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sábado, 14 de junio de 2025

La economía mexicana en los primeros meses de 2025

 

Luces y sombras: la economía mexicana en 2025

Saúl Escobar Toledo

El panorama de la economía mexicana en los primeros meses del año reflejó signos contradictorios: algunos positivos que pueden ser temporales y otros negativos que lamentablemente parecen acentuarse.

Hace unos días el secretario de Economía anunció que la Inversión Extranjera Directa (IED), tuvo un flujo, entre enero y marzo,  de más de 21 mil millones de dólares, “el nivel trimestral más alto registrado en la historia económica del país”. Lo anterior, sin embargo, contrasta con las cifras del Banco de México. Según esta institución entre el primer trimestre de 2024 y el de 2025, los flujos de la IED disminuyeron en 5.6 mil millones de dólares, una caída de 22 por ciento. No obstante, ambas instituciones coincidieron en que las nuevas inversiones crecieron en este periodo de 2025 respecto a 2024, de 881 a 1 586 millones de dólares, es decir un aumento de 80 por ciento. En cambio, la reinversión de utilidades disminuyó al igual que las cuentas entre compañías.

Lo anterior podría indicar, si esas tendencias se mantienen, que están llegando nuevas empresas o se están ampliando las ya están instaladas, pero al mismo tiempo, que otras compañías han decidido frenar su expansión.  

Además, la inversión total también disminuyó en el primer bimestre del año en 6%, sobre todo la pública (- 24%) mientras que la privada nacional se redujo en 5.2%. Más preocupante, hubo una “fuga de capitales” es decir una salida de inversiones en cartera en el primer trimestre de 2025 de casi 2 mil 500 millones de dólares, la mayoría de ellas en poder de mexicanos (alrededor del 75%). Se trata de inversiones especulativas y financieras ( por ejemplo, acciones en la Bolsa de Valores y fondos de renta fija y variable) que se fueron principalmente por la disminución de las tasas de interés en México y por lo tanto del diferencial   de rendimientos entre los que ofrece   nuestro país y los Estados Unidos.

 

Por otra parte, las exportaciones mexicanas crecieron en abril a una tasa interanual de casi 6%, particularmente las no petroleras. Lo que resulta más interesante es que las que se destinaron a Estados Unidos crecieron un poco menos (5.7%) mientras que las que se dirigieron al resto del mundo crecieron mucho más, casi 12%. Los sectores que aumentaron sus ventas al exterior fueron maquinaria y equipo para industrias (62.5%); equipo profesional y científico (18.5%); y aparatos eléctricos y electrónicos 6.4%. En cambio, las exportaciones automotrices cayeron 7.1%. Si se observa el trimestre en su conjunto las cifras no cambian mucho: las exportaciones totales aumentaron casi 5%;  las manufacturas que no están vinculadas a la fabricación y ensamble de autos y camiones registraron un alza de casi 12%; y aquellas ligadas a estas ramas cayeron casi 5%.

En marzo surgió otro indicador positivo: el valor de la industria de la construcción rompió 8 meses de saldos negativos y aumentó un poco (0.7%), destacando la relacionada con inversiones en carreteras y ferrocarriles que lo hizo en casi 5%. Esto podría indicar que la inversión pública está creciendo después de varios meses de haberse desplomado como muestran los datos del primer bimestre que mencionamos más arriba.

También las ventas al menudeo aumentaron en el primer trimestre de este año en 2% interanual, tendencia que se ha mantenido desde enero de 2024. Ello indica que las turbulencias externas no han afectado drásticamente a los consumidores.

Sin embargo, el balance en su conjunto de estos indicadores no es muy alentador. El primer trimestre de 2025 muestra un crecimiento de la economía de 0.9% y apenas de 0.6% interanual. Se incrementaron, sobre todo,  las actividades primarias (agricultura, ganadería y pesca) mientras que las secundarias (industria) mostraron una leve caída al igual que las terciarias (servicios). Según algunos cálculos, los datos anteriores indicarían que la economía podría crecer en 2025 apenas en 0.3%. Eso, debido a que las expectativas son más pesimistas para los próximos meses.

