¿Dónde están las manos que mueven al mundo?
Saúl Escobar Toledo
4 de marzo de 2026
La fuerza del trabajo mundial, en
2026, está formada por 3 mil 822 millones de personas. El 7.8% se ubican en los
países de “bajos ingresos”; mientras que casi tres cuartas partes están
localizadas en países de medianos ingresos los cuales se dividen en dos
niveles: el inferior (35%) y el superior (38%). Por su lado, los países de
altos ingresos concentran sólo el 20% de la fuerza de trabajo. Lo anterior
según el informe de la OIT, “Tendencias sociales y del empleo 2026” (disponible
en www.ilo.org), publicado hace un par de semanas.
La clasificación en esos cuatro niveles
fue elaborada por el Banco Mundial de acuerdo con el nivel de ingresos per
cápita de cada país, calculados en dólares estadounidenses. Las naciones más
pobres suman 26, entre ellas, muchas africanas y algunas asiáticas como
Afganistán o Siria. Las de medianos ingresos del nivel inferior son 51, entre
las cuales hay también varias ubicadas en África, pero igualmente algunas
latinoamericanas como Bolivia, Haití, y Honduras; y países tan destacados como
India. En el nivel superior de medianos ingresos están 49 naciones, comprende
la mayoría nuestro subcontinente incluyendo México, pero igualmente China Irán,
y Turquía. Finalmente, las de altos ingresos son 63; en esta clasificación se encuentran
Estados Unidos, Israel, casi todas las naciones europeas, algunas latinoamericanas
como Chile y Costa Rica; Rusia; varias naciones asiáticas como la República de Corea;
y países árabes exportadores de petróleo (Arabia Saudita, Emiratos, y Catar).
Esta clasificación es un tanto inexacta ya que
no mide otras variables como los niveles de desarrollo productivo y tecnológico,
ni los índices de bienestar y desigualdad. Sin embargo, resulta útil para
algunas comparaciones. Por ejemplo, el año pasado, aunque el desempleo a nivel
mundial se calculó en 4.9%, la desocupación juvenil fue mucho mayor, 12,4%. Además,
el porcentaje de personas de estas edades que no recibieron un ingreso por su trabajo
y tampoco estaban estudiando o en algún programa de capacitación llegó a 20% a
nivel mundial y era mucho más alto en los países más pobres (28%), en los de
ingreso medio inferior (22.8%), y en los del nivel mediano superior como México,
(17.1%) mientras que en las naciones ricas el porcentaje de estos jóvenes sin
empleo ni educación era de 11%. Es decir, mayores oportunidades de empleo o
educación para los jóvenes propicia mejores ingresos per cápita a nivel nacional.
Algo similar sucede en las tasas de informalidad
y trabajadores por cuenta propia, grupos que tienen en su gran mayoría una gran
vulnerabilidad ya que no están asegurados, no tienen contratos ni estabilidad
en el empleo ni, frecuentemente, un ingreso fijo. En los países más pobres, los
trabajadores por cuenta propia representaban el 53.5% y los informales el 90,2%;
en los de medianos ingresos de nivel inferior, 49.4 y 83,4% respectivamente; en
los medianos de nivel superior como el nuestro, 26.6% y 53%. En cambio, en las
naciones ricas, los trabajadores por cuenta propia fueron apenas el 7.4% y los
informales el 8,5% del total de la fuerza de trabajo. Así, el nivel de
informalidad y el porcentaje de trabajadores por cuenta propia pueden tomarse
en cuenta como indicadores, muy elocuentes, del nivel de prosperidad de una
nación. Es posible afirmar que la pobreza de ingresos laborales por persona en
un país es mayor en la medida en que lo sea la existencia de trabajadores
informales y empleados por cuenta propia.
Además, el fenómeno de la
informalidad ha venido aumentando: a nivel mundial: pasó de 57.4 % en 2015 a
57,7% en 2025 y afectó especialmente a las mujeres pues el nivel de
informalidad de los hombres en los últimos 10 años (2015-2025) disminuyó
ligeramente de 59.1 a 58,9% mientras que en el caso de las mujeres aumentó de 54.8
a 55,9%. Lo anterior mostraría que, no obstante algunos progresos en materia de
equidad entre los géneros, las condiciones de las mujeres trabajadoras han
empeorado.
