Vistas de página en total

viernes, 29 de marzo de 2013

Las reformas a la ley federal del trabajo: una perspectiva histórica

Publico la presentación de un ensayo más largo que estoy revisando  sobre las leyes laborales en México. Por lo pronto aquí entrego esta parte que describe el contenido general del trabajo así como algunas reflexiones sobre el mundo laboral, la historia y la situación de los trabajadores en México.

Aquí va:


 XI COLOQUIO INTERNO
DEL ÁREA DE HISTORIA CONTEMPORÁNEA

Saúl Escobar Toledo

“Las Reformas a la Ley Federal del Trabajo: Una perspectiva histórica”


PRESENTACIÓN


 El  ensayo que elaboramos para este Coloquio se propone hacer una revisión histórica de las leyes del trabajo en México desde 1917 hasta 2012. Contempla varios capítulos: en el primero, se revisan los debates del  Constituyente de 1917 y en particular la aprobación del artículo 123. En el segundo,  se analiza el periodo que corre desde 1917 hasta la aprobación de la Ley Federal del Trabajo en 1931, caracterizado por el despliegue de un activismo  sindical en prácticamente todo el territorio  nacional que tuvo como objetivo hacer realidad las disposiciones constitucionales; en  tercer lugar se estudia la coyuntura política que dio lugar a la  Ley Federal de Trabajo así como al análisis de  su contenido que, desde nuestro punto de vista se caracteriza por un fuerte intervencionismo estatal en la vida de los sindicatos y en la regulación de las relaciones obrero – patronales ( orientación que ha recibido el nombre de  carácter “tutelar”[1]); el  cuarto capítulo se refiere al análisis de la Ley del Seguro Social de 1943, considerando que esta ley inaugura un periodo  de varias décadas caracterizado por una política laboral no sólo tutelar sino también de protección social,  similar a la que caracterizará en varias partes del mundo el llamado Estado de Bienestar; en quinto lugar se analizan las reformas a la Ley que se realizaron entre 1970 y 1980, subrayando, sobre todo, en las primeras, la acentuación de su contenido social, que encarnó claramente en la creación del INFONAVIT;   y, finalmente, en sexto lugar se analizan las reformas aprobadas en 2012 tomando sus antecedentes desde 1989 y las reformas a la Ley de  pensiones de 1995. Con ello se intenta destacar que el cambio en las políticas laborales, aunque culminó legalmente apenas el año pasado, se inició en realidad hace más de 20 años.

Dado el contenido de este trabajo, parece válido preguntarse sobre la pertinencia de un estudio como el que se acaba de describir.  ¿Qué nos puede decir la evolución de las normas laborales, del marco jurídico que rige a las relaciones de trabajo y a los sindicatos? ¿Qué podemos ver en esta historia?

Un enfoque, que podríamos llamar tradicional,  y que encontramos en diversos libros de historia del siglo XX, consiste  en estudiar estos cambios jurídicos como  episodios nacionales que se deben registrar como parte de una historia política más amplia. Visto así, bastaría con señalar quienes fueron los  proponentes  de las leyes y a sus opositores, señalando los beneficios o perjuicios de esas disposiciones sobre los actores sociales, principalmente los patrones y los trabajadores.

Por otro lado, hay quien podría pensar que no importan mucho los cambios en las leyes sino la realidad del mundo del trabajo: el comportamiento de los salarios y el empleo;  el control sobre los sindicatos o su movilización contra el gobierno en turno; las condiciones que se dan en los centros de trabajo, más allá de lo que dicta la ley. Es decir que si se quiere analizar la historia del mundo del trabajo o del movimiento obrero hay que ir a la realidad de los hechos, a los datos duros. Los cambios jurídicos serían un aspecto secundario y hasta prescindible.

Desde nuestro punto de vista, sin embargo,  lo que podemos ver en esta historia es algo más profundo y más interesante que un relato que simplemente tome en cuenta y enumere los artículos y disposiciones jurídicas aprobadas en tal o cual momento de la historia del siglo XX mexicano. 

Bajo nuestro enfoque, nuestra mirada, como nos convoca este Coloquio, en primer lugar, habrá que tomar en cuenta que las leyes del trabajo, a diferencia de otros cuerpos jurídicos como los de carácter penal o civil, reflejan los intereses de cuerpos organizados de la sociedad, en particular  los sindicatos y los patrones. Ninguna legislación  sobre el trabajo, y México no es una excepción, se ha hecho sin que se expusiera la opinión, la influencia y el sentir de alguno de estos o de ambos  actores, independientemente de si esas opiniones fueron tomadas en cuenta o no.  En estos debates, lo que cada uno de los participantes propone es, por lo general,  opuesto a los intereses del otro. Esto es transparente en el caso de los llamados derechos individuales de los trabajadores y casi siempre en el derecho colectivo, aunque  en este caso, no tanto como veremos más adelante

En entendemos por derechos individuales aquellos  que norman las relaciones que emanan de la relación de trabajo entre un trabajador y su empleador, es decir,  tienen que ver con las condiciones de trabajo de cada obrero en el centro laboral: horas que dura  la jornada, pago del séptimo día, vacaciones, aguinaldo, etc.

Por derechos colectivos nos referimos al “conjunto de normas jurídicas que regulan las relaciones entre patronos y trabajadores no de modo individual, sino en atención a los intereses comunes a todos ellos”. Es decir,  se refiere a  cómo se negocian esas condiciones de trabajo: principalmente el derecho a la indicalización, a la huelga y a la contratación colectiva.  En estos casos las posiciones no son tan claras porque, en diversas ocasiones,  alguno de los actores, los sindicatos o los patrones  han apoyado la intervención o la regulación estatal en diferentes grados..


Por ello, las legislaciones sobre el trabajo son un momento de confrontación de clases. Una medición de fuerzas que revela de alguna manera el poder social y político de ambos actores. Lo interesante es que, en un sentido amplio, esta fuerza no es sólo de carácter cuantitativo. Así, el poder  de los trabajadores no se ha  limitado o no ha  dependido  solamente del  número de  sindicatos existentes y  de que tan numerosos sean, sino sobre todo a su influencia en el conjunto de la sociedad, a  la validez de sus demandas y reivindicaciones. Ha habido, en cada momento histórico  una especie de fuerza hegemónica en el sentido gramsciano[2]  que refleja las aspiraciones de la sociedad y de los actores políticos  en un momento dado y que explican los cambios legales que se realizaron.

Por ejemplo, todavía sorprende la obra del Constituyente de 1917. Los delegados reunidos en Querétaro crearon, con el 123, un aparato legal que no tenía parangón con otro país y que se ha considerado el más avanzado del mundo en ese momento. A tal punto que cuando se creó la OIT, dos años después, en 1919, sus postulados fueron todavía inferiores a la que dispusieron los constituyentes mexicano. Sin embargo,   en 1917 el sindicalismo mexicano era relativamente pequeño y disperso, mientras que la oposición al reformismo obrero estaba en todas los grupos beligerantes tanto constitucionalistas como convencionistas, con excepción del zapatismo.  A pesar de esta oposición, dentro de las filas revolucionarias,  y de esa debilidad sindical,  la causa de los trabajadores asalariados  logró imponerse.  Ello quizás pueda explicarse porque la revolución armada no sólo hizo caer el estado porfiriano sino también las ideas que lo sustentaban, el liberalismo. Con ello, se abrió un debate sobre los nuevos paradigmas que sustentarían el próximo estado revolucionario.  En este debate, la reivindicación de los oprimidos  no sólo podía reducirse a las aspiraciones de los campesinos y tenía que incluir a los trabajadores asalariados, a los obreros. Por ello, como lo muestran los debates del Constituyente de 1917 y la Convención de Aguascalientes, las reservas sobre los derechos laborales fueron derrotadas en asambleas en las que los defensores de la causa obrera eran un grupo bastante reducido mientras que la mayoría de los delegados carecían de militancia sindical  y de un conocimiento del tema a fondo. Al final, sin embargo, el 123 se aprobó por unanimidad.  Es un caso interesante de cómo una pequeña minoría se vuelve una mayoría abrumadora en un tiempo muy corto.

Es decir, las leyes del trabajo, reflejan más que otros rubros del derecho, el sentir de una sociedad, las ideas predominantes en un momento dado,   en torno a temas como el papel del estado, la justicia social o el tipo de sociedad de mercado al que se aspira.

Pero las leyes y su aprobación o rechazo también revelan, de manera coyuntural, las relaciones de los actores con las fuerzas políticas, principalmente los partidos políticos,  (aunque hasta 1917 se trató de facciones armadas que jugaron el papel de partidos políticos) y el Estado.

Llama la atención, por ejemplo,  que en 1931, la clase política mexicana se encontrara  muy fracturada por el asesinato de Obregón, acaecido 3 años antes. Y que los presidentes en turno fueran particularmente débiles frente al poder real, el del Jefe Máximo. Aún así y con la crisis mundial ya encima de nuestro país, se decidió forzar la aprobación del la ley reglamentaria del 123, la Ley Federal del Trabajo (LFT).  En 1931, además,  el sindicalismo mexicano era mucho más poderoso que en 1917. Aun bajo estas condiciones, los trabajadores perdieron una  batalla fundamental con la aprobación de la LFT  que dejó el control de los sindicatos en manos del Estado y en particular del gobierno en turno. Esto sucedió con la oposición expresa y declarada de todo el sindicalismo (cromistas, lombardistas y comunistas)  pero fue posible porque en ese momento, no hubo ningún partido o facción  política en el gobierno que se opusiera a este proyecto,  ni un sindicalismo suficientemente unido que pudiera detenerlo.  Por su parte, el cierre de filas  de la clase política en 1931, en torno a la LFT, se debe a que habían adoptado ya, como propio, un proyecto nacional basado en la construcción  de un Estado fuerte e intervencionista y en la conciliación de clases. Es así como logran imponer tanto a los sindicatos como a los patrones una proyecto de ley que reconoce muchos de los derechos individuales del 123 pero al mismo tiempo significó un fuerte control gubernamental en torno al reconocimiento y registro de los sindicatos y los contratos colectivos.  Con la reglamentación de las Juntas de Conciliación y Arbitraje, por otro lado, se sentaron  las bases de un régimen corporativo. No es sorprendente que dicho andamiaje legal haya tenido, declaradamente, muchas coincidencias con el modelo italiano fascista, la Carta Labore de Mussolinni, de 1928[3].


Así  pues, la historia de estos episodios legislativos demuestran que las disputa por la  leyes del trabajo no son materia residual de una historia política sino que revelan la fuerza hegemónica de los actores sociales, fundamentalmente los trabajadores y los empresarios, pero también las ideas dominantes que existían en el  conjunto de la sociedad,  y en la mente de quienes en ese momento controlan el Estado y los partidos. Las leyes del trabajo son pues piezas centrales de esos proyectos ideológicos y políticos. 

En segundo lugar, está claro que las leyes laborales  pretenden normar la realidad pero esa pretensión no depende, como en otros cuerpos jurídicos, sólo de la fuerza del estado.  En este caso, la implementación de las leyes depende de la capacidad de los trabajadores para hacerlos valer en los centros de trabajo. Lo que muestra esta historia es que sin su participación las leyes valen muy poco. Esta participación puede darse a nivel individual o de manera desorganizada pero siempre ha resultado más efectiva, en México y en el mundo, a través de los sindicatos. Una fuerza sindical débil se traduce en  una vigencia de la ley laboral muy precaria. 

Así, tenemos que la aprobación del Constituyente del 123 dio lugar a que entre ese año y 1931,  las disposiciones jurídicas  aprobadas en Querétaro, se aplicaran aun sin la ley reglamentaria correspondiente, gracias a la acción de los sindicatos, y no por la convicción de los empresarios o la fuerza del estado. Las empresas mexicanas fueron en esos años un campo de lucha donde lo que se dirimía era hacer realidad los preceptos jurídicos constitucionales. De ahí surgieron dos tendencias sindicales fundamentales: los que se apoyaron en las facciones de los grupos políticos y el Estado, como la CROM, o quienes decidieron  la acción directa, sin la mediación de los políticos ni la política, como la CGT.   Pero ambas tuvieron como principal objetivo de lucha la contratación colectiva para implementar los postulados del 123.


