Minneapolis: terror de Estado
Saúl
Escobar Toledo
3 de febrero de 2026
Los
acontecimientos ocurridos en la ciudad de Minneapolis, ubicada en el estado de Minnesota,
en la frontera con Canadá, han llevado a concluir por parte de distintos
observadores que se ha tratado de una operación de Estado “destinada a provocar
el terror en Estados Unidos”.
Así
lo aseguró el periodista del diario New York Times, M. Gessen, quien afirmó en un
editorial publicado el día 3 de febrero:
“Después
de las tres últimas semanas de violencia en Mineápolis, ya no es posible afirmar
que el gobierno de Donald Trump sólo pretende gobernar este país. Pretende
reducirnos a todos a un estado de miedo constante, un miedo a la violencia de
la que algunas personas pueden librarse en un momento dado, pero de la que
nadie estará nunca de verdad a salvo. Esa es nuestra nueva realidad nacional”
El
periodista repasa los acontecimientos ocurridos en los primeros días de enero
de este año, cuando el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) amplió
sus operaciones en Mineápolis y St. Paul (una localidad vecina, por lo cual se
les conoce a ambas como las “ciudades gemelas”). El asesinato de Renee Good,
una mujer blanca y madre de clase media; las amenazas brutales a una abogada embarazada en el estacionamiento
de su bufete; la detención de varios ciudadanos estadounidenses incluyendo uno
que sacaron de su casa en ropa interior; el asalto indiscriminado a automóviles que pasaban por la ciudad, rompiendo
cristales de las ventanillas; la
detonación de granadas y gases lacrimógenos contra manifestantes; los arrestos
de personas en el aeropuerto; la detención de un niño de cinco años junto con
su padre; y el homicidio de otro
ciudadano estadounidense en la calle cuando se encontraba ya en el suelo, con
varios disparos a quemarropa, Alex Pretti, enfermero de la unidad de cuidados
intensivos sin antecedentes penales . Este caudal de agresiones agrega el columnista,
tiene una explicación: “El presidente Trump está utilizando todos los
instrumentos: las cuotas de detenciones del ICE que se han reportado; la fuerza
paramilitar formada por matones embriagados de su propia brutalidad; el
espectáculo de la violencia aleatoria, particularmente en las calles de las
ciudades; y el vilipendio post mortem de las víctimas muestran una lógica, “y
esta lógica tiene un nombre. Se llama terror de Estado”.
Una
conclusión similar sacó Robin Kaiser-Schatzlein, un periodista independiente
que creció en St. Paul, autor de un relato de primera mano, el cual fue
publicado en la revista New York Review Books.
Según
Robin, ICE no llegó a las ciudades gemelas para detener y deportar personas
sino para “aterrorizar a sus habitantes”. Agrega que los agentes no estaban bien
preparados ni la operación fue planeada correctamente: sus autos se atascaban frecuentemente
en la nieve y los agentes se resbalaban en las calles heladas (a menos de 15°
bajo cero). Sin embargo, señala, su incompetencia los hacía más peligrosos. Agrega
que los agentes no dieron muestras de temor ante las cámaras de los ciudadanos
o de la prensa. “En realidad, participaron activamente en difundir su propia
brutalidad, a menudo usando botes de humo de colores para generar efectos
teatrales.”
El
reportaje de Robin destaca que las personas han resistido al miedo y a la
violencia de diversas maneras. “De la noche a la mañana, varias iglesias han
logrado almacenar comida, gracias a las donaciones y el trabajo voluntario de
miles de ciudadanos, para entregarla a quienes han tenido que esconderse en sus
casas y no pueden salir de compras ni ir a trabajar”. Muchos ciudadanos también
se han organizado para transportar en sus vehículos a las personas que pueden
ser objeto de persecución para llevarlos a sus trabajos y citas médicas, incluso
se formaron redes para proveer leche materna a bebés cuyos padres han sido
detenidos por ICE. Esas redes han creado chats en Signal y WhatsApp para
alertar a los residentes cuando ICE aparece y convocar a muchos observadores,
haciendo sonar silbatos y cláxones.
