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miércoles, 26 de agosto de 2020

La denuncia penal del Sr. Lozoya: un comentario

 

El testimonio del señor L.

Saúl Escobar Toledo

La “denuncia de hechos posiblemente constitutivos de delito” presentada por el Sr. Emilio Lozoya al Fiscal General de la República en contra de Enrique Peña Nieto, Felipe Calderón Carlos Salinas de Gortari y otras personas más se difundió profusamente en los medios de comunicación y las redes sociales. El debate que provocó se ha concentrado casi exclusivamente en sus efectos políticos y jurídicos. Se ha destacado así la corrupción reinante en los sexenios anteriores y la posibilidad de que expresidentes, funcionarios públicos y legisladores implicados sean llamados a declarar y hasta puedan ser sujetos de sanciones penales. El documento parece confirmar la idea de que la corrupción es el principal problema de México y la necesidad imperiosa de su erradicación, tal como lo ha planteado muchas veces el presidente López Obrador. Sin duda, desprestigia también a la oposición representada por el PAN y el PRI.

Sin embargo, el escrito del Sr. L. puede ser revisado como un testimonio histórico que retrata   una etapa de la vida de México. Más allá de las anécdotas, los nombres y su valor jurídico presente o futuro, la denuncia del ex director de PEMEX nos describe un régimen político que tiene las siguientes características:

1.      El punto central de la trama reside en que un grupo de empresas y empresarios, encabezados por el consorcio Odebrecht sobornó y de esa manera doblegó al gobierno de México y al poder legislativo para servir a sus intereses. Un mecanismo que comenzó en el gobierno de Calderón y culminó en el de Peña Nieto con la aprobación de la llamada reforma energética.

2.      El esquema de sobornos recorría un circuito preciso: la empresa extranjera depositaba millones de dólares en la cuenta de una empresa que era propiedad de un funcionario público. Tanto la empresa que hacía el depósito como la que lo recibía eran fantasmas (sólo existen legalmente en el papel, pero no realizan ninguna labor gerencial o de cualquier otra índole) y declaraban como residencia un paraíso fiscal. Una vez que el funcionario recibía el dinero en su cuenta bancaria, lo retiraba para depositarlo en otra empresa fantasma de su propiedad, también en un paraíso fiscal, o lo retiraba en efectivo para sobornar a otras personas (legisladores, funcionarios, dirigentes de partidos políticos). En el caso del PRI, el documento hace sospechar que los depósitos a cuentas de consultores extranjeros eran, igualmente, empresas fantasmas que ocultaron a los verdaderos beneficiarios, probablemente funcionarios públicos, ya que no expedían facturas o lo hacían “por un servicio distinto”.

3.      A cambio de estos sobornos, las empresas extranjeras y nacionales conseguían contratos que las beneficiaban enormemente  ( Etileno XXI, Grupo Higa, Agronitrogenados, etc. ) y que diputados y senadores tanto del partido oficial como de la oposición (particularmente el PAN) aprobaran leyes en las que estos empresarios influyeron (no se sabe si en su redacción o en sus fines generales) y que eran muy importantes para ellos pues les abrían nuevas oportunidades de inversión y, se entiende, de negocios turbios.

 

4.      El mecanismo fue tan eficaz que, según el señor L., Odebrecht no sólo logró contratos sino literalmente “doblegar al presidente de la república y al estado mexicano” por lo menos en materia energética. Este servilismo llevó a abusos de poder y corrupción extremos y a una asociación que el declarante califica como “si se tratara de crimen organizado”.  Un “aparato organizado de poder para obtener beneficios que afectaron la soberanía de México sometiéndolo a personas y grupos nacionales y extranjeros”,

 

Documentos como el que comentamos deben ser tomados con mucha cautela. En muchos casos faltan a la verdad por distintas razones: aún con la mejor intención los testimonios se basan en la memoria y ya se sabe que ésta es frecuentemente débil y lo es más en la medida en que pasa el tiempo. Muchas veces recordamos cosas que no sucedieron tal cual las imaginamos o las contamos aun cuando se trate de hechos particularmente decisivos de nuestra biografía. Pero los dichos de una persona pueden ser aún más discutibles cuando se busca una ventaja personal: en el asunto que nos ocupa, que la fiscalía le proporcione al denunciante “una salida alterna respecto a los procedimientos que hay en mi contra y en contra de mi familia”.