 Más importante todavía,  muchas de las reformas a la ley de 2012 que se refieren a la flexibilización del trabajo y al outsourcing o intermediación laboral,  ya eran una práctica común en el medio laboral mexicano por lo menos dos décadas atrás, resultado de un modelo económico impuesto desde 1988 pero también de un sindicalismo que comenzó a debilitarse políticamente un poco antes, desde 1983, y que con el tiempo se convirtió en un sindicalismo de protección que encubrió estas violaciones a la ley.


En otras palabras, en el caso de las leyes del trabajo, la distancia entre la realidad y el marco jurídico es un indicador de la capacidad política y organizativa de los sindicatos.

En tercer lugar, las leyes del trabajo tienen siempre un doble significado: son beneficiosas para los trabajadores porque contienen  derechos que los favorecen, como la jornada diaria de ocho horas. Pero son también un pacto entre patrones y trabajadores para regular la concordia en el centro de trabajo y la paz social. Los trabajadores se supone que no pueden aspirar a nada menos que lo que está en la ley pero no pueden  transgredirla en sus fundamentos: el reconocimiento del patrón como dueño y administrador de los medios de producción. Por ello las leyes del trabajo parten del reconocimiento de que los trabajadores  deben  trabajar  para proporcionar  utilidades a su empleador.  Reconocen y aceptan los fundamentos de un sistema capitalista. Ninguna ley del trabajo contendrá la disposición de que los trabajadores pueden apropiarse de las empresas, dirigirlas en sustitución del patrón  o repartirse las ganancias como deseen. En otras palabras, la ley y más precisamente el contrato de trabajo, es un pacto entre patrones y trabajadores que garantiza y da cobertura a la colaboración mutua y a la concordia entre dos clases que se suponen antagónicas.

A cambio de este pacto,  las leyes del trabajo son una expresión del perfil redistributivo de la sociedad, principalmente entre los trabajadores y los patrones en un momento determinado de su historia. Este perfil puede ser, y ha sido,  favorable al trabajo o por el contrario, al capital. Así entre 1943 y 1980 el derecho laboral mexicano expresó  no sólo una inspiración tutelar y con una gran intervencionismo estatal sino también un perfil social, con una claro fin  redistributivo hacia el trabajo. Este perfil se reflejaba más claramente en los contratos colectivos pero la ley sin duda facilitaba esta función, congruente con un modelo que en ese entonces dominaba el mundo occidental,  la idea del Estado benefactor.

En cambio el espíritu predominante de todas las reformas recientes en América Latina, Europa y los Estados Unidos, desde los años ochenta,  ha consistido en  tratado de desmantelar el estado benefactor y redistribuir el ingreso en un sentido contrario, del trabajo hacia el capital. . No lo han logrado del todo ni ha sido una historia lineal, pero el retroceso  en las condiciones de vida y de trabajo han sido evidentes.

En cuarto lugar, las legislaciones del trabajo, en la parte que se refieren a los derechos colectivos, el derecho de asociación, de contratación  y de huelga, también son una buena muestra de la calidad democrática de esos países. Por ejemplo en México las reformas de 2012 se atoraron precisamente en los artículos que tenían que ver con la democracia y la transparencia sindical, y la contratación colectiva, aunque el derecho de huelga permaneció intocado.

Mucho se ha dicho que la transición a la democracia en nuestro país no pasó por los sindicatos.  En el plano jurídico ello es estrictamente cierto pues en lo que toca a  la regulación de los sindicatos,  la ley es básicamente la misma desde 1931, a pesar de cambios cosméticos  de 2012. Los sindicatos, en su mayoría, son organizaciones opacas y antidemocráticas. Pero la ley ha jugado un papel en este asunto. De un lado manteniendo el reconocimiento de las directivas por el gobierno, y por otro, sin que se haya normado la rendición de cuentas por parte de estos líderes como fue el objetivo de los artículos apoyados por el PAN y el PRD pero votados mayoritariamente en contra por el PRI y sus aliados en el reforma del 2012.

Si en el pasado, la ley daba cobertura a un sistema  político autoritario de partido único que se apoyaba en un cuerpo corporativo basado en los sindicatos para monopolizar el poder y excluir a las oposiciones sociales y políticas, ahora esa misma ley protege a un sistema político distinto, con democracia electoral y alternancia en el poder,  que sin embargo sigue exigiendo el control vertical de los sindicatos. ¿Por qué? Porque la transición mexicana fue una transición acotada bajo los parámetros del modelo de la democracia liberal, es decir para garantizar que las elecciones permitieran la alternancia en el poder, pero no se propuso una reestructuración del Estado, no hubo una reforma del sistema político[4]. Por eso, entre otras cosas, la transición no dio lugar a una nueva Constitución como sucedió en otras partes del mundo. Bajo este esquema, el modelo laboral, basado fundamentalmente en el control del Estado sobre los sindicatos, se mantuvo inalterado.

En fin, que el análisis de las leyes del trabajo son una especie de extracción del tejido político muy útil para someterse a una biopsia. Pueden indicarnos si se trata de un tejido más o menos sano, desde el punto de vista de la democracia,  o existe algún tumor que afecta su desarrollo. En México, sin duda, el este tumor  existe.  La transición democrática en el mundo del trabajo nunca existió y ello a su vez demuestra que esta transición se quedó bloqueada, reducida a un cambio de partidos en el gobierno.

Por otro lado, como ya se indicó, la distancia entre la ley y la realidad es un elemento importante. Decíamos que revela la fuerza de la militancia sindical. Pero también puede revelar la vocación ideológica y política del Estado.

Se ha dicho que en México, la distancia entre la ley y la realidad parte de una vertiente filosófica, porque las leyes no se elaboran para cumplirse sino que son como una carta de intención de lo que se desea, de las aspiraciones o ideales de una sociedad. Es el caso de las reformas de 1978, particularmente de la adición al 123  que  convirtió  el “derecho a un trabajo digno y socialmente útil” en una mandato constitucional, no tanto porque se pensaba que México se convertiría en la primera sociedad del mundo capitalista que pudiera garantizar un empleo a todos los mexicanos,  sino porque así lo mandaban los ideales revolucionarios que, por cierto, se extinguirían a partir de la crisis de 1982.

Pero en el caso de las leyes del trabajo, hay algo más,  esa distancia puede revelar un fenómeno contemporáneo: la ausencia del estado y la simulación jurídica. En el pasado,  durante los años del desarrollo estabilizador,  cuando crecía el empleo y el salario real, hubo una presencia del estado que si bien no abarcaba toda la realidad laboral se concentraba en su núcleo más moderno. La simulación se daba en la presunción de que los sindicatos respetaban la ley y se toleraba la corrupción y la antidemocracia sindical, a cambio de una administración eficaz y sin conflictos. Pero el estado no estaba ausente, al contrario, garantizaba activamente esa administración y la persistencia de la concordia en los centros de trabajo mediante una aplicación discrecional pero activa de la ley. 

Pero después, a partir de los años del neoliberalismo y la firma del TLC de América del Norte,   las cosas cambiaron. El cumplimiento de la ley se consideró una tarea no  sólo imposible sino contraria a la realidad y al interés nacional. Era una ley obsoleta y por lo tanto inaplicable, se aseguraba. Por supuesto, ello no podía aceptarse públicamente por lo que desde el gobierno se fomentó la simulación. A partir de entonces, los actores sociales, los sindicatos y los patrones, fingen acatar la ley y el gobierno hace como que vigila su cumplimiento.   Ello a su vez provocó una ausencia cada vez mayor del estado en las relaciones laborales.

Sin embargo, hay que precisar que en la mayoría de las empresas no se cumple la ley, sobre todo en materia de derechos individuales. En el caso de las disposiciones sobre los derechos colectivos, el estado  sigue manteniendo el control sobre el registro y vigencia de los sindicatos, con base en la ley aunque no cumpliéndola estrictamente sino de manera casuística, según de quien se trate. Lo mismo sucede con el derecho a la contratación colectiva, la cual también depende de las decisiones políticas  del gobierno, no de lo que estipula estrictamente la ley.

Esta mezcla de ausencia del estado en las relaciones laborales y  el control evidente del gobierno sobre los sindicatos y la contratación,  han producido un gran desorden laboral. Este desorden, por lo menos en México, no sólo revela que en los hechos impera el fuerte sobre el débil, generalmente el patrón sobre el trabajador. La corrupción ha dado lugar a la  simulación sindical y ésta a los contratos de protección. El resultado de todo ello es la existencia de un estado fallido. No se trata solo de que no se cumple la ley. Es que simplemente hay una ficción que trata de ocultar una realidad: en México, en las relaciones laborales, no hay gobierno.

No es el caso por cierto de otros países de América Latina donde puede haber leyes flexibles sobre contratación o despido de los trabajadores, o sindicatos que cuentan con la simpatía o antipatía de los gobiernos y partidos políticos. Sin embargo, por lo menos en Brasil, Argentina y Chile, hay muchos sindicatos de verdad, de carne y hueso, y hay un Estado que  vigila y sanciona el cumplimiento de la ley, sobre todo mediante la inspección del trabajo y los tribunales correspondientes.

En resumen, en México, la libertad de los mercados, en este caso la flexibilidad del mercado de trabajo, se ha traducido en un Estado fallido en el medio laboral. No es la única dimensión de este Estado ausente pero aquí también esta falta  se ha llenado con una simulación jurídica, los contratos de protección,  y con bandas criminales organizadas que bajo esa simulación operan como sindicatos dedicados a administrar los contratos.

Las mafias sindicales que antes controlaban los sindicatos, apoyados por el gobierno, pasaron de ser actores políticos a convertirse en grupos fantasmas que operan en las sombras. Hoy, los principales administradores de los contratos de protección son casi totalmente desconocidos.

Esta situación contrasta notablemente con la parte visible del sindicalismo mexicano formada por las grandes organizaciones gremiales como el SNTE y el Sindicato petrolero. En este caso, lo que sobresale es la corrupción de los líderes y la dilapidación de recursos públicos. Ocasionalmente, esta parte conocida se completa por las luchas de grupos y organizaciones sociales independientes que se oponen a esos líderes o a los contratos de protección. Sin embargo, la enorme mayoría de los trabajadores mexicanos está sujeta a los sindicatos fantasma.

Al principio, entre 1917 y hasta los años cuarentas, las relaciones laborales fueron el escenario de la confrontación entre sindicatos (con trabajadores militantes)  y empleadores. Posteriormente, con la LFT de 1931, este escenario fue cambiando debido a una intervención cada vez más directa y activa del Estado. En sus mejores momentos, entre los años cincuenta y los años ochenta, el medio laboral estaba controlado por una patronal más bien pasiva, un sindicalismo protagónico en la escena política, y un estado garante del orden social y de una administración de las relaciones laborales que tenía como fin una mayor redistribución del ingreso y el control político de las relaciones laborales para garantizar la estabilidad social.  Con el neoliberalismo, la escena laboral está casi vacía. No hay sindicatos, no hay gobierno, y los empleadores pueden ahora decidirlo casi todo.

Hay finalmente una última razón para analizar las relaciones laborales desde una perspectiva histórica y que reside justamente en lo que se ha llamado la idea de la historia. La corriente dominante desde hace varias décadas, el mainstream, en la academia, los intelectuales opinadores y los medios de comunicación, han impulsado la idea de que el mundo avanzaba por la senda del libre mercado, la globalización y la democracia liberal. Lo llamaron  el fin de la historia, en el sentido hegeliano, es decir que no existe ni teórica ni prácticamente otro tipo de sociedad mejor que ésta, tesis   expuesta por Fukuyama[5], o la democracia sin adjetivos de Krauze[6], o el mundo plano de Friedman[7]. En este esquema de la historia, el socialismo ha sido derrotado como idea, como sujeto y como proyecto. No hay por lo tanto ningún otra alternativa, ni filosófica, ni política, ni social, que se oponga al libre mercado y a la democracia liberal. Lo que hay son supervivencias del pasado populista, resistencias culturales,  que no ofrecen ninguna opción de cambio sino que, por el contrario, representan un obstáculo a la modernización. 

En este paradigma triunfante y sin rivales, los mercados tienen que funcionar sin regulaciones o con las menores regulaciones posibles, incluyendo el mercado de trabajo. De igual manera, las relaciones laborales tienen que adaptarse a la globalización o  los empleos serán inevitablemente borrados por la competencia y la falta de productividad. Finalmente, los sindicatos, una especie de resabio del pasado, que sólo defienden intereses obsoletos y corporativos, deben desaparecer o por lo menos ser reducidos al máximo como fuerza política y desde luego, de la negociación laboral.

