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lunes, 17 de agosto de 2020

Call for urgent change of the Mexican Economic Policy (published in http://www.ipsnews.net/2020/08/enough-not-enough-call-urgent-change-mexican-economic-policy)

 

Enough is not enough

Call for urgent change of the Mexican Economic Policy

Saul Escobar Toledo

A group composed by women and men, called Nuevo Curso de Desarrollo (New Course for Development) based at the National University of Mexico recently published a document to propose a set of measures to change the current economic policy in Mexico. This proposal responds to a diagnosis of the current situation: at this point of the year, the serious social damage inflicted by the health and economic crisis can already be observed. As we know, in Mexico as in many other countries, there was a great economic disruption caused by COVID.  Millions of people ceased to receive income from their work. However, the Mexican government has not carried out sufficient support measures to compensate for these losses. The result is easy to guess: many households have been rapidly impoverished. It is estimated that between 10 and 16 million people in April earned much less to the point of not being able to acquire the basic food basket , a situation that has continued  for many of them during May, June and July. And while it is true that more and more workers are returning to their jobs, the losses caused have not been repaired.

 

The lack of support has led many people to abandon their confinement to seek an income for their sustenance. This, in turn, puts the population in greater danger. The Group considers that this dynamic can be corrected:  contain the pandemic, protecting sources of employment and revive the economy are   goals that can be achieved at the same time, they are not necessarily contradictory.

 

The paper recognizes the progress made before the health crisis: there was a significant increase in minimum and contractual wages; the right to a basic pension for the elderly was expanded; and support was extended to other vulnerable groups.   But the situation changed dramatically, and yet the economic policy did not. 

 

This situation - says this group - must be corrected. Therefore, an emergency strategy is urgently needed for the remainder of 2020 and for 2021. This new course could return some of what families have lost and, above all, make economic reactivation faster.

 

Since existing social programs are no longer sufficient, immediate action is required to protect formal workers who have become unemployed or underemployed, and informal workers who have not got no income at all.

 

The Group emphasizes that the reactivation of the economy cannot rest solely on the dynamics of the market. Both private consumption and investment will grow very slowly if there is no determined action from the state. That is, if there is no strong fiscal impulse. So, it is necessary, and it is now more urgent to launch a program to expand public spending.  This means increasing the public deficit for 2020 and prepare a larger budget for 2021.  

 

Financing of public expenditure can be covered by the flexible credit line of low cost available in the IMF and also by the Central Bank.  Additionally, the banking system can cooperate with the recovery by granting more credit to companies and individuals and to support the government.   Higher public spending should not necessarily become an unpayable debt and an unbearable burden for future generations.     

 

In addition, it is required to carry out a set of legal reforms to implement unemployment insurance; a basic income for the poorest and most affected ; and the strengthening of development banks (strangely frozen today), as well as an industrial and regional policy that does not rely solely and passively on the supposed benefits of the trade agreement with the United States and Canada.

 

Additional borrowing should be seen as transitory and confined to overcome the emergency. Therefore, the document says, a tax reform cannot be postponed. A reform that lays the foundations for a new inclusive and sustainable economy. The undeniable political strength of the president of the republic, granted by elections that took place in 2018, must and can serve to achieve this agreement.    

The government can presume that, despite the adversity, there is a balanced budget. But what good is that when inequality and poverty are exacerbated? The Mexican state and, first of all, the federal government have to recognize that there is a debt more important than the one recorded in public finances. And that is the income losses suffered by millions of Mexicans, losses that may last many months more.

If anything has been learned from the crises of capitalism in the last hundred years, it is that the laws of the market cannot be trusted. It is, then, time for politics, for decision-making, for a change of the economic course.

 

Note: The complete list of members of the Group and their publications are available at: http://www.nuevocursodedesarrollo.unam.mx

 

Saul Escobar Toledo, Economist, Professor at Department of Contemporary Studies in INAH (National Institute of Anthropology and History, México) and President of the Board of the Institute of Workers Studies “Rafael Galvan” (IEORG) a non-profit organization. His recent work : “Subcontracting: a study of change in labor relations” will be published soon by Friedrich Ebert Stiftung, Mexico City.

