempo, un aumento de los salarios mínimos y contractuales, sobre todo de los primeros y en mucho menor medida de los segundos; un aumento real y por tanto superior al de las últimas décadas. En 2018, entre enero y junio éstos tuvieron cifras negativas a diferencia de lo que sucedió en ese mismo lapso de 2019.  Consecuentemente el comercio minorista aumentó poco más de dos puntos porcentuales.

En pocas palabras, a pesar de que la economía no crece, lo han hecho los salarios y el poder de compra de muchos mexicanos. Lo que habíamos visto en los últimos años era un esquema distinto:  el producto crecía también lentamente, los empleos todavía más, y  una inflación controlada, pero con una disminución de los salrios  (mínimos y contractuales).
La caída en la producción desde luego es el hecho más significativo y preocupante: la industrial cayó 2.9% en el segundo trimestre, acumulando nueve meses de retrocesos, mientras que los servicios, que aportan más del 60% del PIB, probablemente por el aumento de la demanda interna, crecieron un poco. La industria de la construcción ha sido la más afectada con una caída de casi 3%.
La diferencia fundamental entre el pasado y el presente parece estar recayendo en la política salarial, tanto en el aumento al mínimo, que tuvo un alza sin precedentes en las últimas décadas, como en los contractuales. El crecimiento de estos últimos ha sido muy moderado, pero se advierte una política distinta. El gobierno y, en particular las autoridades del trabajo no están interviniendo para que las revisiones se den al parejo de la tasa de inflación esperada. Ya no hay interés en ponerle topes a los salarios.
Repartir mejor el pastel, aunque éste no crezca, podría verse como un escenario aceptable. El problema es que esta situación no puede durar mucho tiempo. En el corto plazo, el estancamiento de la producción va a presionar al mercado laboral y la oferta de empleos, al debilitarse, hará que los salarios se vean presionados a la baja. La posibilidad de un repunte de la demanda por el aumento del consumo interno se ve muy complicaa pues el aumento de los ingresos laborales es todavía pequeño, de alrededor de uno o dos puntos porcentuales. A ello hay que agregar las dificultades que ha habido en el ejercicio del gasto, en particular, las transferencias monetarias de los programas sociales.
Un cambio sustancial del esquema de crecimiento requiere una política de inversiones públicas cuantiosa.  Por ejemplo, para recuperar la industria petrolera y lograr que la producción de crudo y los niveles de exportación se eleven, al mismo tiempo que mejora la producción de gasolinas y refinados. Igualmente, es necesario detonar otras obras de infraestructura que mejoren las comunicaciones y la red de servicios de salud, sobre todo en las zonas más rezagadas del país. Pero la inversión pública, por su propia naturaleza, tendrá efectos en el largo plazo.
La demanda externa, la exportación, ha sido el motor de la economía mexicana desde los años noventa. A tal punto que el ciclo económico del país se alineó al de Estados Unidos.
Sin embargo, el panorama mundial, según diversos analistas, es sombrío. Un reportaje de la AP (Associated Press) lo describe así: fábricas con baja producción, negocios paralizados, el crecimiento global que vacila y las dos economías más poderosas del mundo enfrentadas en una guerra comercial. Hace apenas un año, las grandes economías gozaban de un período inusual de prosperidad compartida, pero ahora la globalización parece estar al borde de caer en una grieta similar a la que precipitó la crisis financiera de 2007.
El enfrentamiento entre Estados Unidos y China y el temor a que el ciclo económico muestre tendencias hacia la recesión, está provocando un nerviosismo general.  La Europa de la zona euro está registrando un crecimiento de apenas 1% y Alemania la gran potencia económica de esta región contrajo su producción en 0.1%. A ello hay que agregar los problemas del BREXIT.
La palabra más usual para definir la situación mundial es incertidumbre. Analistas, instituciones y empresarios la dicen todo el tiempo. En parte tienen razón pues no se sabe qué pude pasar con las estrategias proteccionistas de Trump o cuál será la decisión que vayan a tomar los gobernantes del Reino Unido y los dirigentes de la Unión Europea por su diferendo.  Las alarmas también están sonando debido a que la calidad del crecimiento en Estados Unidos y Europa ha sido mala. Los problemas de la recesión de 2008 no se han resuelto y en cierto sentido se han agravado. Los instrumentos de política económica están casi agotados (sobre todo en materia de política monetaria) y no se avizoran soluciones nuevas ni en la mente ni en la voluntad de quienes toman las principales decisiones en la conducción de la economía en esas regiones del mundo.  
Esa misma palabra, incertidumbre, se ha aplicado retiradamente para describir la situación en México. Pero aquí se mezclan con razones de política interna.  Según algunos voceros de los organismos empresariales, la incertidumbre proviene de que  se haya cancelado el aeropuerto de Texcoco. Lo que suena más bien a una estrategia de presión para lograr ventajas.
Si el gobierno pudiera desatar para el próximo año (mediante una reforma fiscal o cualquier otro medio) una cantidad de recursos suficientes para estimular el crecimiento mediante inversiones bien planeadas y ejecutadas es probable que nuestra incertidumbre interna pasaría a un segundo plano.
El frente externo es el que realmente puede convertirse en el problema más difícil de resolver. Las relaciones con Estados Unidos enfrentan diversos problemas conectados desgraciadamente con la campaña por la reelección de Donald Trump. Tenemos en esta agenda principalmente la aprobación del T-MEC (el Acuerdo comercial trilateral), el tema de la migración, y las políticas proteccionistas que afectan directamente al país. En el primer caso, nadie pude asegurar que el voto aprobatorio en el Congreso de EU esté asegurado. O que éste se lleve a cabo de inmediato.  Y aunque el tema migratorio parece estar en un impasse, el hecho de que Trump lo haya ligado a sanciones comerciales lo convierte en un tema que abona a la incertidumbre.
Así que la suma de incertidumbre, internas y externas, puede convertirse en un factor real que impida el crecimiento de México para éste y el próximo o próximos años.
Por ello, las medidas que puedan tomarse ahora, en estos meses, cuando la recesión aún no se ha presentado, serán vitales: la definición de un presupuesto más expansivo y un ajuste de las prioridades del gasto público para detectar fallas, desperdicios y retrasos. En pocas palabras, una revisión profunda de la estrategia económica que rescate los componentes esenciales que la animaron desde el principio: una mejor redistribución del ingreso mediante una política salarial más flexible y progresista; fomento al empleo; recursos a programas sociales esenciales, sobre todo en educación y salud.  Revisar metas, evaluar los instrumentos y cambiar lo que sea necesario. Antes de que la incertidumbre se convierta en hechos consumados.

saulescobar.blogspot.com