Por ello, la flexibilización del trabajo es un planteamiento indispensable. La idea de que la flexibilización es necesaria para crear más empleos, es una idea que en el fondo dice que hay que facilitar los despidos y la destrucción de empleos, para crear otros nuevos, peor pagados. Es una idea en el fondo ilógica e incongruente y que no se sustenta en la realidad. Según la experiencia internacional,  el número de empleos que se recuperan son muy inferiores a los que se pierden,  y son además precarios, en peores condiciones. Pero es una idea muy fuerte que parece que no tiene respuesta, aparece como  una verdad irrebatible.

Cuestionar esta idea implica no sólo poner a prueba una política laboral, sino también cuestionar el modelo económico y pensar en uno alternativo: un modelo que tenga como meta el crecimiento de  empleos dignos (más adelante se verá que quiere decir esto). Bajo este esquema, la ocupación y el salario pueden conducir al desarrollo y a una nueva inserción en la globalización. En lugar de bajar salarios y desregular las leyes laborales, hay que aumentar los salarios, mejorar prestaciones y reponer muchas, a lo mejor no todas, las condiciones que permitían la estabilidad en el empleo. Este esquema ha tenido éxito en Brasil. Las reformas a las leyes del trabajo que buscan la flexibilización son parte de un modelo más amplio, basado en mercados desregulados no sólo  en la contratación de la mano de obra sino también de mercancías y capitales. 

Por el otro lado, la democracia liberal exige, según los ideólogos del fin de la historia,  un sindicalismo de muy bajo perfil para evitar el corporativismo, los poderes fácticos, la corrupción, y sobre todo, una distorsión sobre el sistema electoral que permita la alternancia y la competencia electoral. Los sindicatos no encajan en este esquema político.  Son cuerpos extraños, remanentes del pasado.

Desde luego, hay una deliberada confusión entre la institución y los actores, el sindicato y sus dirigentes, una confusión que no se acepta en el caso de la democracia liberal y sus actores: los partidos y los gobiernos electos con el voto popular. Ningún pensador del mainstream ha propuesto la suspensión de las elecciones o la disolución del régimen de partidos a pesar de la corrupción o los errores de los dirigentes de los gobiernos y de los partidos. En este último caso, se trata de un costo o desviación que no demerita el sistema ni la idea de la democracia liberal. Pero en el caso de los sindicatos, la corrupción y los malos líderes son presentados como prueba de que éstos deben ser reducidos a su mínima expresión y que estas instituciones no son ya funcionales ni modernas.

Un ejemplo de este debate se dio por ejemplo en el caso del SME, donde los trabajadores pasaron de víctimas a culpables. El SME era, según el gobierno y un sector de intelectuales,  el responsable de que la empresa funcionara mal, la defensa del contrato colectivo era una muestra evidente de la obsolescencia de las relaciones laborales y de lo perjudicial que resulta un sindicato que defiende ese contrato. Los trabajadores merecían se despedidos, “nos costaban mucho a todos”,  y el sindicato debería desaparecer.

La pregunta es entonces si puede haber, teórica y prácticamente un sistema político basado en una democracia que no sea sólo representativa, es  decir liberal, sin adjetivos. Un sistema que incluya organismos intermedios o de representación popular más allá de los partidos y de las elecciones. Estos organismos pueden ser muy diversos: asociaciones civiles o ciudadanos, pero también sindicatos.

 En la historia del siglo XX los sindicatos han tenido una historia marcada por distintas etapas: a principios del siglo XX  fueron instrumentos de lucha eficaces para presionar, conquistar y garantizar nuevos derechos laborales. Fueron también instrumento de lucha política tanto electoral como  insurreccional en distintos países del mundo. En Alemania, por ejemplo, quizás el ejemplo más dramático, estas dos tendencias se enfrentaron violentamente: mientras la socialdemocracia  gobernaba,  Rosa Luxemburgo y la izquierda (que desde entonces empezó a llamarse)  comunista trató  de organizar una huelga general con los sindicatos. La represión del gobierno acabó con la vida de  Rosa y prácticamente  liquidó al sindicalismo revolucionario. En razón de ello y  a la influencia de la revolución rusa, la división del  sindicalismo y de la izquierda  se prolongó durante varis décadas.

 Después de la segunda guerra mundial, los sindicatos demostraran ser funcionales con las economías de mercado y los sistemas políticos democráticos. Fueron la base del estado del Bienestar y  un contrapeso necesario a las políticas públicas. Hay que reconocer sin embargo, que  el poder ganado los llevó a un crecimiento burocrático a veces descomunal,  a la corrupción de sus cuerpos dirigentes y a excesos de todo tipo. Esta experiencia se presentó en casi todo el mundo capitalista, en países desarrollados y en desarrollo.

En los últimos años, sin embargo, los sindicatos han sido excluidos, combatidos,  reprimidos y alejados del poder político. Fue el caso de los gobiernos de Thatcher en Inglaterra pero también en el Chile de Pinochet, para mencionar los más representativos. En México pasaron de jugar un papel protagónico en un marco político autoritario, a convertirse, salvo excepciones muy destacables, en figuras de un juego de simulación. 

En la ley, el derecho a la organización de los trabajadores, la formación de sindicatos como organismos de defensa de sus intereses gremiales o profesionales, fueron reconocidos gradualmente desde los últimos años del siglo XIX en Europa y luego durante las primeras décadas del XX en América Latina. México fue, con el 123 de 1917, de los primeros países en reconocer plenamente este derecho a la organización sindical.

Posteriormente, se dictaron nuevas leyes que regularon ese derecho, así como el de la contratación colectiva y la huelga, mediante una fuerte intervención del estado, sobre todo en América Latina. En los últimos años, las reformas a la ley, que flexibilizaron el mercado de trabajo, han cambiado poco la reglamentación que rige a los sindicatos y más bien se han abocado a restringir la huelga y los términos de la contratación colectiva. En América Latina, según, Cook[8], esta reglamentación ha sido diversa. En algunos casos incluso ha restituido derechos colectivos perdidos anteriormente. En México, las reformas a la ley no han tocado realmente ninguno de estos derechos, incluyendo la reforma del 2012.

Sin embargo, la flexibilidad adoptada en las leyes ha debilitado a las organizaciones sindicales. Empleos cada vez más inseguros, temporales y precarios restan fuerza a la organización sindical provocando una crisis de la representación sindical en casi todo el mundo manifestada en una baja afiliación, poca fuerza en la gestión de las relaciones laborales y una marginación política muy notable.

Por ello, a partir de la crisis mundial de 2008-9, en Europa los sindicatos realmente existentes, se han convertido en base de movimientos contestatarios, con formas de lucha apoyados en la movilización callejera y las huelgas, y divorciados casi por completo de sus viejos aliados políticos, los partidos socialdemócratas.

Y es que un nuevo modelo económico basado en un modelo laboral alternativo al neoliberal requiere de un sindicalismo fuerte, actuante, que recupere su capacidad de acción y de negociación tanto en los centros de trabajo como en las instituciones del estado.

Ello se opone al modelo de democracia liberal que pregona el fin de la historia. Por ello, el debate sobre el sindicalismo va más allá de sus tendencias burocráticas y tiene que ver más bien con la idea de una democracia basada en organizaciones sociales fuertes y protagónicas frente a las instituciones del estado y los partidos políticos.

Si ambas cosas, la existencia de una economía de mercado con relaciones laborales reguladas, y una democracia política con sindicatos y organismos populares fuertes, es posible, la idea de la historia cambia también. No hemos llegado al fin de la historia, ni es suficiente una democracia sin adjetivos. Podemos aspirar a una historia distinta.

Según esta concepción alternativa, el sustento de la historia no estaría dado por su evolución lineal hacia el progreso, pero tampoco  el socialismo o la globalización (con mercados desregulados y democracias liberales),  sino por la búsqueda de un camino más incierto pero más abierto a la imaginación.

Una idea de la historia que reconoce avances y retrocesos pero basada en un conjunto de aspiraciones ligados a la justicia, la igualdad, el respeto y la tolerancia.

A pesar de todo, los organismos internacionales han avanzado en la definición de estas metas no sólo como aspiraciones legítimas de la humanidad sino como derechos universales exigibles, medibles e indispensables en las políticas públicas. Ejemplos de ello son las metas del milenio definidas por  las Naciones Unidas pero también la definición de trabajo digno o decente de la OIT.

Según esta organización internacional, “El trabajo decente resume las aspiraciones de los individuos en lo que concierne a sus vidas laborales, e implica oportunidades de obtener un trabajo productivo con una remuneración justa, seguridad en el lugar de trabajo y protección social para las familias, mejores perspectivas para el desarrollo personal y la integración social, libertad para que los individuos manifiesten sus preocupaciones, se organicen y participen en la toma de aquellas decisiones que afectan a sus vidas, así como la igualdad de oportunidades y de trato para mujeres y hombres.”

Más claramente, “la noción de «trabajo decente», dada a conocer por vez primera con estas palabras en la Memoria del Director General a la 87.ª reunión de la Conferencia Internacional del Trabajo, celebrada en 1999, expresa los vastos y variados asuntos relacionados hoy día con el trabajo y los resume en palabras que todo el mundo puede reconocer”…. Básicamente, cuatro elementos: “el empleo, la protección social, los derechos de los trabajadores y el diálogo social” (Revista Internacional del Trabajo, vol. 122, no.2, 2003)

Podría decirse que se  trata de cosas sencillas. Los elementos más rudimentarios de un programa político. Pero lo sorprendente es que en la  realidad del mundo actual resultan  incompatibles con los mercados desregulados y la democracia liberal. Marcan los fundamentos de una sociedad alternativa y son incompatibles con el pensamiento único del mainstream.

Es por eso que el debate sobre las leyes laborales adquiere una importancia tan notable. No está en juego sólo un conjunto de normas que pueden tener una relevancia política coyuntural en la historia de una nación,  sino un modelo de sociedad que está en  disputa a nivel global.

 25 de febrero de 2013
(fin de la presentación)


[1] Este principio alude a la función  esencial que cumple el ordenamiento jurídico laboral al establecer un amparo preferente a la parte trabajadora, que se manifiesta en un desigual  tratamiento normativo de los sujetos de la relación de trabajo asalariado que regula, a favor o en beneficio del trabajador.
[2] Cf. Antonio Gramsci, Cuadernos de la cárcel, en Juan Carlos Portantiero, Los usos de Gramsci- Escritos Políticos (1917-1933), Cuadernos de Pasado y Presente no. 54, México, 1977, esp. Pp. 57 y pp. 327 y sigs.
[3] Cf. Néstro de Buen, “El sistema laboral mexicano”, Instituto de Investigaciones Jurídicas-UNAM, p. 131.
[4] No se modificó legalmente el régimen político presidencialista, ni el federalismo mexicano, ni el régimen municipal;  en otros planos,  como el sistema judicial, éste sólo se transformó parcialmente.
[5] “The end of history and the last man”( Free Press, Nueva York, 1992)
[6] “Por una democracia sin adjetivos” (1986) ed. Joaquín Mortiz-Planeta
[7] “The world is flat, a brief history of the twenty-first centruy”, Farrar, Strauss and Giroux, 2005.
[8]Maria Lorena Cook:” The politics of labor reform in Latin America : between flexibility and rights”
The Pennsylvania State university Press, University Park, PA, 2007

viernes, 8 de marzo de 2013

¿A dónde va la historia ?


COMENTARIOS AL LIBRO DE ENRIQUE FLORESCANO: LA FUNCIÓN SOCIAL DE LA HISTORIA. FCE, MÉXICO, 2012

¿A dónde va la historia?