En lo que toca al empleo, los indicios son más bien oscuros: se ha informado que en marzo de este año se redujeron casi 30 mil puestos de trabajo en comparación a ese mismo mes de 2024 en la industria manufacturera, acumulando 26 meses consecutivos de expulsiones,  especialmente en la rama de prendas de vestir y textiles,  y en la fabricación y ensamblado de equipo de transporte (incluyendo refacciones y partes). No obstante, el empleo aumentó en la elaboración de bebidas y tabaco (casi 18%) y en equipo de computación 8%.   La industria maquiladora de exportación también ha sido afectada con disminuciones de 0.25% mensual y 0.41% anual de su personal ocupado. Las horas trabajadas, igualmente,  se han reducido en 0.98 y 1.37% respectivamente. Además, las remuneraciones reales cayeron en 0.87% ese mes de marzo, aunque a tasa anual todavía muestran un aumento de 5%.

 

En resumen, los datos del primer trimestre de 2025 muestran que la incertidumbre mundial, resultado de las políticas agresivas del gobierno de Estados Unidos, están afectando a México y frenando su desarrollo, aunque sus efectos no han sido todavía de gran impacto. Muestran asimismo que podría estar despuntando un cambio beneficioso con la expansión de algunas ramas manufactureras que compensarían las caídas de la industria automotriz. Una tendencia todavía precoz que podría fortalecerse en los próximos meses. Sin embargo, si lo anterior no sucede y se mantienen o incrementan los factores adversos, la economía en su conjunto se hundirá en niveles difíciles de predecir. Afectaría aún más los niveles de empleo y, como ya se observó en algunas ramas en el mes de marzo, las remuneraciones  (salarios) de los trabajadores podrían disminuir a lo largo del año.

De ahí la importancia de acelerar la inversión pública. Como ya se indicó, su reactivación en marzo detuvo la tendencia recesiva de la industria de la construcción. Mantener las políticas de austeridad en el gasto e impedir que se reactive con mayor celeridad en renglones como la construcción de vivienda, clínicas y escuelas; en obras de agua y riego; y en la expansión de sectores estratégicos como electricidad y telecomunicaciones, acentuaría las tendencias negativas. De la misma manera,  sería perjudicial una restricción mayor del gasto corriente o una política de contención de los salarios y de mejoría de las condiciones laborales (incluyendo la legislación progresiva de la semana de 40 horas y la revisión del sistema de pensiones).

No se pude confiar sólo en la atracción de inversión extranjera ni festejar datos o tendencias que aún no se confirman, sobre todo en estos momentos tan agudos de turbulencia mundial. Por esa razón, la conducción de la política económica puede y debe ser más firme y progresiva para evitar una debacle. Se requiere discutir temas como la reforma fiscal, las transferencias monetarias a la población, los planes para atender la salud y la educación pública, y la implementación de medidas para el financiamiento de las micro, pequeñas y medianas empresas. El Plan México es un punto de partida, pero quedará en buenas intenciones si no hay recursos para hacerlo realidad desde ahora.

 

 

domingo, 25 de mayo de 2025

La amenaza militar del gobierno Trump contra México

 

Un ejército de combate en la frontera

Saúl Escobar Toledo

El Sur 16042025

Diez mil soldados del ejército de Estados Unidos, pertenecientes a la Brigada Stryker de la 4ª División de Infantería del Fort Carson en Colorado, han sido desplegados para vigilar la frontera desde Texas hasta California. Fueron comisionados para construir una “base militar satélite” con el propósito de frenar la migración indocumentada y el contrabando de drogas.

