Ensayos, libros y notas sobre temas como el empleo, los salarios, las condiciones de trabajo, la economía en México y en el mundo, sobre todo desde una perspectiva histórica
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miércoles, 2 de diciembre de 2020
Un Estado débil protege poco a la gente
jueves, 19 de noviembre de 2020
Disgustos patronales: la iniciativa de ley para regular la subcontratación
Disgustos patronales
Saúl Escobar Toledo
El pasado 12 de noviembre, el
presidente López Obrador presentó una iniciativa para regular algunas
modalidades de un fenómeno complejo, la subcontratación laboral. De inmediato,
los organismos empresariales cúpula y algunos de sus voceros oficiales y
oficiosos protestaron acremente. La COPARMEX, en un documento público, señaló
que el proyecto “representa una amenaza al crecimiento y a la creación del
empleo formal”. De manera dolosa, aseguró que 4.6 millones de personas ocupadas
bajo esta modalidad están en peligro inminente de ser despedidas. El documento
patronal buscaba también confundir deliberadamente a la opinión pública proponiendo
que la subcontratación se debe “regular, no prohibir”.
Una opinión casi idéntica se puede
encontrar, por ejemplo, en el editorial de Enrique Quintana, director de El
Financiero quien aventuró que, definitivamente, no se contratará directamente a
los trabajadores que hoy están en esquemas de “outsourcing” (término que no
están en la iniciativa ni en las leyes). Opiniones más ríspidas se han
publicado estos días sin faltar alguno que las calificó de “recetas
bolivarianas” es decir, supongo, propias de la Venezuela de Chávez, no del
libertador Simón Bolívar.
Resulta curioso que todos admitan que
se ha abusado de la subcontratación para defraudar a los trabajadores, a la
hacienda pública y a la seguridad social. Sin embargo, Quintana llegó al
extremo de afirmar que estos ilícitos tuvieron un efecto benéfico pues
“permitieron una mayor flexibilidad laboral”. O sea que las leyes pueden
violarse impunemente cuando arrojan un beneficio para las empresas.
La idea de que las normas laborales siempre son,
en general, perjudiciales para la inversión
privada es parte sustantiva de la ideología patronal y del liberalismo. Su
paradigma es que, a mayor libertad de los mercados, incluyendo la compra de
fuerza de trabajo, mayores los beneficios para las empresas y la creación de
empleos. La realidad, no obstante, ha sido distinta. En las últimas décadas, cuando
tal paradigma ha sido hegemónico, hemos observado una dinámica viciosa: la
desregulación ha llevado a la creación de empleos cada vez más precarios y
vulnerables, y a aumentar las ganancias en detrimento de los salarios. Los
ingresos se han concentrado de manera más desigual, a niveles inusitados,
mientras que las condiciones de vida de los trabajadores han decaído en casi
todo el mundo incluyendo los países más desarrollados. Esta desigualdad creciente
ha sido la causa -reconocida por académicos de renombre incluyendo varios
premios Nobel de economía y la CEPAL- de un crecimiento económico inestable e
insuficiente; un descontento social muy amplio; y una polarización política que
incluso ha capitalizado la extrema derecha como en el caso de Trump en Estados
Unidos.
Revisando con cuidado la propuesta
del gobierno, que reforma distintas leyes, principalmente la del trabajo, se
pude observar que busca impedir varias prácticas, aparentemente legales, que en
realidad burlan derechos fundamentales. Primero, los intermediarios que
contratan (y pagan a) trabajadores por una labor que se lleva a cabo en
beneficio de una determinada empresa. Esto es especialmente visible en la
industria de la construcción (que incluso lo destacan en letreros puesto en las
obras) y en el reclutamiento de jornaleros agrícolas. Segundo, más importante, empresas
que son filiales de un consorcio y que administran la nómina de los
trabajadores, pero no realizan ninguna actividad productiva. Los consorcios bancarios,
call centers, hoteles y restaurantes (que no son pequeños o micronegocios) han
sido muy afectos a esta simulación. Tercero, empresas fantasmas que sólo
existen en el papel porque fueron registradas ante notario público con un
domicilio inexistente y que son fachadas para transferir recursos de un lado a
otro y frecuentemente a paraísos fiscales.