Por otro lado, los historiadores saben que un testimonio no sólo describe la realidad que el narrador ve: también retratan a la propia persona que la cuenta. Al leer la denuncia, el señor L. se describe a sí mismo como una persona fácilmente manipulable; obediente al punto de la ignominia; temeroso de faltar a las instrucciones de sus jefes; y que sólo en este momento, años después de los acontecimientos, se da cuenta de la gravedad de los hechos. Se describe como una persona que acepta sobornos sin ningún remordimiento o justificación. Dice por ejemplo que en 2012 Odebrecht prometió aportar 4 millones de dólares de los cuales 2.5 serían para la campaña del PRI y “recordemos (sic) que el 1.5 restante fue para mí”. Y, finalmente, se pinta como un arribista que llega a la dirección de PEMEX por invitación del presidente “dada mi experiencia en el sector privado, aunque yo no conocía bien ni a Peña Nieto ni a Luis Videgaray”.

La lectura del escrito del Sr. L. me recordó a Hanna Arednt y sus observaciones sobre el juicio a Eichmann, acusado de millones de asesinatos de judíos bajo el nazismo. Su contacto personal con el acusado le impresionó “por su superficialidad …Los actos fueron terribles pero el responsable era totalmente corriente, del montón, ni demoníaco ni monstruoso.”

El Sr. L. quiere verse reflejado en su propia narración de una manera similar: como una persona que recibe instrucciones y las cumple; ni el único culpable ni completamente inocente. Una persona cuyos rasgos también podrían definir a Enrique Peña Nieto: un político advenedizo, oportunista, superficial, sin más motivaciones que enriquecerse a toda costa; ni muy inteligente ni extremadamente estúpido; sin ideas que lo distingan, pero capaz, medianamente, de repetir un discurso.  

En fin, el documento del Sr. L, nos plantea la existencia histórica de un régimen que utiliza el poder para el beneficio de intereses privados, aunque, a diferencia del pasado (los años dorados del PRI), es sometido por ellos.  Un sistema político que existe en muchas partes del mundo y que se caracteriza, en consonancia con los tiempos neoliberales, por su obediencia, casi exclusiva, a los grandes consorcios mundiales. Un sometimiento que vive y se reproduce gracias a la impunidad financiera y fiscal y permite que grande sumas de dinero negro circulen por todo el mundo cobijadas por empresas ilegales, bancos piratas y refugios fiscales que no rinden cuentas a nadie. Una forma de gobierno que se puede justificar con teorías muy elaboradas sobre la libertad de los mercados pero que, al final de cuentas, se reduce a la gestión de políticos advenedizos que encuentran en los grandes consorcios privados la razón y motivo del ejercicio del poder del estado.

Por ello, el problema de la corrupción no reside solamente en los controles y castigos de la clase política sino sobre todo en la impunidad de las grandes corporaciones. El escrutinio y transparencia de las empresas privadas resulta tanto o más importante que la de los entes de la administración pública.