Además, se han dispuesto “vuelos de aviones no tripulados y una presencia marítima inusualmente robusta frente a México”, según un reportaje del Washington Post (WP) de Dan Lamothe publicado el pasado 11 de abril. Las tropas cuentan con equipo militar y logístico “reservado para misiones en el extranjero”.

Algunos legisladores de la oposición han manifestado que se trata de un despliegue excesivo de fuerza. También ha despertado sospechas en Washington y en la Ciudad de México, de que podría mostrar la intención de intervenir en territorio mexicano con “fuerza letal” contra los cárteles mexicanos declarados como “organizaciones terroristas extranjeras”.

El número exagerado de tropas en la frontera responde a la idea, manifestada por Trump desde su campaña,  de que se trata de combatir una “invasión”, como si se tratar de hacer frente a un ejército enemigo. Según el reportaje del WP, la unidad Striker ha sido utilizada en Afganistán e Irak y recientemente en la guerra de Ucrania. Sus vehículos blindados de ocho ruedas están diseñados para llevar rápidamente a las tropas de infantería a la batalla y pueden atravesar terrenos difíciles. Aunque los vehículos no cargan ametralladoras pueden detectar personas a una distancia de dos millas y los soldados portan rifles y tienen “derecho a defenderse”. Un oficial, entrevistado por el reportero del WP afirmó que “no estamos entrenados” para este tipo de tareas, pero se trata de “una unidad muy bien calificada que puede hacer cualquier cosa".

Este despliegue excesivo e inusitado de fuerzas militares en la frontera con México puede interpretarse de diversas maneras. Sin embargo, parece que el objetivo principal es atemorizar tanto a los migrantes que pretenden cruzar la frontera como,  igualmente, al gobierno mexicano. Como en el caso de los aranceles, la política de la Casa Blanca consiste en amenazas, abusos y exhibir una crueldad despiadada e irracional con el objetivo de someter a las naciones a sus designios, en esta ocasión,  a su vecino del sur.

Para frenar la migración, hay que recordar que Trump eliminó la aplicación de teléfono móvil CBP One introducida por la administración del expresidente demócrata Joe Biden, la cual fue diseñada para que los migrantes pudieran pedir cita en una estación de entrada e ingresar legalmente en el país. La usaron más de 900.000 personas, según datos oficiales.

Ahora, en cambio, se trata de usar la fuerza bruta. Una muestra más de esta política es la deportación de migrantes a la base militar de Guantánamo en Cuba. Según algunos senadores que visitaron el lugar, esa prisión que durante años albergó a detenidos vinculados a Al Qaeda,  alberga a unas 85 personas, la mayoría venezolanos. Los legisladores, después de su visita, emitieron un comunicado instando a la administración de Trump a “terminar inmediatamente esta misión equivocada”; sin embargo,  un avión de la Fuerza Aérea procedente de San Antonio llevó a 12 migrantes más a la base ubicada en Cuba después de que se conoció la queja.

Igualmente, la decisión de llevar a los detenidos en las redadas a las cárceles de El Salvador, con la alegre complacencia del presidente Bukele, demuestra el abuso de la fuerza y la violación de la legalidad. Ahí está el caso de Armando Abrego deportado injustamente a la nación centroamericana por un “error administrativo” según las autoridades de EU. La Corte ha ordenado su regreso a EU, pero el gobierno no ha obedecido. También está el ejemplo de Arturo Suárez, ciudadano venezolano detenido el 14 de marzo y deportado a El Salvador, acusado con otras 237 personas de esa nación sudamericana de pertenecer a una banda criminal y declarados “enemigos extranjeros”  sin la oportunidad de defenderse. Según el NYT, la mayoría de ellos no tienen antecedentes penales. Estas arbitrariedades se basan, alega el gobierno de Trump, en una ley que le permite detener personas en tiempos de guerra, lo que ha sido cuestionado por la Suprema Corte. Una ley excepcionalmente invocada en la historia de EU, la más reciente, durante la Segunda Guerra Mundial cuando sirvió para detener a ciudadanos de Japón, Italia y Alemania. La juez Millet criticó la falta debido proceso de estas personas y afirmó que “los nazis recibieron un mejor trato bajo esa ley”.