 

miércoles, 3 de junio de 2020

El Ángel Exterminador o la Gran Disrupción

El Ángel Exterminador

Saúl Escobar Toledo

 

En 1962, Luis Buñuel, el famoso director de cine español, estrenaba en México su película “El Ángel Exterminador” que, en resumen, narra la historia de un grupo de personas que se reúnen a cenar en una lujosa mansión después de asistir a la ópera. Una vez que han terminado sus alimentos, pasan a la sala para escuchar la ejecución de una obra de piano a cargo de una de las invitadas. Al terminar, los comensales comentan que están cansados y que es hora de retirarse pero, por una extraña razón, no pueden cruzar el umbral para pasar al comedor y salir de la casa. Quedan así recluidos y amontonados por varios días: poco a poco se quedan sin alimentos y sin agua, fallecen varios de los comensales, y la fatiga y la desesperación hacen presa del grupo. Cuando algunos de ellos tratan de linchar al dueño de la casa por hacerlo responsable de la situación y, mientras forcejean con otros que buscan impedirlo, de repente una de las invitadas descubre que todos están en el mismo lugar que guardaban cuando se dieron cuenta que no podían salir. Entonces tratan de recordar los diálogos que tuvieron en esos segundos y logran vencer el miedo y alcanzar la calle.  Pocos días después, celebran una misa de gracias y al terminar, ni los sacerdotes ni los feligreses, otra vez sin razón aparente ni obstáculo alguno, se muestran incapaces de traspasar la puerta y salir de la nave del templo.

El argumento del filme ha sido comentado ampliamente en muchas reseñas y libros. Las diversas interpretaciones del inexplicable encierro y la imposibilidad de romperlo se basan en la inspiración surrealista de la obra de Buñuel; en su visión crítica   de la iglesia y los dogmas religiosos; e incluso en una condena política de la burguesía o, por lo menos, de los más privilegiados de la sociedad. El director, por supuesto, nunca aceptó dar una razón. Lo que parece claro es que se basó en la existencia de un ángel citado en el Apocalipsis bíblico que representa el triunfo del mal. Su naturaleza destructiva alude entonces al advenimiento de catástrofes que se ciernen sobre las personas, las cuales no se saben bien a bien porqué suceden y qué las originan.

La pandemia que hemos vivido durante 2020 ha recluido a miles de millones de habitantes de este planeta en sus casas. Se ha tratado de un encierro voluntario que nos ha impedido cruzar el umbral de nuestros hogares por el temor a ser contagiados por un enemigo invisible, un virus muy contagioso que -nos han repetido mil veces- puede enfermarnos gravemente y poner en peligro nuestras vidas. Las explicaciones científicas de este cataclismo mundial son numerosas. Sin embargo, de la misma manera que al ver la obra de Buñuel nunca alcanzamos a comprender cabalmente la conducta de los protagonistas ni su significado, ahora que nosotros hemos quedado presos voluntariamente queremos saber las razones de ese ángel exterminador que apareció en nuestras vidas y decidió condenarnos al encierro.

¿Por qué hoy? ¿por qué somos tan vulnerables? ¿cuándo podremos salir sin temor alguno? ¿Se repetirá un fenómeno parecido en futuro cercano?

Las respuestas a estas y otras preguntas han incluido la negación de las tesis científicas, aduciendo que en realidad el virus no existe y que se trata de una especie de conspiración para controlar al mundo. En realidad, alegan, podemos salir, somos nosotros mismos quienes nos hemos dejado convencer de no traspasar la puerta. Desde luego, cuando el contagio se multiplica y caen enfermos o fallecen las personas a nuestro alrededor, la interpretación cambia por otra mas o menos igual: el virus ha sido inoculado intencionalmente para dañarnos. Es una forma de pensar atávica y, básicamente, la misma que durante muchos siglos se ha esgrimido respecto por ejemplo a la peste negra, una de los azotes más antiguos y criminales en la historia de la humanidad: se trata de un castigo divino, producto del enojo de Dios por nuestras prácticas pecadoras.