Saúl Escobar Toledo

Dirección de Estudios Históricos, INAH, 5 de marzo de 2013

El libro de Enrique Florescano es un recuento erudito de diversos problemas, todos ellos muy importantes, que enfrenta el historiador. Es una reflexión profunda sobre el quehacer de aquellos que hurgan en el pasado. Me gustaría hacer un breve comentario, no sobre todos esos problemas, sino apenas sobre uno o dos de ellos.
Al principio de su libro Florescano plantea que
“El tiempo de la historia es un tiempo construido, un concepto que tardó muchos años en ser aceptado bajo los rasgos que hoy lo distinguen…” (30)
No hay historia si no hay una concepción del tiempo. Historiar quiere decir fechar, convertir al tiempo en un parámetro, una unidad de medida que se transporta a los hechos reales que se vuelven así en historia. Pero esta idea histórica del tiempo no ha sido siempre la misma ni ha sido la idea dominante.
Dice Florescano: “Durante largo tiempo el transcurrir temporal no tuvo fechas ni periodos que distinguieran un momento o época de otro…”. Y ello era así porque esta idea del tiempo provenía de unja visión religiosa, de la idea de que Dios guiaba los destinos humanos. Según Momigliano, citado en el libro de EFC, “Una sucesión de acontecimientos representaba y significaba la continua intervención de Dios en el mundo que él mismo había creado” (31)
John Gray, un pensador inglés y profesor de la London School of Economics (al que no ha que confundir con su homónimo norteamericano autor de un best-seller, convertido en obra de teatro y próximamente de una película con el mismo nombre: “Los hombres son de Marte, las mujeres son de Venus) ha publicado varios libros, entre ellos, “Falso amanecer. Los engaños del capitalismo global”, de 1998 (la edición en español es de Paidós, del año 2000). Publicó también, hace unos años, en 2007, “Black Mass: Apocalyptic Religion and the Death of Utopia” (Penguin Books, Londres, 2008). Un libro provocador que plantea que la política moderna es sólo un capítulo de la historia de la religión. Según Gray, la concepción cristiana, basada en la creencia de la redención del hombre al final de los tiempos, se encuentra en la raíz de todo el pensamiento político desde la Ilustración, incluyendo al marxismo y a la nueva derecha neoliberal. Todas estas doctrinas apuntan en la misma dirección: todas plantean una historia lineal que conduce a una utopía que, aunque con distintos nombres, es básicamente la misma: la salvación del hombre o de la humanidad.
Un poco en esta misma dirección, Florescano plantea que “esta concepción cristiana del tiempo fue radicalmente alterada cuando se impuso la noción secular del transcurrir histórico y la idea del progreso terrenal sustituyó a la de salvación en el más allá… Surgió entonces la concepción de un tiempo lineal progresivo, dirigido hacia el futuro y dividido en periodos. Más tarde, a partir del siglo XVIII los historiadores comenzaron a manejar un relato gobernado por el progreso. La idea cristiana del tiempo dominada por el pecado original, fue desplazada por esta concepción progresiva y optimista del desarrollo humano” (33)
Ahora bien, si no hay historia sin tiempo también puede decirse que no hay tampoco historia sin división del tiempo. La periodización de la historia, es una necesidad práctica pues no se puede hablar de historia sin dividirla, sin fraccionarla para hacerla comprensiva. Pero esta división dio pie también a la necesidad de encontrarle una dirección, un hacia donde, hacia un futuro al que le dieron un significado.
De manera más racional y ya liberado de la tiranía de Dios, la historia debía tener un tiempo y este tiempo una serie de etapas pero también una dirección, un punto al cual dirigirse. La concepción lineal de la historia se afianzó durante varios siglos y todavía hoy es difícil deshacerse de ella. El problema es no sólo de dividir la historia para entender las diferencias entre una época y otra sino también para preguntarnos constantemente si una etapa fue mejor que otra, si la humanidad va encontrando solución a sus viejos problemas o es una repetición constante de errores y barbaridades. “No hay nada nuevo bajo el sol” dice el refrán.
Pero hay otro lado de la moneda. La idea de la historia, producto del pensamiento moderno, también adquirió un sentido crítico, pues encontró que nada es eterno:
Florescano: “… al esforzarse por capturar lo irrepetible (los hechos ocurridos en el pasado), la historia da cuenta también de sus vuelo fugaz. Al revisar los asuntos que obsesionan a los seres humanos, la historia los despoja del sentido absoluto que a veces… se les quiso atribuir. Contra las pretensiones absolutistas de quienes desearon imponer una Iglesia, una forma específica de Estado o un orden social único para toda la humanidad, la historia muestra, con la erosión irrevocable del paso del tiempo, que nada de lo que ha existido en el desarrollo social es definitivo ni puede aspirar a ser eterno.” (37)
Los conceptos anteriores se oponen a la concepción linear de la historia: ésta no tienen un sentido absoluto, una dirección fatal, pues nada es definitivo, todo es fugaz. Así no hay tampoco un final de la historia que este predeterminado, “ni una forma de estado, ni un orden social”, no vamos necesariamente ni a la dictadura del proletariado, ni al comunismo, pero tampoco la economía de mercado y el estado liberal representan el fin de la historia, como dicen los autores de la nueva derecha, principalmente Francis Fukuyama y su libro “The end of history and the last man”( Free Press, Nueva York, 1992) que es el centro de la crítica de Gray en Black Mass.
Para complicar más las cosas, EFC nos recuerda la célebre afirmación de Croce: toda indagación sobre el pasado es siempre historia contemporánea para subrayar la idea de que el historiador no puede escapar “a la determinación de interrogar al pasado desde el presente y de producir, fatalmente, una imagen del pasado transida de las presiones y expectativas del momento en que se escribe” (48)
Esta visión del pasado desde el presente, nunca ha sido inocente, no puede ser neutral, al contrario está determinada, entre otras cosas, pero de manera fundamental, por las relaciones de fuerza de la política, de la guerra, de las relaciones sociales. Para contar una historia, no es lo mismo estar de un lado que del otro.
“Si para los poderosos la reconstrucción del pasado ha sido un instrumento de dominación, para los oprimidos la recuperación del pasado fue la tabla afirmativa de su identidad, la fuerza emotiva que mantuvo vivas sus aspiraciones de independencia y liberación… “Así, las guerras, la lucha de clases, la dominación colonial, los conflictos sociales, han estimulado la imaginación histórica y han creado versiones contradictorias del pasado” (99)
Y agrega Florescano: “En los tiempos en que chocan dos o más interpretaciones del pasado se agudiza la sensibilidad de la conciencia histórica… En los tiempos en que se lucha simultáneamente por el presente y por el pasado, suele florecer la crítica histórica…” tiempos en que “el pasado dejó de ser uno para transformarse en múltiple” (100)
Estas ideas me parece fundamentales; son, para decirlo pronto, con las que me quedo al terminar el libro: la existencia de diversas historias con versiones contradictorias y múltiples, y por lo tanto la disputa por la historia, por la interpretación del pasado. El historiador no puede escapar de esta disputa, ni del debate sobre distintas versiones del pasado. No hay, no pude haber, una sola historia, una sola versión de los hechos.
La idea de la historia como una narrativa diversa representa una ruptura con la historia lineal y una afirmación de la visión crítica de la historia: si nada es eterno, la diputa por el futuro está siempre abierta lo mismo que las distintas reinterpretaciones del pasado.
Si entendía bien, las reflexiones de Florescano nos llevan a una conclusión: Nada está definitivamente dicho sobre el pasado porque tampoco lo está sobre el presente y por lo tanto sobre el futuro. La historia está abierta en dos sentidos: como recuperación del pasado y como construcción del futuro. Dos sentidos que se alimentan uno a otro: la curiosidad por buscar una y otra vez en el pasado nos lleva a replantear el futuro, y la necesidad de imaginar sobre lo que nos depara el futuro nos ha llevado constantemente a revisar el pasado.
Más adelante, Florescano, señala que, con la aportación de las obras de autores como Weber, “el historiador… se transformó en un impugnador de las concepciones del desarrollo histórico fundadas en los mitos, la religión, los héroes providenciales, los nacionalismos y las ideologías. Así, en lugar de buscarle un sentido trascendente a los actos humanos, de legitimar el poder o de servir a las ideologías, la práctica de la historia se convirtió en un ejercicio crítico y desmitificador, en una empresa razonada de análisis como postulaba Marc Bloch” (113). De
esta manera, el historiador “se esforzó por comprender el cambio histórico y abandonó las interpretaciones universales” (113).
Bajo esta visión crítica, la historia no tiene un sentido trascendente y nos volvemos a encontrar con una concepción distinta al sentido linear y progresivo de la historia, y con la existencia necesaria de historias múltiples. Pero dado que esta visión crítica enfatiza la comprensión del cambio, entonces la diferencia se convierte en el centro de la preocupación del historiador. Y ello nos lleva a convenir en que no hay una historia universal en el sentido de una historia única. Hay historias múltiples también, dado que hay diferentes pueblos, sociedades, naciones, etnias, culturas.
Quizás de esta idea de la historia, como un quehacer abierto, en reconstrucción permanente, sin que prive una sola visión, lleve a EFC la crítica contemporánea de los historiadores:
“El enclaustramiento (que viven los historiadores desde 1940 en institutos, escuelas y semanarios) en el seno de pequeñas agrupaciones de iguales indujo a una separación con el resto de la sociedad. Los historiadores se “alejaron del común de los seres humanos” y “produjeron obras más de autoconsumo que de servicio para otros sectores”
Y agrega: “Al ocultarse el proceso productivo que está detrás de la creación intelectual… la obra histórica aparece como un fruto individual, no social… el historiador puede presentarse como un científico objetivo, distante de las fuerzas sociales que pesan sobre los demás mortales” (137)
Florescano se queja de la ausencia de “práctica política”, de la falta de “participación social” de estos profesores e investigadores” que “redujo sus vínculos con los acontecimientos del presente” (145). Más adelante el autor nos recuerda el affaire Dreyfus en el siglo XIX, que “unió en Francia la tradición de la historia por la búsqueda de la verdad con el compromiso cívico del ciudadano” (330)
Y cita las palabras de Ernest Lavisse, quien dijo que el deber principal del profesor y del historiador era “formar los ciudadanos de la nación” (331) O las de Gabriel Zaid, que observó que intelectual es “el escritor que opina en cosas de interés público con autoridad moral entre las élites” (331)
Y es que, en efecto, una visión crítica de la historia no puede estar separada de una visión crítica del presente. El historiador tiene que cuestionarse, por lo tanto, también su circunstancia actual para reflexionar sobre el pasado. Y esta reflexión no es, no pude ser, aislada, individual, sino que está necesariamente ubicada en un determinado contexto social y político.
Casi al final de su libro EFC nos brinda una suerte de conclusión: ”Este panorama esquemático de la obra y pensamiento de algunos distinguidos historiadores de todos los tiempos muestra que en la disciplina histórica no hay propiamente lo que pudiéramos llamar un canon, un modelo único, sino que lo que es común es una conversación a varias voces… la cultura es una continua conversación entre una variedad de voces entre ellas la voz de la historia que es
también polimorfa y se enriquece y mimetiza con las más variadas formas de narración y recreación del pasado” (349). Es decir que, la narración de historias múltiples reclama un diálogo que enriquece las distintas versiones del presente y del pasado.
Sin embargo, esa conversación plural, tolerante e incluyente, no parece ser la situación dominante, hoy y aquí. Florescano nos advierte: “Vivimos un presentismo globalizado, con el resultado de que la historia ha perdido su papel como ciencia de la diferencia y como instrumento de comprensión de la diversidad y pluralidad propias de la comunidades humanas” (354)
Y es que como dice Gray, la Academia ( fuera de la torre de marfil que critica Florescano) y el mainstream en los medios de comunicación, han tratado de imponer una visión de la historia que no admite diálogo ni cuestionamiento pues se presenta como la historia única, como el fin de la historia. Se trata, como dice Gray en Black Mass, de “las teorías neo-conservadoras que proclaman que el mundo está convergiendo hacia un solo tipo de gobierno y de sistema económico – la democracia universal y el mercado libre global” (p. 39 según la edición electrónica de Penguin).
Gray agrega: “Los neoliberales creen que la condición más importante de la libertad individual es el libre mercado. La magnitud o alcance del gobierno debe ser estrictamente limitado. La democracia es deseable pero debe ser restringida para proteger la libertad de mercado. El libre mercado es el sistema económico más productivo y por lo tanto tiende a ser emulado en todo el mundo. El libre mercado no sólo es el modo más eficiente de organizar la economía sino también el más pacífico. En la medida en que se expanden, las fuentes del conflicto humano se reducen. En un mercado libre globalizado las guerras y las tiranías desaparecerán. La humanidad avanzará a alturas insospechadas. (1526)
La conclusión de Gray es, sin embargo, muy provocadora:
Los mitos dominantes de occidente han sido narrativas históricas y la moda ha sido ver estas narraciones como una necesidad humana básica. Los seres humanos somos contadores de historias, hemos llegado a pensar, que no pueden ser felices hasta que ven al mundo como una historia, como una narración. En los pasados dos siglos el guion dominante de la historia ha sido el del progreso humano, pero también ha incluido el cuento de un mundo asediado por fuerzas oscuras y destinado a su destrucción…. Los humanistas liberales han hablado de una humanidad que avanza, poco a poco, en un proceso gradual de mejoramiento” Pero no sólo ellos…. En todas estas versiones de la historia (que incluye a los marxistas) la historia se cuenta como una narrativa coherente y “nada es más amenazante que la idea de que es un flujo serpenteante, sin rumbo (meandering, dice Gray en el original)” es decir, sin propósito ni dirección (3640)
Contar la historia sin fines ni fin. En eso podemos estar de acuerdo, incluso creo que EFC coincide en su libro con esta idea; incluso podríamos aceptar también en que la idea de progreso debe ser sustituida por la desigualdad o la diferencia en la evolución y por lo tanto en el progreso en una sociedad respecto a su pasado, es decir aceptar que en algunas cosas
mejoramos y en otras empeoramos si comparamos el hoy con el ayer. O que hay diferencias en el mundo respecto a sus diferentes regiones o historias locales o nacionales. Ello centraría el estudio de la historia en los cambios y continuidades, como quiere Florescano, en una historia crítica. Pero la conclusión extrema de Gray es inquietante: además de esta disparidad, de esta diversidad de historias, hay que hacerse cargo de que su narrativa es incoherente. Se puede contar una historia o varias historias pero todas ellas al final, carecen de sentido.
Yo me quedo con esta duda pues aún descartando la idea de la historia lineal que avanza hacia un fin determinado, creo en la narrativa histórica como una manera de contar aspiraciones, proyectos, deseos de la gente, que, allá fuera, como diría Florescano, piensa en la posibilidad de que otro mundo es posible, quiere construir un futuro distinto, revisando, criticando, reconstruyendo su pasado.