Para Trump, los resultados han sido exitosos:  en marzo, la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza registró 7.180 cruces de personas frente a las 28.654 de febrero y un máximo de 370.883 en diciembre de 2023 durante la administración Biden.  El terror contra los migrantes, en efecto, ha disminuido los intentos para cruzar la frontera. No obstante,  al mismo tiempo, ha provocado una crisis de escasez de mano de obra.

Un bufete de abogados de EU ha publicado un estudio (disponible en www.inmigracionokabogados.com)  que señala :

“Las medidas migratorias de la Administración Trump han generado serias preocupaciones en el mercado laboral de Estados Unidos. Empresarios y congresistas republicanos y demócratas han alertado acerca de la escasez de trabajadores, especialmente en sectores clave como la agricultura,  la construcción, la hostelería y las labores de limpieza”. A finales de marzo, enviaron una carta a la Casa Blanca para que se otorguen permisos de trabajo para los migrantes sin antecedentes penales. Argumentaron que, sin esa mano de obra,   Estados Unidos dejará de ser la primera economía mundial.

Según datos oficiales del Departamento de Trabajo de EU, de los 2,4 millones de jornaleros agrícolas que laboran en su territorio, el 44 % son migrantes que han entrado sin visa ni autorización legal. En el caso de la hostelería y el servicio de restaurantes, la cifra se eleva al 64%.

Otro reportaje, del periodista Thomas Kennedy, afirma que “los inmigrantes en (el estado de ) Florida representan el 47 % de la fuerza laboral en la agricultura, la silvicultura, la pesca, la caza y la minería; el 38 % en la construcción; y el 25 % en el sector servicios”

Sin embargo, la respuesta a esta crisis laboral en Florida ha consistido en  “desmantelar las leyes del trabajo infantil con la intención de permitir que los menores trabajen a tiempo completo, durante la noche, en días escolares y sin descansos,  para suplantar a los mismos trabajadores migrantes que expulsaron del estado”.

El informe de los abogados señala asimismo que el ambiente persecutorio desatado por las autoridades está alejando también  “a profesionales altamente calificados”. Y “dificulta la contratación de especialistas extranjeros en tecnología, ingeniería, medicina y derecho”.

Ante esta evidente crisis, Trump y su equipo han respondido que los trabajadores migrantes “si salen de buena manera (por su propia voluntad)  y regresan a su país, trabajemos con ellos para intentar que regresen legalmente”.

Por su parte, la secretaria de Seguridad Interior (DHS), Kristi Noem, mencionó que  “20 o 21 millones de personas tienen que volver a casa”, cifra evidentemente falsa y exagerada. Y añadió que tendrán la oportunidad de volver a Estados Unidos “algún día”.

Este regreso, mientras persistan las políticas de amedrentamiento, difícilmente sucederá. Además, no hay en el horizonte político y legislativo de EU ninguna intención de modificar las leyes de inmigración.

Así pues, como en otros casos, Trump utiliza la fuerza desmedida y la violación a las leyes para detener la migración. Frente al caos y disrupción económica y laboral que está causando confía en que las cosas se arreglarán “algún día”.