Hay otras respuestas más interesantes, por ejemplo, la de Eduardo Campanella (disponible en www.project-syndicate.org/onpoint/the-invisible-killers-by-edoardo-campanella-2020-04), quien aduce que este virus ha resultado catastrófico por la arrogancia de nuestra civilización. Creímos que el conocimiento y la tecnología actuales, al igual que nuestra voluntad de doblegar a la naturaleza, podían terminar   con las enfermedades contagiosas. Nos impregnamos de una cierta sensación de invulnerabilidad, particularmente en Occidente. Pensamos que las epidemias podían ser controladas o se desarrollaban solamente en las regiones más pobres del planeta. El COVID-19 rompió definitivamente con estas ilusiones. Y los científicos y las autoridades sólo tuvieron a la mano un remedio: encerrarnos a todos en nuestras casas, incluso en los países más desarrollados, provocando una de las mayores disrupciones laborales, económicas, sociales y humanas que se hayan conocido en los últimos siglos. A pesar de que el saber y la técnica de que disponemos puede enviar hombres al espacio, poner robots en lugar de humanos en las fábricas, comunicarnos instantáneamente desde cualquier punto del planeta y proveernos de casi toda la información existente, no ha habido vacuna, medicina o tratamiento que valga para detener al virus. Y así, en muchos casos, nos impidieron trabajar, convivir con nuestras familias, reunirnos para celebrar o consolarnos, y acariciar o ser acariciados por otras u otros por el simple hecho de estar lejos en el momento que estalló la catástrofe.

Esa arrogancia debe ser corregida para cambiar un modelo civilizatorio que fomenta la desigualdad, el desperdicio y la ostentación, y adoptar un modo de vida más respetuoso con la naturaleza. Debería obligarnos, asimismo, a utilizar la tecnología y el saber para lo que realmente importa: la salud y la felicidad de todos.

La pandemia nos ha revelado la enorme fragilidad de nuestras sociedades y la posibilidad de que otro desastre se repita algún día, por ejemplo, como resultado del cambio climático, y no podamos tampoco ni prevenirlo ni remediarlo.

Cabría otra interpretación: el distinguido historiador marxista Walter Benjamin, en un conjunto de apuntes que se publicaron después de su muerte, “Tesis sobre la historia y otros fragmentos”, también hizo alusión a un ángel. En el apartado IX, observa que en un cuadro del pintor Paul Klee que se titula Angelus Novus (una reproducción de esta pintura se incluyó arriba de este texto)   se ve un ángel que se aleja de algo sobre lo cual clava su mirada. Tiene los ojos desorbitados, la boca abierta y las alas tendidas. Según Benjamin, se trata del ángel de la historia que mira hacia el pasado y ve una catástrofe, una pila de ruinas. El ángel quisiera detenerse y recomponer la destrucción, pero un huracán sopla desde el paraíso y lo arrastra hacia el futuro. Ese huracán -dice Benjamin- es lo que llamamos progreso.

Escrito entre 1939 y 1940, la visión de Benjamin respondía al drama que significó el triunfo del nazismo en su patria. A la sensación de derrota y de indignación al darse cuenta de que ni los valores de la civilización occidental, ni la lucha del proletariado y los partidos socialistas habían podido detener el horror de Hitler. Sin embargo, la tesis de Benjamin siguen siendo vigentes para tratara de intentar una lectura alternativa de la historia. La humanidad no avanza, por lo menos no lo hace lineal e ineludiblemente, hacia un futuro más promisorio. Ni hemos construido un mundo mejor, ni el mal (la injusticia, la desigualdad, la explotación) ha sido derrotado, ni las catástrofes se han podido evitar.  Más bien, hasta ahora, hemos vivido destruyendo. Además de la soberbia de la que habla Camponella, nos hemos equivocado en la interpretación de la historia.

El Ángel del exterminio y el de la historia pueden ser el mismo. A menos que cambiemos nuestra perspectiva intelectual y política y tratemos de reconocer que no podemos tener fe ciega en el progreso ni en el conformismo. Cada victoria contra el atraso o la injusticia puede traer consigo el peligro de la barbarie. Y cada derrota y tragedia en la historia puede servir para construir un mejor futuro.

La nueva normalidad que se ha anunciado puede ser una desgracia peor de la que teníamos antes, o sentar la posibilidad de un cambio para construir algo nuevo. O una mezcla de ambas cosas. En cualquier caso, siguiendo a Benjamin, tenemos que estar preparados. No podemos perder la fe en un futuro mejor pero tampoco descuidar nuestro presente, pensando que la destrucción que llevemos cabo hoy podrá ser reparada mañana.