El testimonio del Sr. L fue elaborado sin duda para obtener una ventaja personal. Sin  embargo, hay que reconocer que describe una situación que en México y en otras partes del mundo se ha vuelto normal y ha privado a los ciudadanos de una democracia real, un estado que los proteja, y una economía más equitativa. Es el sistema impuesto por el 1% más próspero que ha logrado concentrar la riqueza y el ingreso mundial en proporciones inimaginables.

 saulescobar.blogspot.com

 

miércoles, 25 de septiembre de 2019


Los rincones ocultos de la economía global

Saúl Escobar Toledo


La revista Finanzas y Desarrollo (FyD), correspondiente al mes de septiembre de este año (disponible en https://www.imf.org/external/pubs/ft/fandd/index.htm) editada por el Fondo Monetario Internacional (FMI), dedica buena parte de su contenido a un espinoso asunto: el dinero que circula por el mundo de manera clandestina para obtener beneficios ilícitos. 
En la presentación de la revista, el Director gerente encargado del despacho,  David Lipton, advierte que el mundo está cambiando y que el FMI debe hacerlo también. Para ello debe seguir siendo una institución relevante  que promueva la cooperación internacional. Una tarea que tiene que hacerse cargo de problemas como los siguientes:
Refugios fiscales
Uno de los más destacados artículos de la revista se refiere a los refugios (o paraísos) fiscales. Escrito por Nicholas Shaxson, un autor que ha publicado varios libros sobre estos asuntos, por ejemplo, “Las Islas del Tesoro” y “La Maldición Financiera”, el primero publicado por el FCE y el otro en prensa a cargo de la misma editorial mexicana.
Según Shaxson, entre 500 y 600 mil millones de dólares se dejan de recaudar cada año por concepto de impuestos corporativos gracias a esos refugios. En lo que toca a las personas físicas el asunto es, igualmente,  muy  grave ya que   éstas tienen algo así como 8.7 billones de dólares depositados en esos paraísos, aunque hay quien afirma que la cifra es mucho mayor, alcanzando los 36 billones. Conservadoramente, la evasión alcanzaría 200 mil millones de dólares que deben ser agregados a los gravámenes  no cobrados a las empresas. En total, cerca de un billón de dólares sustraídos a las arcas gubernamentales cada año.
Los refugios no sólo permiten burlar al fisco: son, al mismo tiempo, lugares ocultos para proteger actividades ilícitas de las élites económicas y políticas. Además, los flujos de capital que se desplazan de un país determinado a un paraíso fiscal representan un peligro para la estabilidad financiera, sobre todo de las economías emergentes. Por otro lado, la competencia entre muchos gobiernos del mundo por atraer capitales a estos centros financieros ha llevado a una caída de la tasa impositiva que se aplica a las corporaciones. Entre 1985 y el día de hoy ésta ha disminuido de 49 al 24 por ciento, mientras que las ganancias brutas de las multinacionales estadounidenses que depositan sus activos en los paraísos ha aumentado de entre un 5-10% en los noventa a un 25-30% actualmente.
La red oscura
Otro artículo, firmado por Kumar y Rosenbach,  se refiere a lo que se ha denominado la Red o el Internet oscuro (Dark Web). Según estos autores, a fines de los años noventa dos centros de investigación del Departamento de Defensa de EU desarrollaron una red de internet que permitía el anonimato y encriptaba las comunicaciones para proteger a los espías de ese país. Dicha tecnología está ahora al alcance de cualquier persona mediante una aplicación o software llamada Red Tor, acrónimo de The Onion Router o la ruta (digital) de la cebolla: muchas capas de encriptación que protegen la información que circula por esta red. La red Tor es la tecnología que soporta la internet oscura: una serie de sitios inaccesibles para quienes usan los navegadores usuales y que no puede ser localizada por buscadores como Google.
Esta red facilita un mercado clandestino creciente, poblado de criminales sofisticados que trafican drogas, armas, identidades robadas, pornografía infantil, y otros servicios y productos ilícitos. Y como la criptomonedas son los principales medios de pago, ello hace más difícil de rastrear estas nefastas actividades.
Desde 2011, cuando empezó a circular el bitcoin, la primera criptomoneda, éste ha sido el instrumento de pago preferido por los delincuentes. Según este reportaje, el comercio en esta red oculta creció de unos 250 millones de dólares a 872 millones en 2018 y llegará a mil millones en 2019. El reportaje concluye que resulta indispensable un mayor control de las operaciones realizadas mediante criptomonedas para detener el lavado de dinero y el financiamiento a actividades terroristas.
La corrupción
Otro trabajo, elaborado por Mauro, Medas y Fournier, afirma que frenar la corrupción puede generar importantes beneficios fiscales. Nuestra investigación, dicen, muestra que los ingresos públicos son más altos en los países percibidos como menos corruptos. Recaudan 4 puntos porcentuales más del PIB en impuestos que aquellos en el mismo nivel de desarrollo económico con niveles más altos de corrupción. Concluye que, si todos los países redujeran la corrupción a, digamos, un tercio, se podrían recaudar $ 1 billón en ingresos fiscales adicionales, o 1.25 por ciento del PIB mundial.
Las inversiones fantasma
En otro artículo de la revista, Damgaard, Elkjaer y Johannese analizan el caso de los flujos por concepto de Inversiones Extranjeras Directas (IED), el cual se entiende, en la práctica, como inversiones financieras transfronterizas entre empresas que pertenecen al mismo grupo multinacional.   El problema es que, gran parte de esta inversión, es de naturaleza fantasma, es decir, se trata de corrientes de capital que pasan por entidades ficticias o que existen sólo de nombre pues no llevan a cabo actividades comerciales reales sino tareas meramente administrativas destinadas minimizar o disfrazar la factura fiscal de las empresas.
Llama la atención, agregan, que algunos paraísos fiscales conocidos alberguen la gran mayoría de la IED fantasma del mundo. Luxemburgo y los Países Bajos reciben casi la mitad. Y cuando agrega a la lista Hong Kong, las Islas Vírgenes Británicas, Bermudas, Singapur, las Islas Caimán, Suiza, Irlanda y Mauricio, estas 10 economías albergan más del 85 por ciento de todas las inversiones fantasmas.
¿Por qué y cómo este puñado de paraísos fiscales atrae tanta IED fantasma? En algunos casos, se trata de una estrategia política deliberada para atraer la mayor cantidad de inversión extranjera posible al ofrecer tasas impositivas muy bajas o nulas. A nivel mundial, las inversiones fantasmas ascienden a la asombrosa cantidad de $ 15 billones de dólares, equivalente al PIB anual combinado de dos potencias económicas, China y Alemania.