Los efectos de esas políticas de crueldad desmedida difícilmente serán reparados. Millones de personas, en este caso migrantes que ya viven en EU o pretendían llegar allá,  tendrán que pagar un enorme costo humano por las decisiones de un gobierno encabezado por un tirano que, como define la RAE,  se distingue por “el abuso de su poder, superioridad o fuerza en cualquier concepto o materia, o que simplemente impone ese poder y superioridad en grado extraordinario”.

saulescobar.blogspot.com

miércoles, 19 de junio de 2019


El embrollo migratorio: la razón de la sinrazón

Saúl Escobar Toledo 

El enfrentamiento entre Estados Unidos y México, desatado hace unas semanas por el gobierno de Trump tiene, como se ha comentado profusamente, dos causas principales: la inescrupulosa ambición política del presidente de aquel país, y su natural inclinación a provocar el sufrimiento ajeno. Pero también hay otras razones más concretas que propiciaron el manotazo, ligadas al fenómeno migratorio.
Para entenderlas vale la pena citar el memorándum del 27 de abril de la entonces secretaria del Departamento de Seguridad Nacional, Nielsen, quien aseguraba:
“La situación en nuestra frontera sur es extremadamente grave. Estamos viendo flujos históricos migratorios que exceden de lejos la capacidad de EU y una situación humanitaria que se agrava cada día. Los agentes migratorios no están preparado ni equipados para tratar con el volumen de personas vulnerables que llegan a nuestro territorio. Nuestras instalaciones están excedidas, nuestros agentes y oficiales son muy reducidos, los niños están llegando más enfermos que nunca y estamos en un grave riesgo de incidentes que amenazan la vida, dadas las proporciones sin precedentes de los flujos… Como resultado, hemos tomado la difícil decisión de desviar recursos de la seguridad fronteriza y dedicarlos a una respuesta humanitaria de tiempo completo.  Y nos hemos visto obligados a poner en libertad a individuos antes de que hayan sido completamente procesados mediante el sistema de inmigración… En breve, hemos llegado a un punto de quiebra de todo el sistema. He pedido al Congreso mayores recursos de emergencia y la contratación de nuevos agentes para lidiar con la crisis.  Estamos obligados a restaurar el orden y al mismo tiempo cumplir con nuestras obligaciones humanitarias”.