La película de Buñuel ha sido tan influyente que hace pocos años, en 2016, un joven y talentoso compositor inglés, Thomas Adès, estreno una ópera en el Festival de Salzburgo con el mismo nombre y basada en el guion original del filme. La obra tuvo amplio reconocimiento por su valor musical y fue ejecutada después en Inglaterra y Nueva York en las mejores salas de concierto. En una de las entrevistas que concedió el compositor, le preguntaron sobre su interpretación de la trama buñuelesca y la razón por la cual los protagonistas no podían salir de la casa. Adès definió al ángel destructor como "una ausencia de voluntad, de propósito" y dijo: "La sensación de que la puerta está abierta pero no la atravesamos está con nosotros todo el tiempo". Esa inacción, agregó, puede provocar el "colapso de la sociedad".

Ahora que salgamos del confinamiento, puede ser una idea rescatable en un momento histórico tan siniestro (como ya se dieron cuenta en Estados Unidos).

 

saulescobar.blogspot.com

 


miércoles, 13 de marzo de 2019

El mundo en 2019 : rupturas, desorden y confusión


La situación mundial: rupturas, desorden y confusión

Por Saúl Escobar Toledo

¿Cómo pinta el mundo en 2019? Según los editores de la revista Project Syndicate (PS) atravesamos por un momento peligroso de la historia. Para entender los riesgos del presente, publicaron en papel (sus ediciones son siempre digitales y pueden encontrarse en https://www.project-syndicate.org)  un número especial con un título provocador: La Gran Disrupción, el cual reunió colaboraciones de más de veinte autores que aportaron diversas visiones. Los responsables de la revista consideran que a un siglo de haber terminado la primera guerra mundial hay muchas similitudes entre el momento actual y el periodo que se vivió alrededor de 1918, cuando una ola nacionalista cambió a Europa. Su preocupación se centra en los líderes políticos demagogos de EU y de aquella región que, con un discurso nacionalista, racista y de culto a la personalidad pretenden obtener ganancias políticas para atraer el voto de los inconformes y excluidos. Por ello, dicen, podemos cometer los errores del pasado, los cuales como se sabe condujeron a la consolidación de gobiernos fascistas y a la segunda guerra mundial.
Los editores advierten que los economistas de la corriente dominante (mainstream) podrían creer que estos peligros son simplemente una hipérbole, una exageración, pues el crecimiento económico se mantiene, aunque de manera desigual, y la inflación está controlada. Pero estos indicadores no deben ocultarnos el hecho de que la macroeconomía es eminentemente política pues los distintos grupos de la sociedad experimentan su propia situación de diversas maneras. En realidad, afirman, hay una polarización creciente.  La gente siente que los beneficios de la globalización y las nuevas tecnologías no están siendo compartidas de manera justa o pareja. Las divisiones entre ricos y pobres, entre viejos y jóvenes, entre los rural y lo urbano (y agregaríamos nosotros entre hombres y mujeres) se están ampliando y ese sentimiento se origina en la realidad, pero también ha sido amplificada por las redes sociales. Las tecnologías digitales, incontroladas, se han convertido también en un factor de polarización pues han concentrado las ganancias de manera desproporcionada en unas cuantas compañías beneficiando a los más ricos, inflando los valores de los activos financieros. La lucha por el control de la tecnología entre Estados Unidos y China a su vez, está polarizando el planeta entre las dos potencias económicas.  A lo anterior hay que agregar la situación crítica en materia de seguridad, migración y el clima. Todo ello, señalan, deberían hacer pensar a los expertos que la ruptura y el desorden que vivimos, es decir la Gran Disrupción, es algo más que un exceso retórico y que debe tomarse en serio.
Hay que recordar que la inestabilidad actual viene de la Gran Recesión de hace diez años, la cual causó una severa caída de la economía global y fuertes tensiones políticas y sociales. Crisis que, por cierto, no fue advertida por los economistas ortodoxos.
Para entender el momento que vivimos, la nota introductoria de esta edición especial acude a Antonio Gramsci, el intelectual y dirigente comunista italiano, quien afirmó que: las crisis consisten precisamente en el hecho de que lo viejo muere y lo nuevo no puede nacer, en este interregno ocurren los fenómenos morbosos más variados.