Fin de la presentación 05/03/13

jueves, 21 de febrero de 2013

Un comentario crítico al Pacto por México


EL PACTO del 2D, EL FONDO Y LA FORMA
Saúl Escobar Toledo

En la firma oficial del Pacto por México, celebrado el 2 de diciembre en el Castillo de Chapultepec, el secretario de gobernación advirtió que el pacto se había negociado en secreto durante varios meses. Otras declaraciones  de los firmantes confirman que, en efecto, las reuniones se celebraron en forma privada y exclusivamente por los representantes de los partidos, el llamado equipo de transición de Peña y el propio Presidente.
La razón esgrimida ya no en público sino en corto,  fue que esa secrecía era necesaria para evitar presiones de los poderes fácticos a los que se supone va a afectar el pacto. Esos poderes fácticos que  en el documento se  refieren como de una “creciente influencia (que)… frecuentemente reta la vida institucional del país y se constituye en un obstáculo para el cumplimiento de las funciones del Estado mexicano”.  Poderes que no han sido identificados pero se supone que son los dueños de los monopolios de la televisión, de la telefonía y la cúpula dirigente del SNTE.
Esta razón, sin embargo, no es muy consistente. En primer lugar porque el Pacto es en realidad una agenda de reformas que, sobre todo en el caso de esos poderes fácticos, no están plenamente definidas ni mucho menos fueron culminadas con la firma del castillo de Chapultepec. En todo caso, esos poderes tienen todavía mucho tiempo para maniobrar y evitar que esas buenas intenciones pasen a ser realidad,  que se traduzcan en leyes y políticas que en realidad afecte los grandes monopolios.
En segundo lugar, ya se vio que la secrecía no fue tan eficiente pues unas horas antes de su firma logaron, en el caso de la televisión, alterar el pacto, suavizándolo. Ver el cambio de la redacción del compromiso número 43:
Decía el pacto:
Se licitarán más cadenas nacionales de televisión abierta, implantando reglas de operación consistentes con las mejores prácticas internacionales, tales como la obligación de los sistemas de cable de incluir de manera gratuita señales radio difundidas, así como la obligación de la televisión abierta de ofrecer de manera gratuita sus señales a operadores de televisiones de paga (must carry, must offer), imponiendo límites a la concentración de mercados y a las concentraciones en una sola persona moral o física que detente participación accionaria en varios medios masivos de comunicación que sirvan a un mismo mercado, para asegurar un incremento sustancial de la competencia en los mercados de radio y televisión. (Compromiso 43)

Y finalmente quedó:
Se licitarán más cadenas nacionales de televisión abierta, implantando reglas de
operación consistentes con las mejores prácticas internacionales, tales como la
obligación de los sistemas de cable de incluir de manera gratuita señales radio
difundidas (must carry), así como la obligación de la televisión abierta de ofrecer de
manera no discriminatoria y a precios competitivos sus señales a operadores de
televisiones de paga (must offer), imponiendo límites a la concentración de
mercados y a las concentraciones de varios medios masivos de comunicación que
sirvan a un mismo mercado, para asegurar un incremento sustancial de la
competencia en los mercados de radio y televisión. (Compromiso 43)

En el curso de las próximas semanas, meses y años, la reacción de los poderes fácticos se verá más claramente. La secrecía en la fase de preparación del Pacto no podrá condenarlos al silencio y a la inacción. Ahí están por ejemplo los pronunciamientos del CCE y COPARMEX sobre la reforma fiscal insistiendo en la generalización del IVA.
Pero entonces ¿Cuál fue la intención del secreto negociador? Seguramente fue dar la sorpresa, no sólo a los poderes fácticos, sino a todos los que no estuvieron incluidos en esos debates. Sorpresa que en efecto tuvo lugar en los propios partidos y en otros actores políticos y sociales. Esa sorpresa estuvo pensada entonces no tanto para impedir cualquier  maniobra que evitar la posposición de  la firma del famoso Pacto. Es decir, el Pacto tenía que firmarse pocos días antes o después del 1º de diciembre.
Su oportunidad era esencial no tanto para asegurar que todo lo escrito se cumpla o se concluya hasta sus últimas consecuencias pues éstas no están todavía claras ni para los firmantes ni para los no firmantes. La verdadera negociación se abre, no se cierra con la firma del Castillo.
La firma en esas fechas era  fundamental para los fines políticos del Presidente y su gobierno. Con la sorpresa y la oportunidad de su anuncio, poco antes o poco después del 1º de diciembre el nuevo gobierno  quería lograr: primero, inaugurar su periodo presidencial con un anuncio que lo pinta como un gobierno reformista. Contraviene así las opiniones de quienes hablaban de una restauración del PRI como un regreso al pasado. Ya hay quien habla, en el extranjero, de un Lula priista. En segundo lugar, el anuncio de las reformas representa un punto de comparación con su antecesor, quien como sabemos se inauguró con la  declaración de guerra al crimen organizado. Peña se perfila como un gobierno que busca su consolidación o legitimación en el poder con nuevas políticas y leyes, no con el uso del ejército. El eje que va a guiar su gobierno no será más la violencia sino las reformas.
En tercer lugar, la firma le sirvió para tomar la iniciativa: frente a distintas fuerzas políticas, sociales y económicas. El gobierno Peña lanza una especie de hoja de ruta de su gobierno para casi todo el sexenio. De ahí la amplitud de los temas y los plazos. De esta manera,  se dota de un plan que le permitirá, si interpreto bien sus intenciones,  administrar los tiempos de su gobierno y la negociación con los diferentes actores políticos y sociales. Estos últimos tendrán que moverse en función del pacto y no, como sucedió con Calderón, que las fuerzas políticas y económicas y sociales determinaron  la agenda del gobierno.
En cuarto lugar, el Pacto sirve al Presidente para que en efecto logre culminar algunas reformas, quien sabe si todas, pero si aquellas que más le interesen. Hasta la privatización PEMEX o el aumento al IVA, pueden justificarse con el Pacto aunque éstas no vengan redactadas de esta manera.

Finalmente, la firma del Pacto le permite aislar a los no firmantes, no quedando para éstos más remedio, como también se dijo el día 2 en el Castillo, que sumarse a él o quedar fuera de estas negociaciones.
El Presidente ganó y mucho con la firma del Pacto. Imagen, prestigio, fuerza política y control del momento histórico. Los partidos de oposición en cambio, se colocaron como acompañantes del Presidente y su partido, no como las contrapartes de la negociación. De ahí que la necesidad de la secrecía de las negociaciones y la oportunidad de su suscripción fueran impuestas, con éxito,  por el equipo del futuro presidente.
La dirigencia del PRD que firmó el pacto cayó en este engaño probablemente porque pensó que sólo una alianza de la clase política sería eficaz para enfrentar con éxito a los poderes fácticos  e imponer un conjunto de reformas progresistas o al menos democráticas.  También compró la idea, difundida por el gobierno, de que como ningún partido, por sí solo, tiene mayoría absoluta en las Cámaras, necesita a los demás para emprender los cambios. De esta manera, una alianza entre esos partidos resulta no sólo necesaria sino también encomiable.
No comparto esta visión porque es evidente, en primer lugar, que la clase política responde a diversos intereses y visiones. Nada más natural entonces que sus propuestas sean diversas y, en muchas ocasiones, incompatibles. Ello es así particularmente  en el caso de los grandes temas nacionales lo que incluye el tratamiento  de los poderes fácticos, los grandes monopolios políticos y económicos. Los intereses de esos monopolios están en los partidos, no fuera de ellos. La posibilidad del acuerdo, que nunca hay que descartar, estará dada entonces en función de la fuerza que se pueda convocar por las distintas expresiones políticas. Por eso, al PRD y a las fueras progresistas le conviene una negociación abierta y transparente. No el acuerdo a puerta cerrada.
Por otro lado, la supuesta inmovilidad política producida por el reparto de posiciones en el Congreso, no es completamente cierta. El país ha sufrido un amplio conjunto de reformas que bajo la inspiración neoliberal se han impuesto constantemente desde hace más de tres décadas, o si se quiere desde 1997, cuando el PRI perdió la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados. Que esas reformas no hayan producido soluciones a los grandes problemas nacionales y en cambio hayan tenido resultados adversos al desarrollo nacional, se debe no a la parálisis legislativa, sino al sentido de esas reformas. Es el caso, ejemplar, de la llamada reforma laboral aprobada recientemente.
Está claro que los gobiernos no han podido conseguir todo lo que deseaban, debido a la renuencia, en algunos casos, de la oposición representada por los partidos. Y también que por ello, la necesidad de la negociación y la posibilidad de llegar a acuerdos entre proyectos distintos. Pero, en todo caso, ello plantea la necesidad, en este caso para la oposición de izquierda, de construir un esquema de negociación  distinto al del pacto del 2D. Un esquema que partiera del reconocimiento de la existencia de distintas agendas y propuestas, y no de la apariencia de que todos apoyan todo.
Más allá de los errores de la dirigencia firmante del PRD, y de las ganancias obtenidas por el gobierno,  hay que decir que la privacidad  y  celeridad  del Pacto también están produciendo costos. Uno  de ellos, ha sido la disputa interna dentro del PRD. Con razón, los miembros de la dirección del partido y las corrientes que no fueron incluidas se sienten no sólo sorprendidos sino también burlados. Pero puede haber  otros costos: el aparente consenso dentro de las fuerzas políticas firmantes puede diluirse en algunos puntos importantes. Muchos acuerdos del Pacto son meros anuncios de leyes que se van a proponer pero obviamente el texto no está. En la redacción de esas leyes puede aparecer y seguramente aparecerá la discrepancia. Si a ello sumamos la presión de los poderes fácticos y de otros actores no fácticos, la cosa se puede complicar mucho.
Hasta las políticas públicas anunciadas, que no requieren modificaciones legales, están sujetas al a ver si se puede,   pues para ponerlas en práctica se requiere dinero.
Ya lo vimos con el Presupuesto 2013. Se trata de un proyecto pro-cíclico como dirían los economistas, es decir que no busca frenar la recesión y el estancamiento de la economía mundial sino navegar con ella. En este sentido se trata de la misma política económica que se ha aplicado en los últimos 30 años. Y que ha dado por resultado un crecimiento muy bajo y muy pocos empleos.
Así para el próximo año se busca un crecimiento menor, no mayor al de 2012 (3.5 contra 3.9%), pero eso si, una inflación menor, no mayor (3.8 vs. 3.0%), un déficit público de 2.0% (con Pemex vs. -2.4 del 2012).
Por otro lado, para que se cumplan o traten de cumplirse otros compromisos, sobre todo de política social, tiene que salir el dinero de algún lado y no puede ser de otro que no sea una reforma fiscal pues el gobierno descarta el endeudamiento y por lo tanto un mayor déficit público. Y aquí hay un verdadero problema pues se requiere una reforma fiscal de mucho fondo que aun y dándole la razón a los mal pensados, no alcanzará con subir el IVA. Por ello,  si esa reforma fiscal no es lo suficientemente ambiciosa o tarda en aplicarse,  los compromisos se van ir posponiendo o se irán achicando.
Así:
El 42% de los acuerdos del Pacto por México previstos para iniciar su instauración en 2013 están condicionados a la aprobación de la reforma fiscal que habrá de empezar a discutirse en el Congreso de la Unión sólo a partir del segundo semestre.