“La
magnitud del esfuerzo de ayuda mutua es difícil de comprender - dice Robin- al
igual que la velocidad con la que se ha organizado y la valentía de quienes lo
llevan adelante para enfrentar a tres mil agentes federales”. Y resume: “El
tamaño de la Operación Metro Surge (en las ciudades gemelas) es delirante y
desmesurado; no obstante, la gente ha hecho todo lo que puede para protegerse
mutuamente y resistir”.
Un
caso especial ha sido el de las personas de origen somalí, las cuales fueron
señaladas por el presidente Trump en diciembre como inmigrantes “basura”. Más
de sesenta mil personas de este origen radican en Minneapolis, de un total de
aproximadamente 170 mil en todo Estados Unidos. Sin embargo, el 90 por ciento
de aquellos que viven en las ciudades gemelas son ciudadanos estadounidenses,
de tal manera que los indocumentados apenas serían unos 5 mil. Lo anterior confirmaría,
igualmente, que el objetivo de Trump no ha sido cazar inmigrantes ilegales sino
agredir sin misericordia a los ciudadanos de las ciudades gemelas. Según Robin,
“mujeres somalíes en el vecindario Cedar-Riverside se han organizado para patrullar
por turnos las calles con chalecos de seguridad, informando a las personas acerca
de sus derechos y ofreciendo bebidas calientes, y han montado una guardia casi
permanente frente a un centro comercial somalí en Minneapolis y un supermercado
mexicano en St. Paul, blanco de las redadas”.
Vale
la pena recordar que Minneapolis han sido escenario de protestas en los últimos
20 años. Una de las más relevantes que tuvo impacto mundial fue la que ocurrió
por la muerte de George Floyd a manos de agentes policiacos en mayo de
2020. La agresión se gravó en un video y
exhibió al oficial Chauvin poniendo su rodilla sobre el cuello de Floyd durante
varios minutos mientras la víctima murmuraba “no puedo respirar” hasta su fallecimiento.
Otros crímenes pueden mencionarse: Jamar Clark en 2015, un joven afroamericano también
asesinado por policías. O Philando Castille en 2016 en circunstancias
similares, entre varios más.
Es difícil pensar que el terror de enero en
las ciudades gemelas fue simplemente una venganza contra una población que ha
mostrado su enojo y la búsqueda de justicia por sus muertos a manos de agentes
policiacos locales o federales. Tampoco puede decirse que el objetivo principal
fue detener inmigrantes ilegales. De acuerdo con los reportajes citados se
trata de algo más: demostrar fuerza
excesiva y usarla para infundir miedo, con el propósito de reforzar el mensaje
de que cualquiera puede ser la próxima víctima.
Otras
guerras desatadas por Trump: mediante la
imposición unilateral de aranceles a casi todos los países del mundo;
incursiones armadas en Irán y Venezuela; y las presiones a México, se han
basado en la amenaza de la fuerza, pero, al mismo tiempo, han buscado abrir
espacios de negociación para lograr algunas ganancias. La guerra contra la
inmigración desatada por Trump en su propio país parece tener un carácter
distinto. Se trata de infundir miedo sin que se busque algún logro material a
cambio. El objetivo es demostrar que por medio de la violencia se puede lograr
imponer la voluntad del gobernante. ¿Un aviso de lo que pude suceder en las
elecciones de noviembre? Quizás: no obstante, también es cierto que la
respuesta ciudadana en Minneapolis y muchas ciudades de Estados Unidos pueden
hacer recular al tirano, así sea por un tiempo. La movilización de la sociedad
tendrá que mantenerse y, en su momento, traducirse en un enorme caudal de
votos. O ese régimen basado en el terror de Estado se afianzará por un tiempo
indeterminado.
saulescobar.blogspot.com
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