Si entendemos por morbosos, en este caso, aquellos fenómenos que están relacionados con una enfermedad, podríamos decir que el mundo vive una situación especial caracterizada por acontecimientos, sobre todo en la política, en la que aparecen personajes, organizaciones y movimientos anormales, en el sentido de que rompen con el pasado y con las conductas y posiciones dominantes, reflejando así las condiciones de  un sistema mundial defectuoso, enfermo: la globalización neoliberal de las últimas décadas.
La peligrosidad de la situación actual es compartida por diversos especialistas de otras partes del mundo. Los economistas Jomo K. Sundaram y Valdimir Popov, el primero residente en Kuala Lumpur, Malasia, y el segundo en Berlín, advierten también que la situación económica puede desatar una guerra mundial. Los temores, cada vez mayores, de una nueva crisis financiera, afirman, se alinean con una preocupación creciente de que ocurra un conflicto militar a gran escala.
Ello se debe a la desigualdad económica que se combina con las posiciones ultranacionalistas de algunos gobiernos, sobre todo el de Trump. A pesar de la crisis económica que estalló hace más de diez años, no se ha avanzado en corregir las debilidades económicas debido fundamentalmente al ascenso del capital financiero a costa de la economía real. De esta manera, no se han llevado a cabo las reformas necesarias para resolver la creciente informalidad del trabajo ni para estimular la producción. En cambio, los precios de los activos financieros se han elevado incluso por encima del nivel que tenían antes de 2008. Así, el desorden económico, tan prolongado, está fomentando el conflicto y la intranquilidad entre las naciones y al interior de ellas.
La polarización que vive el mundo también se está dando en el plano intelectual. Frente al desorden que describe PS, el pensamiento dominante ha tratado de poner las cosas bajo la disyuntiva de mantener el orden actual o caer bajo las garras de políticas populistas. No hay más opciones.
Sin embargo, como dice Dani Rodrik en uno de los ensayos del ejemplar de la revista, después de la Gran Recesión y ante las medidas proteccionistas que tomó Donald Trump, inéditas en la historia del comercio internacional desde la segunda posguerra, se reconoció que la hiper globalización había dejado fuera a mucha gente. Se admitió la necesidad de buscar mecanismos compensatorios más robustos. Pero estas inquietudes han desaparecido. En estos días se escucha mucho de las virtudes del sistema de comercio libre y multilateral pero casi nada del severo desequilibrio que ha creado. Sin embargo, dice Rodrik, necesitamos desesperadamente una nueva visión del comercio mundial. Los gestos grotescos de Trump nos han llevado a una falsa elección entre apoyar sus medidas o defender las viejas reglas. Si de veras pensamos que la globalización puede beneficiar a todos, no debemos caer en esta trampa.
El discurso de nosotros los neoliberales o ustedes los populistas es una falsa disyuntiva que no reconoce opciones nuevas al poner bajo el mismo sello a fenómenos tan disímbolos como, por ejemplo, las nuevas corrientes socialistas en el Partido Demócrata de Estados Unidos y al mismo presidente Trump tan sólo porque ambas disienten y pretenden romper con el consenso dominante. La diferencia ideológica, teórica y política en este caso es profunda y reconocerlo abre precisamente la posibilidad de sortear los peligros actuales, incluyendo una conflagración.
El premio Nobel de economía Joseph Stiglitz, en este número de PS, hace una dura crítica de las políticas de Trump y concluye que, a pesar de sus promesas de romper con las élites y sus políticas, en realidad se ha provocado una congelación de los salarios y se ha abandonado a los trabajadores desplazados por la globalización y los avances tecnológicos. Todavía peor, agrega, la marca Trump, caracterizada por el racismo, la misoginia y la excitación nacionalista ha tenido seguidores en Brasil, Hungría, Italia, Turquía y otras partes del mundo.
El mundo vive hechos insólitos, fenómenos sobre todo políticos, inusuales, distintos, singulares y que rompen, cada uno a su manera, las normas o moldes del pasado. Para entender lo que está sucediendo y prevenir los riesgos no se puede aplicar un mismo rasero porque entonces se impide la búsqueda de soluciones frente a un sistema mundial decadente. Entender esto puede resultar vital para el futuro del mundo y la preservación de la paz.  No son frases retóricas y los intelectuales del pensamiento dominante deberían tomárselo en serio, como dicen los editores de Project Syndicate.

saulescobar.blogspot.com