Mi conclusión
La publicación del FMI ayuda a entender una cuestión fundamental: el poder de las corporaciones y de las mafias del crimen organizado, es decir el poder del dinero, está imponiéndose al poder político y a las capacidades de los organismos multinacionales de cooperación como el FMI, el Banco Mundial o la ONU. Estos últimos son cada vez más incapaces de controlar o detener los flujos de capitales que por diversos medios burlan al fisco, las regulaciones internacionales y los ordenamientos legales de los países. El resultado es una debilidad mayor y, por lo tanto, como señala el editor de FyD, una incapacidad creciente de las instituciones para atacar los grandes problemas de la economía global, sobre todo la desigualdad, la pobreza y la inestabilidad económica, política y social. El orden internacional está siendo socavado en aras de la ganancia, una parte de ella ilícita y escondida bajo diversas formas. Hasta el momento actual, a pesar de algunos esfuerzos, la batalla está siendo ganada por los dueños del dinero y los violadores de la ley. El FMI, un organismo que en las últimas décadas ha sido un instrumento de las políticas neoliberales, favorables a esas élites superpoderosas que ahora considera fuera de control, manifiesta la necesidad de un cambio.  Pasar de la teoría a la realidad requerirá una gran voluntad política y delinear un rumbo de la comunidad internacional bajo nuevos principios y acuerdos. ¿Tendrá el FMI la reserva intelectual y la capacidad administrativa para encabezar esas reformas? Por lo pronto, ya es un avance que se hable de estos problemas. El pensamiento único, los dogmas neoliberales hace no tantos años incontestables, parecen estar desmoronándose.

Saulescobar.blogspot.com