Algunas de éstas manejan nóminas y pagos a la seguridad social en libros
de contabilidad con información falsa. En todos estos casos, las empresas
contratantes no se hacen responsables de las obligaciones patronales o las
disminuyen para bajar los costos de las compañías beneficiarias.
En cambio, la iniciativa de ley
permite la contratación de trabajadores por una empresa para que realice o
ejecute servicios u obras especializadas en un establecimiento distinto. Por
ejemplo, las tareas de limpieza y vigilancia; contabilidad y finanzas;
mantenimiento, instalación o creación de equipo y programas digitales (software
y hardware); etc. Ahora, sin embargo, para evitar las simulaciones antes
descritas estas empresas tienen que registrarse ante la Secretaría del Trabajo
para comprobar que realmente hacen lo que declaran. Y se incluye la
“responsabilidad solidaria” que significa que, si la razón social contratante
no cumple con sus obligaciones laborales, la beneficiaria tendrá que cubrir
esas omisiones. Esto resulta muy importante sobre todo en materia de seguridad
social pues es frecuente que los subcontratistas dejen de pagar esas cuotas y
el trabajador y su familia quede sin servicio médico.
Como pude observarse, la reglamentación
propuesta no tiene que afectar la creación de empleos ni aumentar la
informalidad. Lo cierto y comprobable es que muchos de los puestos
subcontratados actualmente son informales como hemos tratado de explicar. Así
que las afirmaciones en este sentido pecan de cinismo y de falta de
responsabilidad social.
El problema del empleo desde luego es
un asunto que se ha vuelto más acuciante debido a la pandemia y las
restricciones impuestas a los establecimientos comerciales y productivos. Para
mejorar la situación actual y una recuperación más rápida, hay que crear y
poner en práctica un conjunto de programas como el seguro de desempleo, una
renta vital focalizada a los trabajadores afectados (sobre todo informales) y
un presupuesto contra cíclico. Pero requiere, asimismo, que no se afecte a los empleados
con salarios y prestaciones reducidas, propósitos que han cumplido sobradamente las empresas que
recurren a las prácticas de subcontratación.
Un mayor poder de compra de la población trabajadora ayudaría sin duda a
una recuperación más rápida.
El paquete de reformas enviado al
Congreso se puede perfeccionar para que cumplan mejor sus objetivos y se eviten
malentendidos. Igualmente, requerirá de la voluntad política del gobierno, el
cual deberá fortalecer la inspección del trabajo y poner de su parte,
predicando con el ejemplo, para que las limitaciones que contiene el proyecto
de ley se apliquen en los gobiernos municipales, estatales y el federal. La
administración pública se ha vuelto también el reino de la subcontratación
simulada y los contratos precarios.
Habría que agregar, finalmente, que los
problemas derivados de esas prácticas nefastas: los abusos de los patrones, la falta de
mecanismos de defensa de los trabajadores y la tolerancia de la autoridad, no
se van a resolver definitivamente con esta iniciativa. Queda pendiente, entre otros,
el asunto de las plataformas digitales que contratan (o subcontratan)
trabajadores y que ofrecen servicios de transporte, de paquetería o de
provisión de alimentos a domicilio solicitados por el internet. Estas empresas
no admiten ninguna responsabilidad laboral ya que no se reconocen como patrones.