De acuerdo con la calendarización del Pacto por México, la implementación completa de 38 de los 89 puntos -planteados de manera conjunta por el Ejecutivo federal, PRI, PAN y PRD- está sujeta a la aprobación de una reforma integral
En el terreno educativo, tres de los cuatro puntos incluidos en el acuerdo requieren de la reforma fiscal para cumplir con sus objetivos, incluyendo la operación de 40 mil escuelas de tiempo completo, la cobertura de 80% en educación media superior y 40% en educación superior, así como la cobertura total de para los sectores más vulnerables de la población, previstos para finales de 2018, además de consolidar el Sistema Nacional de Evaluación Educativa, autonomía en la gestión de las escuelas, la repartición de computadoras portátiles con conectividad a internet y la protección del patrimonio cultural.

Otro punto tiene que ver con el acceso universal a los servicios de salud y pensiones para los adultos mayores de 65 años.

Otro riesgo de las premuras y la secrecía, además de la ruptura de los consensos y la imposibilidad de cumplirlos por falta de financiamiento, reside en el manejo de los tiempos. La sorpresa ha sido muy favorable para Peña, pero en muy poco tiempo pueden surgir otros problemas. Dos factores amenazan objetivamente todo el programa o la hoja de ruta que en realidad es el Pacto: la situación económica mundial y la situación interna.
La primera se refiere a la economía norteamericana que aunque ya libró el famoso fiscal cliff o  precipicio fiscal, todavía no sale del atorón político y de los riesgos de una caída en su crecimiento.  Un problema similar se refiere a  las economías europeas, sobre todo: Grecia y España,  que ya viven su  abismo fiscal desde hace tiempo, o por la aparición de otra crisis financiera surgida en aquel lado del Atlántico. Con ello se provocaría una verdadera emergencia económica nacional en nuestro país que cambiaría no sólo los tiempos del Pacto sino quizás hasta sus prioridades
Nadie, hoy, ni el FMI, auguran ni  pueden garantizar un panorama estable y, mucho menos, de crecimiento de la economía mundial. La evolución de ésta, precisamente por su incertidumbre puede ser un factor que cambie la sustancia del Pacto.
El Pacto se ocupa de este tema de la siguiente manera:
“La situación económica en varias regiones del mundo se deteriora con gran rapidez. México cuenta con instituciones políticas, económicas y financieras que le han permitido sortear con estabilidad y certeza esta difícil situación mundial. Sin embargo, el país debe seguir tomando medidas preventivas para hacer frente a las posibles contingencias que se le presenten”.
Pero esas medidas preventivas no están en el Pacto aunque pueda deducirse del párrafo anterior que las políticas conservadoras de los últimos sexenios se van a seguir aplicando para hacer frente a las contingencias del exterior. Y en consecuencia que si las cosas se agravan tendrán que aplicarse las recetas que ya todos conocemos: en primer lugar, ajustes presupuestarios con reducción del gasto y aumento de impuestos.

Según el banco Mundial, el crecimiento para 2013 se presenta así:
Países en desarrollo = 5.5
Brasil, Argentina = 3.4
México= 3.3 (vs. 3.5%)
Estados Unidos = 1.9 (vs 2.1 del gob. Mex.)
Economías industrializadas = 1.3
Zona Euro = -0.1


Internamente, los factores domésticos, también presentan riesgos inmediatos. La violencia no ha mermado en los primeros días del nuevo gobierno. Está, eso sí, un poco olvidada, que es precisamente lo que se deseaba con la firma del Pacto, poniendo en los medios y en la imaginación popular, otros temas. Pero por lo pronto, ya dijo el Presidente que el ejército va a seguir en las calles. Y en el presupuesto 2013, los recursos destinados a la seguridad pública no se reducen. Es decir no veremos un cambio de políticas a corto plazo. Incluso algunas medidas anunciadas en el Pacto y fuera del Pacto que tienen que ver con este asunto, pueden costar más recursos. Ver los acuerdos 75, 75 y 76, sobre todo los dos últimos que precisamente por ello se contempla su culminación hasta el 2018.
Ya se sabe que en un presupuesto nunca alcanza para todo. Pero en las prioridades del presupuesto 2013 se distingue Gobernación y Seguridad Pública (antes de su desaparición) con aumentos de casi el 40 y más del 11%. En cambio, Comunicaciones y Transportes no crece.
El programa social más importante será el de 65 y más con 26 mil millones de pesos. (frente a un gasto total de casi 4 billones de pesos este programas representa alrededor del 0.5% )

¿Había otra forma de hacer las cosas que no estuviera basada en la secrecía y la premura? Creo que la hubo y la hay.  Lo mejor hubiera sido anunciar el Pacto no como eso, un Pacto, sino como una agenda en la que se incluyeran los temas y compromisos, pero también las discrepancias, los asuntos en los que los negociadores no llegaron a un acuerdo, y que esta agenda se sometiera a un mesa más amplia con otros actores políticos y sociales, para  entonces sí, pactar  acuerdos más concretos y precisos, definir prioridades y asegurar su cumplimiento.
Si se compara, como les gusta a muchos, este pacto con los de la Moncloa, habrá que decir que aunque naturalmente hubo negociaciones secretas previas, dichos Pactos se negociaron  públicamente durante más de 15 días (del 8 al 26 de octubre de 1977) entre el Presidente Suárez y los representantes de los partidos, lo que dio lugar a otros acuerdos que se firmaron el 27 y que fueron adoptados por el Congreso. También participaron y firmaron  las organizaciones patronales y sindicales. Además los acuerdos del pacto fueron en su mayoría muy precisos, aunque no estuvieron del todo ausentes algunas generalidades.
Toda comparación es por supuesto odiosa y sobre todo forzada. Pero basta ilustrar el ejemplo de eso famosos pactos españoles para sostener la idea de que había otra forma de hacer las cosas.
Pero así como salió, el pacto mexicano del Castillo de Chapultepec,  acordado en secreto, excluyendo a muchos y publicado con premura calculada, puede convertirse en un documento de importantes réditos políticos  para el Presidente pero con pocos beneficios para el país. Por lo menos,  sus resultados son, hoy, inciertos. Pueden surgir grandes reformas en un sentido o en otro. Puede salir pequeñas reformas que no cambien en lo sustancial, casi nada. O pueden adoptarse políticas, bajo las presiones interna o externas, que dejen a un lado la hoja de ruta llamado pacto.
El resultado real del documento firmado el 2D  dependerá también de lo que siga. Continuar  por el método del secreto y la exclusión, no creo que ayude a obtener buenos resultados. Si se cambia  la forma, abriendo la negociación y haciéndola transparente, los resultados pueden ser mejores.
Es curioso que en el documento oficial, según la Presidencia de la República, (disponible en http://www.presidencia.gob.mx/wp-content/uploads/2012/12/Pacto-Por-M%C3%A9xico-TODOS-los-acuerdos.pdf) se hayan eliminado cuatro partes del documento no oficial: la introducción que leyó el Secretario de Gobernación (la carátula, le llamó) que hace referencia a los poderes fácticos, dos,  los acuerdos presupuestales 2013, tres, el “método de trabajo” que incluye la formación de un Consejo Rector y de una Coordinación Técnica, así como de las “reglas de procedimiento”. Y cuatro, también se eliminó la parte final, que es básicamente el cronograma que señala el año de inicio y la culminación de implementación de los compromisos.
Quizás la Presidencia simplemente no consideró necesario incluir estas partes y publicar como documento oficial sólo el listado de compromisos,  o también puede ser que esas partes simplemente no fueron firmadas, sino solo convenidas de palabra, porque pueden ser modificadas en el futuro.
A pesar de ello, vale la pena revisar  la parte IV, el “método de trabajo” :
“El Consejo Rector: tendrá la responsabilidad de articular las negociaciones centrales,  definir objetivos, determinar mesas de trabajo por materia y/o reforma, establecer un calendario de trabajo y elaborar las iniciativas de ley que se requieran, para someterlas a la discusión del Congreso de la Unión”.
“Estará integrada por tres representantes designados por el Presidente de la República, Enrique Peña Nieto; tres representantes designados por el Presidente del Comité Ejecutivo Nacional del Partido Acción Nacional (PAN), Gustavo Madero; tres representantes designados por el Presidente del Comité Ejecutivo Nacional del Partido Revolucionario Institucional (PRI), Pedro Joaquín Coldwell; y tres representantes designados por el Presidente del Comité Ejecutivo Nacional del Partido de la Revolución Democrática (PRD), Jesús Zambrano”.
Dos problemas saltan aquí: el primero, que es un organismo que no actuará públicamente, informará cuando lo juzgue conveniente y sólo por consenso de todos. Es decir, las negociaciones seguirán realizándose en lo oscurito. Y el segundo, que elaborará las iniciativas de ley para su discusión en el Congreso. Ejemplos de este proceder ya lo vimos con la reforma constitucional en materia de educación. La tal reforma ni se consultó ni se debatió y los congresos sirvieron poco más que como simples oficinas de trámite.

(No está claro si estas iniciativas serán presentadas formalmente por el Presidente o por los diputados de todos los partidos o de alguno de ellos,  pues está claro que el tal Consejo no tiene facultades para presentar legalmente ninguna iniciativa. El problema, sin embargo, es que la intención sea planchar los proyectos de ley para asegurarse que los diputados y senadores los aprueben en sus términos. Si estas es la intención, el resultado puede ser contraproducente. Querer suprimir el debate  o suplantar al Congreso de la Unión es un error.
Para subsanarlo, el método de trabajo debería ser otro: los compromisos deberían ser entregados a una comisión de diputados y senadores de todos los partidos que, divididos en mesas,  de acuerdo a las comisiones a las que están adscritos en el Congreso, elaboren los proyectos de ley. Ello permitiría hacer transparentes las negociaciones, consultar a la sociedad, y respetar la autoridad y la autonomía del Congreso. Cuestión de formas, pero a mi manera de ver, un asunto esencial.)
(Otra problema de forma: “la Coordinación Técnica: tendrá la responsabilidad de dar seguimiento a los acuerdos del Consejo Rector y a los acuerdos de las mesas de trabajo por materia, así como instrumentar las acciones de comunicación y difusión a la opinión pública. Los miembros de la Coordinación Técnica serán designados de la siguiente manera: un representante del Presidente de la República; un representante del Presidente del PAN; un representante del Presidente del PRI; y un representante del Presidente del PRD”.
O sea que sólo los jefes de los partidos y la Presidencia podrán informar de los trabajos para hacer realidad los compromisos del Pacto. Más secrecía, opacidad y exclusión. El derecho a la discrepancia quedará secuestrado pues de otra forma se correría el  riesgo de romper la dinámica del Pacto.
Se dice también que se invitará a otras fuerzas políticas a sumarse al Acuerdo. Pero bajo estas reglas es probable que solo le interese a los aliados del PRI.
En fin, que las formas no abonan o no perfilan un resultado óptimo del Pacto por lo menos desde la óptica de la oposición de izquierda.)

Veamos ahora el contenido.
El Pacto contiene muchas propuestas, se trata de 95 compromisos algunos de los cuales incluyen más de una reforma legal o acción de política pública. Su análisis es complejo no sólo por el número sino también por su diversidad: hay compromisos que no están cuantificados, propuestas sin contenido específico o con una redacción ambigua que se presta a diversas interpretaciones pero hay también otras más sustanciosas. Así las cosas, podemos clasificarlas, simplemente, como  buenas, malas y regulares. Un análisis más de fondo tendría que ser materia de un trabajo colectivo y más laborioso.