Es probable que esta posición haya resultado inaceptable para el presidente, lo que llevó al despido de la secretaria Nielsen. Ahora bien, los estudios realizados por el Centro Pew (https://www.pewhispanic.org) confirman varios hechos importantes: desde hace tres años, las autoridades fronterizas de Estados Unidos han arrestado a más personas de origen centroamericano que de nacionalidad mexicana. Ahora, éstos son una minoría, a diferencia con lo que sucedía antes, hace dos décadas, cuando la proporción era completamente inversa: los mexicanos detenidos representaban el 98% y las otras nacionalidades apenas el 2%. Más importante aún, del total de arrestos ocurridos en los últimos años, en el 53% de los casos se trata de grupos familiares, es decir que incluyen menores de edad. Se trata de un cambio sustancial pues en el pasado se detenía, en una gran proporción, a personas que viajaban solas, principalmente hombres.
Estos nuevos perfiles de la migración han provocado fuertes presiones a las autoridades estadounidenses ya que, de acuerdo a las leyes de ese país, en especial la Ley de Refugiados y el Programa Federal de Reasentamiento de Refugiados de 1980, el gobierno está obligado a examinar las solicitudes de las familias y a ayudarlas a que obtengan los medios económicos suficientes para sobrevivir tan pronto lleguen a suelo estadounidense.  También pone un plazo que no puede exceder 20 días (Acuerdo Flores) de detención a las personas que estén acompañadas por niños.
De ahí que el gobierno como decía Nielsen, esté obligado a proporcionar ayuda humanitaria a estos solicitantes, tratar de cumplir con el plazo señalado o liberar a los detenidos, y además vigilar la frontera para evitar que entren al territorio de ese país. Ante la imposibilidad, según la ex secretaria, de hacer todo ello, Nielsen aparentemente decidió poner mayor atención y recursos a la ayuda humanitaria.
Debe advertirse que la cantidad de migrantes que llegan a Estados Unidos ha venido disminuyendo, sobre todo en el caso de los indocumentados. Esto último obedece a que ahora los mexicanos que regresan son más que los que tratan de llegar allá. Así, el número de personas nacidas fuera de EU, no documentadas, que trabajan o buscan un trabajo en EU es menor que hace unos diez años: pasaron del 5.4% al 4.8% del total de la fuerza de trabajo civil.
Consecuentemente, el número de deportados se ha reducido: de un promedio anual de 375 mil con Obama a 295 mil con Trump. El cambio ha sido muy notorio en la frontera con México:  aquí las detenciones cayeron de 1 millón en 2006 (y un número aún mayor en los años ochenta y noventa) a 400 mil en 2018.
Es decir, para el gobierno de Estados Unidos, el problema más urgente ya no radica en el número de migrantes que tratan de ingresar sin permiso, sino en el hecho de que se trata de grupos acompañados de niños provenientes principalmente de tres países: El Salvador, Guatemala y Honduras. Familias que solicitan refugio, de acuerdo a las leyes de ese país.
El mandatario ha tratado de cambiar o saltarse la ley (The Refugee Act) y todas las obligaciones que se derivan de ella. Ante la negativa del Congreso y de algunos jueces, el presidente decidió que México debería hacerse cargo del problema (o de una parte de él). De esta manera Trump está tratando de resolver un asunto administrativo, la falta de presupuesto y personal adecuado, y evadir la obligación legal de atender debidamente a las familias. Igualmente, presiona a los legisladores y desde luego intenta demostrar sus votantes que cumple con la promesa de fronteras seguras.
El gobierno mexicano tendrá ahora   que resolver la problemática que apuntaba la secretaria Nielsen: atender debidamente a las familias migrantes, incluyendo el delicado asunto de los niños, y tratar de detener el flujo. Son asuntos difícilmente compatibles: detener   a los migrantes con la fuerza militar y arrestarlos, afectará sin duda, principalmente, a los menores. El esfuerzo en materia de recursos, calidad del servicio, adiestramiento del personal, instalaciones apropiadas y protocolos de detención para que las madres, padres e infantes vean respetados sus derechos más elementales será enorme y muy complicado. Todavía más si se acepta finalmente convertirnos en tercer país seguro.
Desde luego, resulta evidente que las familias centroamericanas abandonan su territorio no sólo por razones de búsqueda de un trabajo, como en el caso de la mayoría de los mexicanos que se han ido (ahora en menor número) a EU. La violencia que sufren   en sus países de origen, al sur de nuestra frontera, se ha convertido en la causa principal. Ningún padre o madre de familia arriesgaría a sus propios hijos a una atravesía tan arriesgada sólo porque piensan que de esta manera puede ser más viable obtener un ingreso legal a Estados Unidos. El terror que sufren en sus barrios y vecindarios debe ser mayúsculo.
El gobierno mexicano tiene razón en tratar de promover programas económicos en la zona del Triángulo Norte de Centro América para tratar de frenar la migración. Pero no basta. Las detenciones y deportaciones que lleven a cabo nuestras autoridades, sobre todo cuando se trate de familias, deberían ser excepcionales. El acento debería recaer en la disuasión, los permisos temporales que garanticen su tranquilidad, y un programa de ayuda para garantizarles alimentos y asistencia médica.
Estas políticas, que se intentaron al principio del sexenio, chocan con los acuerdos más recientes entablados con EU. México no pude responsabilizarse de una probable catástrofe humanitaria. Durante los próximos días veremos si estos peligros se confirman o se desvanecen. Pero lo más razonable es prepáranos para un escenario más ingrato. La estrategia de contención en la frontera sur y de acogida en la norte pueden resultar inviables con el respeto a los derechos humanos de las familias.  Los flujos no necesariamente se van a reducir a los niveles que desea Estados Unidos, lo cual podría de nueva cuenta ser motivo de represalias comerciales. Se trata sin duda de un problema muy complejo, un verdadero embrollo, en el que la vida y la seguridad de cientos de miles de personas, sobre todo niños, está en riesgo.
saulescobar.blogspot.com