COPARMEX y sus voceros sostienen que
“tras la crisis provocada por el COVID-19 las condiciones en el mundo deberán
de tender hacia la flexibilización…” y que, por lo tanto, “debe ser cada vez
más fácil contratar y ser contratado”. Para ellos, los sindicatos, la
negociación bilateral, los contratos colectivos, las leyes y los derechos de
los trabajadores entorpecen el funcionamiento de las empresas y la creación de
empleos. Ahora, como en otras ocasiones, la COPARMEX y sus voceros quieren
resolver la crisis a costa de los trabajadores. La iniciativa propuesta por el
gobierno no apunta en esa dirección. Esas es la verdadera razón de sus enojos.
jueves, 5 de noviembre de 2020
Trabajadores rigurosamente vigilados
Trabajadores rigurosamente vigilados
Saúl Escobar Toledo
Estimado lector, usted, que ya tiene
en sus manos una ejemplar de El Sur, es probable que conozca al triunfador de
las elecciones presidenciales y cuál será la composición del Congreso de
Estados Unidos. Ello, a menos que surja
un conflicto poselectoral, como en el año 2000, cuando se perpetró un fraude a
manos de Jeff Bush, gobernador de Florida, en favor de su hermano George, lo
que provocó un litigio que se resolvió varias semanas después de la fecha
comicial.
El mundo, no sólo Estados Unidos,
están a la expectativa de unos comicios que tendrán un impacto histórico
perdurable. Si Trump lograra reelegirse, la incertidumbre, ya de por sí enorme
por la pandemia y sus efectos, pondría en peligro la recuperación económica a
nivel mundial. Dentro de EU, la inestabilidad social también empeoraría como
resultado de enfrentamientos cada vez más violentos entre las comunidades
negras y los supremacistas blancos. Los esfuerzos por detener el deterioro
ambiental y el cambio climático quedarían estancados, y, en fin, un conjunto de
problemas domésticos y planetarios quedarían a merced de un personaje
imprevisible, mentiroso e irremediablemente corrupto y corruptor. El triunfo de
Biden, el demócrata, no garantiza grandes soluciones, pero al menos un poco más
de transparencia, certeza y estabilidad.
Para México, el resultado podría
impactar en distintos sentidos: la
política hacia América Latina; las presiones por detener la migración
indocumentada; y los vínculos económicos y comerciales entre ambas naciones. Hay,
sin embargo, un asunto especial que merece mayor atención porque ha sido menos
conocido: las relaciones laborales en México.
Para entender el asunto, vale la pena
recordar que la renegociación del TLCAN y la firma del T-MEC dieron lugar a un
nuevo capítulo laboral. En dicho tratado se incluyó el llamado anexo 23-A que
se titula “La representación de los trabajadores en la negociación colectiva en
México”. No hay duda de que dicho anexo fue pactado para tratar de impedir que
en nuestro país se siguieran aplicando los contratos de protección y el llamado
dumping social, es decir, la caída permanente de los salarios y las condiciones
de trabajo de los obreros mexicanos con el objeto de atraer inversiones y
empresas de allá para acá. En función de
esos acuerdos, México se comprometió a reformar su legislación laboral, cosa
que sucedió efectivamente en abril de 2019.
Las enmiendas dieron luz, legalmente,
a un nuevo modelo. El que estuvo vigente
durante más de cien años se basaba en la justicia tripartita (gobierno,
empresarios y trabajadores); éste se apoya ahora en tribunales judiciales. El
viejo orden daba al gobierno la facultad de reconocimiento y control de los
sindicatos; el nuevo se funda en una muy amplia libertad sindical. El esquema anterior
construyó un sistema de negociación colectiva manejado por los empleadores y a
veces por el gobierno en turno: el que se inaugura deja el poder de decisión a
los trabajadores. Por primera vez en mucho tiempo, éstos tendrán la posibilidad
de elegir mediante voto secreto, personal y directo a sus dirigentes y
representantes; y adherirse a la organización que prefieran.
A pesar de estas reformas, la votación del (nuevo) Tratado en
el Congreso de EU fue un asunto complicado que finalmente se resolvió gracias a
la Ley 5430 aprobada el 3 de enero de 2020 por los legisladores
estadounidenses. Dicho ordenamiento incluyó la creación de una Comisión
Interinstitucional de Asuntos Laborales que “evaluará semestralmente en qué
medida México cumple sus obligaciones” relativas a las reformas del derecho
laboral, y “especialmente, si los recursos asignados por México son
consistentes con el compromiso asumido”. La comisión contará con el apoyo de un
Comité Independiente de Expertos Laborales, cuyos 12 integrantes serán
designados por ambos partidos representados en el Congreso (demócratas y
republicanos) y por el gobierno. En el caso de incumplimiento, la comisión podrá
recomendar sanciones de carácter comercial. Se establecerá asimismo una línea directa (hot
line) para los trabajadores mexicanos, y el gobierno de EU deberá
contratar cinco agregados laborales que se instalarán en la embajada de EU en
México y que tendrán la tarea de asistir a la comisión para “monitorear y hacer
cumplir” las obligaciones contenidas en el T-MEC y la ley mexicana.