Las buenas, según esta clasificación personal, son aquellas propuestas que incluyen  políticas públicas o anuncios de proyectos de ley que resultan significativos o tienen  cierto grado de precisión.
Son las siguientes:
La portabilidad de las coberturas para que todos los asegurados puedan ser atendidos en cualquiera de los sistemas públicos de salud a su elección; y la convergencia de los sistemas para igualar gradualmente la cobertura y calidad de todos ellos. (Compromiso 1) inicia 2013 termina fines de 2018 sin reforma legal Sujeta a reforma hacendaria. Es lo que se ha llamado la universalización de la seguridad social.
Prohibir en las escuelas los llamados alimentos chatarra. (Compromiso 2) inicia 2013 termina 2014
El programa “70 y más” pasará a ser “65 y más”. Como un segundo paso, se establecerá una cuota social adicional aportada por el Gobierno Federal a una cuenta individual a todos los Mexicanos al cumplir 18 años y hasta la edad de 65 años, para dar plena portabilidad a los beneficios pensionarios de la población a lo largo de su vida. (Compromiso 3) Presupuesto 2013 se refuerza programa actual bajando la edad a 65 años.  En el segundo semestre de 2013 se presenta reforma legal para establecer cuota social para fondear cuenta individual. Sujeta a reforma hacendaria. 26 mil millones de pesos para 2013

Seguro de Desempleo que cubra a los trabajadores del sector formal asalariado cuando pierdan su empleo para evitar un detrimento en el nivel de vida de sus familias y les permita buscar mejores opciones para tener un crecimiento profesional y patrimonial. (Compromiso 4) Hasta 2014 reformas legales empezaría a operar en 2016.  Sujeta a reforma hacendaria
Un sistema de seguros de vida para Jefas de familia para proteger la seguridad económica de sus hijos en caso de fallecimiento (Compromiso 5) Presupuesto 2013. No sujeto a reforma hacendaria. 400 millones de pesos en 2013
Se establecerán escuelas de tiempo completo con jornadas de entre 6 y 8 horas diarias(Compromiso 10) reforma legal en 2012 meta de 40 mil escuelas en 2018. Sujeta a reforma hacendaria
Se instrumentará un programa de dotación de computadoras portátiles con conectividad para todos los alumnos de 5to y 6to de primaria de escuelas públicas promoviendo la alfabetización digital (Compromiso 11) Presupuesto 2013 en tres entidades del país. 2015 culmina en todas las escuelas del país. Sujeto a reforma hacendaria. 1,000 millones de pesos para 2013. Véase por ejemplo que para la nueva Gendarmería Nacional = 1,500 millones de pesos
Se asegurarán los recursos presupuestales necesarios para incrementar la calidad y garantizar la cobertura en al menos al 80% en educación media superior y en al menos 40% en educación superior. (Compromiso 14) culmina hasta 2018. Suejto a reforma hacendaria
Un Programa Nacional de Becas para alumnos de Educación Media Superior y Superior  aunque focalizado (compromiso 15) Presupuesto 2013 programa piloto. Cobertura total hasta 2018 para familias de los primeros 4 deciles. Sujeta a reforma hacendaria. 6 millones de pesos para 2013
Ley reglemanteria de l art 1 Constitucional sobre reparación de violación de derechos humanos se presenta proyecto de ley en 2013 , culmina 2015.
Ley reglamentaria del art. 29 constitucional que norme la suspensión de garantías mindividuales Proyecto ley a  fines de 2013 culmina implementación 2015
Ley reglamentaria del art. 33 en materia de expulsión de extranjeros  Se Inicia ley el primer semestre de 2013 culmina primera mitad del 2015.
Reforma a la Ley de la Comisión Nacional de Derechos Humanos. Se presenta propuesta en segundo semestre de 2013  termina implementación primer semestre de 2015. (25)
Reformas para garantizar la autonomía de los organismos locales de derechos humanos del segundo semestre de 2013 a primer semestre de 2015., (26)
Una solución para que entre en vigor la Ley de atención a víctimas: hasta segundo semestre de 2013 se presenta legislación. Termina implementación el primer semestre de 2015. (27) Sujeta a reforma hacendaria  En debate los recursos para su implementación
Ley sobre el uso legítimo de la fuerza pública (28) Se presenta proyecto legislstivo en 2013 termina implementación primera mitad de 2015.
Se actualizará el marco jurídico para prevenir y sancionar eficazmente los actos inhumanos y degradantes, así como la tortura, la crueldad y la desaparición forzada. (Compromiso 32) Legislación o mecanismo en 2013 termina implementación en 2015.
Fortalecer a la Comisión Federal de Competencia (CFC) otorgándole facultades para partición de monopolios (37) se presenta iniciativa de ley en 2013
Derecho constitucional a la banda ancha se presenta iniciativa en 2013. Culmina implementación en 2018. (39) se presenta proyecto legislativo en 2013 termina implementación en 2018.
Se reforzará la autonomía y la capacidad decisoria de la Comisión Federal de Telecomunicaciones para que opere bajo reglas de transparencia y de independencia respecto de los intereses que regula. (Compromiso 40)

Acceso a la banda ancha en sitios públicos bajo el esquema de una< red pública del estado (42) Inicia y culmina en 2013. No sujeta a reforma hacendaria
Se licitarán más cadenas nacionales de televisión abierta (43) se presenta legislación en 2013. Termina implementación en 2018,

Inversión del 1% del PIB en ciencia y tecnología (46) inicia y culmina en 2013 pero sujeta a reforma hacendaria.
Nueva ley de agua potable y saneamiento y reforma  ala ley de Aguas Nacionales (52). Proyecto de ley en 2013.
Nueva Ley para la Explotación Minera que revise el esquema de concesiones y pagos de derechos federales vinculados a la producción (61) Proyecto ley en 2013. Sujata a reforma hacendaria
Se prohibirá la explotación minera del carbón mediante tiros verticales, en tanto no se garantice la plena seguridad de los trabajadores mineros que eviten las tragedias que han sucedido en este sector.  (Compromiso 61) idem
Se cambiará el marco legal para que la banca comercial y las instituciones de crédito presten más y más barato, incluyendo una revisión de la ejecución de garantías, respetando íntegramente los derechos de todos los acreditados actuales. Así como reducir el costo de los servicios financieros (63) Se presenta proyecto en 2013.
Nueva Ley Nacional de Responsabilidad Hacendaria y Deuda Pública para las entidades federativas y municipios. Proyecto de ley en 2013.

Se revisará la Ley de Coordinación Fiscal para construir una relación más equitativa entre la Federación y las entidades federativas .(70) proyecto de ley segundo semestre de 2013.

Se eliminarán los privilegios fiscales, en particular, el régimen de consolidación fiscal (72)  Se presenta proyecto de ley en el segundo semestre de 2013, culmina implementación en 2018.


Nuevo sistema de cumplimiento de penas por delitos menores Para 2013 pero sujeto a reforma hacendaria

Reforma constitucional para hacer del IFAI un órgano constitucional autónomo ya se presentó reforma debe aprobarse en 2012.

Adelantar la fecha de toma de posesión del Presidente para 2024. Se presenta proyecto legislativo en primer semestre de 2013. Culmina hasta 2024.

Ley general de partidos. Se presenta proyecto legislativo en el segundo semestre de 2013.

Reforma electoral: Se presenta proyecto legislativo en segundo semestre de 2013.
·         Reducción y mayor transparencia del gasto de los partidos.

·        Disminución en el monto de los topes de campaña.

·        (Incorporación a las causales de nulidad de una elección lo siguiente: 1) el rebase de los topes de campaña; 2) la utilización de recursos al margen de las normas que establezca el órgano electoral; y 3) la compra de cobertura informativa en cualquiera de sus modalidades periodísticas, con la correspondiente sanción al medio de que se trate)

·        Revisión de los tiempos oficiales de radio y televisión para impulsar una cultura de debate político y una racionalización del uso de los anuncios publicitarios.

·        Prohibir el uso y la entrega de utilitarios de promoción electoral, tales como materiales plásticos, materiales textiles, despensas y materiales de construcción.

·        Fortalecer la legislación para evitar el uso de esquemas financieros y/o recursos de origen ilícito con el propósito de inducir y coaccionar el voto.

·        Crear una autoridad electoral de carácter nacional y una legislación única, que se encargue tanto de las elecciones federales, como de las estatales y municipales.

Reforma del Distrito federal : Se revisarán  las facultades del Jefe de Gobierno y de la Asamblea Legislativa del DF.y Se definirá un esquema del Distrito Federal que considere su carácter de capital de la República (91)
 Se presenta proyecto de ley el primer semestre de 2013 con la instalación de una Mesa Nacional la iniciativa deberá estar en 2014.   sobre todo:
Constitución propia al Distrito Federal
En el orden de gobierno delegacional o equivalente se impulsará la elección de gobiernos colegiados con representación plural, semejante a los ayuntamientos, acorde a la presencia de las fuerzas políticas en cada demarcación

Reforma política: primer semestre de 2013 se presentarán los proyectos de ley.
·        Ley reglamentaria de candidaturas independientes.

·        Ley reglamentaria de iniciativa ciudadana.

·        Ley reglamentaria de iniciativa preferente.

·        Ley reglamentaria de la consulta popular.


Limitaciones en el ejercicio del gasto en publicidad de cada entidad pública


En la clasificación de malas o negativas, ponemos aquellas propuestas que tienen una redacción ambigua que pueden abrir la puerta a decisiones contrarias al interés nacional y al programa del PRD, y también aquellas que explícitamente son inaceptables desde una posición de izquierda o progresista pues representan un claro retroceso.
Protección del patrimonio cultural. México tiene cerca de cien mil sitios arqueológicos y monumentos históricos. Es necesaria su protección a través de una legislación que reconozca las nuevas relaciones entre la Federación y los gobiernos de las entidades federativas y los municipios. De igual forma, la adecuada restauración, sobre todo de los sitios arqueológicos, permitirá una vinculación más eficaz entre la cultura y la promoción turística detonando el empleo y el desarrollo regional. (Compromiso 16) En el segundo semestre de 2013 se presentará el proyecto de ley.

PEMEX.Se ampliará  la capacidad de ejecución de la industria de exploración y producción de hidrocarburos mediante una reforma energética para maximizar la renta petrolera para el Estado mexicano. (Compromiso 56) Primer semestre de 2013 se presentará legislación
Se realizarán las reformas necesarias para crear un entorno de competencia en los procesos económicos de refinación, petroquímica y transporte de hidrocarburos, sin privatizar las instalaciones de PEMEX. (Compromiso 57) Primer semestre de 2013 iniciativa de ley.
Muy distinto al proyecto presentado por el Ing. Cárdenas:

La propuesta estará enfocada en :
a)     Cambiar el régimen fiscal de Pemex, disminuyendo  sustancialmente la tasa fiscal sobre producción petrolera para aplicar una agresiva política de inversión pública.
b)      Garantizar la Autonomía Presupuestal en Pemex; para ello se propone dotar de Autonomía plena para aprobar y hacer uso de sus recursos presupuestales sin necesidad de contar con la anuencia de la Secretaría de Hacienda.
c)     la Autonomía de Gestión
d)       convertir al fondo de estabilización de ingresos petroleros en un organismo financiero y vincular los rendimientos del Fondo a propósitos nacionales de largo plazo como las pensiones, la educación, y/o la investigación científica y tecnológica.
e)     Impulsar la investigación  y el desarrollo tecnológico.
f)      La  transición energética que requiere no sólo la sustitución de energía fósiles
por energías limpias y una elevación de la eficiencia, sino también que Pemex se convierta en rector y ejecutor directo de la Transición Energética en nuestro país.

Reforma fiscal.Se revisará el diseño y la ejecución de los impuestos directos e indirectos. (Compromiso 72) Segundo semestre de 2013 se presentará inicativa legislativa. Implementación hasta 2018. 

Subsidios. Algunos ejemplos de estos subsidios se encuentran en el sector energético y en el campo. No se entregarán más subsidios a la población de altos ingresos. (Compromiso 73). Iniciativa en segundo semestre de 2013, culmina implementación en 2018.

Corrupción.Se creará un sistema nacional contra la corrupción que, mediante una reforma constitucional, establezca una Comisión Nacional y comisiones estatales con facultades de prevención, investigación, sanción administrativa y denuncia ante las autoridades competentes por actos de corrupción ya se presentó reforma legal se deberá aprobar en 2012
Código penal único para todo el país (78) primer semestre de 2013 se presenta iniciativa legislativa.

Derechos humanos. Articular y coordinar todos los esfuerzos federales y del ámbito local que se requieren para dar cabal cumplimiento a la reforma constitucional en materia de derechos humanos. (Compromiso 21) En este sentido, la propuesta de reforma constitucional al segundo párrafo del artículo 1 presentada por el diputado del PRI, Arroyo Viera  ha sido calificado unánimemente de retroceso.