Evidentemente, los ingresos que se
reciben por el trabajo y la informalidad laboral se ven reflejado en los
niveles de pobreza, según los parámetros de la OIT y el BM. En los países con menores ingresos la
pobreza extrema llegó al 50.5 y la moderada al 17,2% del total de la fuerza de
trabajo; en los medianos inferiores, 10.1 y 13%; en los medianos nivele
superior 14 y 2.3%, y en los ricos no hubo registro estadístico. Las mujeres
fueron más afectadas en las naciones más pobres: en 2023, la pobreza extrema y moderada fue de 66.8%
para los hombres y de 71.1% para las mujeres.
En síntesis, a pesar de las
objeciones que pueden hacerse a la clasificación del Banco Mundial, de manera
agregada puede encontrarse que, a menores ingresos per cápita, la informalidad
será mayor, los trabajadores por cuenta propia más numerosos, y por supuesto más
elevados los niveles de pobreza por ingresos laborales.
Como señalamos antes, las tres
cuartas partes de la fuerza de trabajo ubicadas en los países de medianos
ingresos (inferior y superior) tienen un nivel de informalidad agregado de casi
50%%. Si agregamos las naciones más pobres, la informalidad aumenta a 56.4% es
decir 2 155 millones de personas trabajan en la informalidad, incluyendo 1058
que trabajan por cuenta propia.
En otras palabras, los brazos de
hombres y mujeres que mueven al mundo son en su mayoría trabajadores sin
protección, sin gozar de derechos laborales y con ingresos poco seguros.
En México, según los últimos datos de
INEGI, la pobreza laboral (es decir, las personas con un ingreso laboral
insuficiente para adquirir la canasta básica) alcanzó en el cuarto trimestre de
2025 a nivel nacional al 32.3% de la población; fue más elevada en el ámbito
rural (46.6%) y menor en el urbano (28.1%). Mostró una disminución anual de 3.1 puntos
porcentuales, el cual se explica por el aumento del ingreso laboral per cápita de
5.3% a nivel nacional
No obstante, hay que subrayar que, en
Chiapas, Oaxaca y Guerrero, la pobreza laboral sigue siendo elevada con niveles
de 59.8, 56.6 y 51.3% por ciento respectivamente. En cambio, en Baja California Sur y Baja
California se observaron los más bajos: 14.2; y 18.2% en ese orden. Porcentajes similares a estos se observaron en
otras entidades norteñas. Igualmente, en el cuarto trimestre de 2025 la tasa de
informalidad fue de 55% y fue más acentuada entre los jóvenes (68%).
Ambos indicadores, el de pobreza
laboral y de informalidad, elaborados por INEGI, no son comparables con los de
la OIT debido a que utilizan parámetros distintos. Sin embargo, muestran que el
reto para México sigue siendo mejorar la calidad de los empleos.
Lo anterior supone, destacadamente, cerrar
la brecha regional, principalmente, entre el medio rural y el urbano, y entre las
entidades del sureste y el norte. Esta brecha ha sido resultado de procesos
históricos de muchos años que se ha acentuado debido a la integración de México
a la economía estadounidense.
Superar esa brecha supone un conjunto
de políticas públicas relacionadas con la inversión en infraestructura social y
productiva, la atención al campo y a sus trabajadores; mejorar las
oportunidades de educación y capacitación para los jóvenes; y proteger a las
mujeres trabajadoras. Implica, asimismo, reducir la dependencia del modelo exportador
de manufacturas hacia Estados Unidos y construir una economía más sustentable en
el consumo interno y en cadenas de valor más complejas y diversificadas.
Los brazos y manos de los mexicanos y
mexicanas que producen lo que consumimos y permiten exportar mercancías no
pueden estar divididos entre una mayoría que labora en la informalidad o por
cuenta propia, y otra, minoritaria, que labora en mejores condiciones. Todos
merecen un futuro más promisorio, pero la posibilidad de esa mejoría depende en
buena medida de que los más vulnerables superen esas condiciones críticas.
saulescobar.blogspot.com
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