En síntesis, el Tratado contempla un pesado aparato
burocrático que vigilará las condiciones de los trabajadores mexicanos,
especialmente en industrias como: ensamblado de automóviles; autoparte;
aeroespacial; electrónica; call centers; minería y acero y aluminio.
Esta inspección podrá realizarse in situ, en los centros de trabajo, y
los agregados también estarán en condiciones de recibir quejas directas de los
trabajadores mexicanos mediante una línea telefónica y un sitio de internet
especialmente dispuestos para ello. En caso de encontrar violaciones que no
sean subsanadas, las mercancías producidas en estas empresas serían detenidas
en la frontera sin poder ingresar a EU y Canadá, o bien recibirían un arancel
especial.
Esta maquinaria, legal e
institucional, va a quedar en pie no obstante los cambios políticos que se
produzcan en Washington por las elecciones del 3 de noviembre.
Mientras, en México las cosas cambiaron en más de un sentido:
los efectos de la pandemia y el freno
económico tuvieron una respuesta del gobierno que consistió en mantener su programa
original, previsto desde el año pasado y, además, llevar a cabo un ajuste al
gasto público. Esta política de austeridad se confirmó en el proyecto de
presupuesto enviado al Congreso para 2021.
De esta
manera, el desplome de la ocupación, formal e informal, y de los ingresos de
las familias, no han tenido una compensación, provocando una enorme deuda
social que se reflejará en un aumento de los índices de pobreza y pobreza
extrema. Asimismo, es previsible que la
recuperación económica sea mucho más lenta durante el resto del año y 2021.Esta
situación, sin duda, hará más difícil la negociación colectiva pues
las empresas buscarán (ya lo están haciendo), recortar personal, otorgar menos
prestaciones o congelar los salarios. Además, mientras no se resuelva el problema
sanitario, se corre el riesgo de que la reanudación de actividades provoque más
contagios y muertes como parece que está sucediendo en la industria maquiladora
en la frontera norte del país. Los brotes de inconformidad social dentro y
fuera de los centros de trabajo pueden surgir y extenderse a diversas ramas
económicas.
En estas condiciones, la implementación de la reforma laboral, con la vigilancia
y en algunos casos la inspección directa de personal estadounidense podría ser
causa de disputas y controversias. Aunque el tinglado armado por demócratas y
republicanos no se va a modificar, gane quien gane la presidencia, probablemente
habría una diferencia notable en la manera de aplicarse. Si el triunfador fuera
Trump, es probable que la supervisión pudiera ser más tolerante con las
empresas o utilizarse como mecanismo de chantaje para obtener otras ventajas. Y
si ganan los demócratas, la presión de los sindicatos de ese país podría ser
mayor para que el “monitoreo” de nuestro país se cumpla eficaz y puntualmente.
De cualquier manera, es evidente que urge una acción decidida del gobierno de la
república y el poder legislativo mexicanos para frenar la pobreza y el
desempleo, proteger a los trabajadores y reanimar la economía con los menores
peligros sanitarios posibles. Sólo de esta manera se
podrá fortalecer la capacidad de negociación de los trabajadores.
El futuro de la reforma laboral no puede depender
de la presión de Estados Unidos sobre México. Aún si admitiéramos que las
intenciones son loables, los trabajadores mexicanos no pueden convertirse en
piezas de un mecanismo al servicio de un país extranjero: nada más y nada menos
que la nación más poderosa del mundo.
saulescobar.blogspot.com