Se creará la Gendarmería Nacional como un cuerpo de control territorial que permita el ejercicio de la soberanía del Estado mexicano en todos los rincones del país, sin importar su lejanía, aislamiento o condición de vulnerabilidad. (Compromiso 76).

Mención especial merece la reforma educativa.


El Pacto señala: Se creará el Sistema de Información y Gestión Educativa a partir de un censo de escuelas, maestros y alumnos, que le permita a la autoridad tener en una sola plataforma los datos necesarios para la operación del sistema educativo y que, a su vez, permita una comunicación directa entre los directores de escuela y las autoridades educativas. (Compromiso 7)

Se dotará de autonomía plena al Instituto Nacional de Evaluación Educativa (INEE),(compromioso 8)
Se impulsará la profesionalización de la educación inicial (compromiso 13)
Se robustecerá la autonomía de gestión de las escuelas
Se introducirán en las escuelas, particularmente en las de horario ampliado, programas de educación artística (compromiso 18)
Reforma (adición)  al párrafo terdero del art. 3:
“Adicionalmente, el ingreso al servicio docente y la promoción a cargos con funciones de dirección o de supervisión en la educación básica y media superior que imparta el Estado, se llevarán a cabo mediante concursos de oposición que garanticen la idoneidad de los conocimientos y capacidades que correspondan. La ley reglamentaria de este artículo fijará los términos para el ingreso, la promoción, el reconocimiento y la permanencia en el servicio.
Serán nulos todos los ingresos y promociones que no sean otorgados conforme a la ley;”

Se trata de una reforma laboral disfrazada.

Adición: fracción IX
…

“IX. El Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación será un organismo público autónomo, con personalidad jurídica y patrimonio propio. Corresponderá al Instituto evaluar el desempeño y resultados del sistema educativo nacional en la educación preescolar, primaria, secundaria y media superior. Para ello deberá:

a) Diseñar y realizar las mediciones que correspondan a componentes, procesos o resultados del sistema;

b) Expedir los lineamientos a los que se sujetarán las autoridades educativas federal y locales para llevar a cabo las funciones de evaluación que les corresponden, y

c) Generar y difundir información y, con base en ésta, emitir directrices que sean relevantes para contribuir a las decisiones tendientes a mejorar la calidad de la educación y su equidad, como factor esencial en la búsqueda de la igualdad social.

La Junta de Gobierno será el órgano de dirección del Instituto. Se integrará por cinco miembros designados por el Ejecutivo Federal, con la aprobación, dentro del plazo de treinta días naturales, de las dos terceras partes de los miembros presentes de la Cámara de Senadores o, durante los recesos de ésta, de la Comisión Permanente.

Si dentro de dicho plazo la Cámara de Senadores no se pronuncia sobre la designación de algún miembro de la Junta de Gobierno, se tendrá por ratificada la efectuada por el Ejecutivo Federal. En caso de que en la votación no se reúna la mayoría requerida, el Ejecutivo Federal deberá someter a aprobación una nueva designación. Si respecto de esta segunda designación no existe pronunciamiento, la misma se entenderá aprobada, y si sometida a votación no se reúne la mayoría requerida, el Ejecutivo Federal designará directamente a otra persona.

Los integrantes de la Junta de Gobierno deberán ser personas con capacidad y experiencia en las materias de la competencia del Instituto y cumplir los requisitos que establezca la ley, desempeñarán su encargo por períodos de siete años en forma escalonada y podrán ser reelectos por una sola ocasión. En caso de falta absoluta de alguno de ellos, el sustituto será nombrado para concluir el periodo respectivo. Sólo podrán ser removidos por causa grave en los términos del Título IV de esta Constitución y no podrán tener ningún otro empleo, cargo o comisión, con excepción de aquéllos en que actúen en representación del Instituto y de los no remunerados en actividades docentes, científicas, culturales o de beneficencia.

El Ejecutivo Federal nombrará de entre los miembros de la Junta de Gobierno a su Presidente, quien desempeñará dicho cargo por el tiempo que establezca la ley.

La ley establecerá las reglas para la organización y funcionamiento del Instituto, el cual regirá sus actividades con apego a los principios de independencia, transparencia, objetividad, pertinencia, diversidad e inclusión.

La ley establecerá los mecanismos y acciones necesarios que permitan al Instituto y a las autoridades educativas federal y locales una eficaz colaboración y coordinación para el mejor cumplimiento de sus respectivas funciones.”

El transitorio tercero:

“III. Las adecuaciones al marco jurídico para:

a) Fortalecer la autonomía de gestión de las escuelas con el objetivo de mejorar su infraestructura, comprar materiales educativos, resolver problemas de operación básicos y propiciar condiciones de participación para que alumnos, maestros y padres de familia, bajo el liderazgo del director, se involucren en la resolución de los retos que cada escuela enfrenta;
( ¿ Privatización, segmentación de la educación ?)

b) Establecer en forma paulatina y conforme a la suficiencia presupuestal escuelas de tiempo completo con jornadas de entre 6 y 8 horas diarias, para aprovechar mejor el tiempo disponible para el desarrollo académico.

En aquellas escuelas que lo necesiten, se impulsarán esquemas eficientes para el suministro de alimentos nutritivos a los alumnos a partir de microempresas locales, y

c) Prohibir en todas las escuelas los alimentos que no favorezcan la salud de los educandos.

Al efecto, el Poder Legislativo hará las adecuaciones normativas conducentes y preverá en ellas los elementos que permitan al Ejecutivo Federal instrumentar esta medida.”



Finalmente hay reformas incoloras, como:
Se incrementará el número de becas para apoyar a todas las artes, (compromiso 19)
Se relanzará y articulará, como estrategia de Estado, el proyecto de Institutos de México en el mundo, aumentando su número, sus programas y alcances, para difundir nuestra cultura en el exterior. (Compromiso 20)

Los ataques del crimen organizado en contra de defensores de los derechos humanos y de periodistas, requiere de una solución de mucho mayor alcance que el actual mecanismo creado en la Secretaría de Gobernación. Por ello, se creará una instancia especial en la que participen autoridades y miembros de la sociedad civil (29)
Se defenderán los derechos de los migrantes mexicanos en el exterior (30)
Se incrementará sustancialmente los presupuestos para que la educación y la salud de calidad lleguen a la población indígena (35)
Se dará cumplimiento a la Ley de Ciencia y Tecnología
Incrementar el financiamiento para la investigación científica y el desarrollo tecnológico, a fin de alcanzar, de manera gradual, una inversión del uno por ciento del PIB. El incremento presupuestal iniciará en el presupuesto 2013 (46)
Se definirán prioridades, objetivos nacionales y regionales concretos, para estructurar un programa de largo plazo para el desarrollo especializado de la ciencia y la tecnología en todo el país. (Compromiso 47)

Se aumentará el número de investigadores y de centros dedicados a la ciencia, la tecnología (48)
Para reducir nuestra dependencia de los combustibles fósiles, se impulsará la inversión para la investigación y el desarrollo de proyectos de energías a partir de fuentes renovables, como la energía solar y la eólica. (Compromiso 49)

Por ello, se creará un programa para el impulso de la infraestructura para la captación y el almacenamiento del agua pluvial.. Asimismo, se concluirán las obras de control de inundaciones en diversos estados del país. (Compromiso 50)
Se incrementarán las coberturas de agua, drenaje y tratamiento (51)
Se creará un programa para aumentar la infraestructura para recolectar, separar, reciclar y aprovechar el potencial de los residuos en todo el país. (Compromiso 53)
Se fortalecerá la Banca de Desarrollo (62)
Se impulsarán medidas que combatan la intermediación y garanticen una adecuada comercialización de los productos del campo ()64)
El cuidado de las aguas y los bosques requiere la transformación de los esquemas de subsidios en las zonas de menor viabilidad agrícola, para reorientarlos al cuidado y recuperación de bosques y cuerpos de agua, fortaleciendo el esquema de pagos por servicios ambientales.(Compromiso 66) Segundo semestre de 2013 se presentará proyecto legislativo

Se incrementará la productividad agropecuaria a partir de una política de otorgamiento de crédito oportuno y a tasas preferenciales a pequeños y medianos productores (65)
Desarrollo del Sur-Sureste. Esta estrategia incluirá diversas acciones como la ampliación y modernización de la red carretera y ferroviaria, (67)
Se eliminarán duplicidades de funciones, se compactarán áreas y dependencias de gobierno, y se revisará permanentemente el gasto del sector público para mejorar su eficiencia y alcanzar mejores indicadores de desempeño. (Compromiso 71)

Para que la justicia se pueda impartir con mayor rapidez, eficacia y transparencia en todo el país, se tomarán medidas necesarias tanto a nivel federal como estatal para cumplir con las metas y tiempos establecidos. (Compromiso 77)
Se creará un Consejo Nacional para la Ética Pública con la participación de diversas autoridades del Estado mexicano y miembros de la sociedad civil para dar seguimiento a las acciones concertadas contra la corrupción. (Compromiso 86)
Se reordenará el marco de fueros para que nadie tenga privilegios. (Compromiso 92)
Se revisará la reelección de legisladores. (Compromiso 94)

También habrá que hacer mención de  lo que no está:
En primer lugar no se propone una estrategia de seguridad pública alternativa a la de Calderón. Parece que, por lo pronto, la guerra seguirá en los mismos términos.
Por otro lado no hay propuestas en materia de trabajo y empleo: no hay nada sobre salarios mínimo, protección al trabajo y ni una sola mención de  los pendientes de la reforma laboral (que se votaron a favor en el Senado pero no en la de Diputados): aquellos que tienen que ver con la democracia sindical y la libertad de asociación.
Tampoco hay nada sobre política exterior. La mención a los migrantes es demasiada general, lo que la hace poco relevante.
Las propuestas destinadas a las comunidades indígenas son muy poco claras y no incluyen ninguna reforma constitucional ni se hace mención del tema de la autonomía de los pueblos indígenas. Según este pacto, los Acuerdos de san Andrés son parte de un pasado ya en el olvido.
Tampoco hay mención a medidas sobre el lavado de dinero, control de capitales golondrinos, el impuesto sobre transacciones financieras o reformas al Banco de México. Medidas que podrían ser de gran importancia frente a un agravamiento de la situación económica mundial. Hasta el FMI ha recomendado a México, recientemente, regular los  flujos de capitales estableciendo medidas para limitar las entradas de esos recursos   provenientes del extranjero.
No hay interés en el diseño de una política regional, apenas una mención al Sur-sureste que no dice mucho.
Hay también ausencias de políticas sobre la  equidad de género, pues encontramos menciones muy limitadas. Lo mismo sucede en el caso de los jóvenes.


Intentemos ahora  un balance general de todo lo anterior:
Las políticas sociales anunciadas más importantes están sujetas a la aprobación de una reforma hacendaria, específicamente de una reforma fiscal que dé los recursos necesarios. Muy pocas se podrán hacer con los recursos disponibles del presupuesto 2013.
De esta manera, las más importantes como la universalización de los sistemas de salud, la pensión universal, el seguro de desempleo, la escuela de tiempo completo,  la cobertura en educación media superior al 80%, la cobertura total del Programa de becas para educación media superior,  así como la meta del 1% del PIB en ciencia y tecnología, tendrán que esperar.
Por lo pronto para el 2013, sólo se prevé poner en práctica: reforzar el programa de adultos mayores bajando la edad a 65 años pero focalizado (como está ahora), el seguro para Jefas de Familia, el programa de computadoras, y un programa piloto de Becas para estudiantes de educación media superior.
Muy poco para las pretensiones publicitarias del Pacto. Todos estos programas que se echarán a andar el próximo año son  focalizados, es decir no universales, o programas de cobertura limitada. Su extensión tendrá que ocurrir posteriormente, dependiendo de la suerte de la reforma hacendaria.
Por su parte, los proyectos de ley que se presentarán en 2013 son: los reglamentarios de los artículos constitucionales: 1, 29, 33 y los relativos a la CNDH, los organismos locales de DH, , la Ley sobre el uso legitimo de la fuerza pública, la que tiene que ver con la prevención y sanción de la tortura y las desapariciones forzadas. Sin duda esta es una de las partes más positivas del llamado Pacto.
También en 2013, se presentarán proyectos de ley sobre la CFC, el derecho constitucional a la Banda Ancha, la licitación de nuevas cadenas de televisión abierta. Es también una de las partes más sustanciosas del Pacto, sujeta a las negociaciones correspondientes.
También se proponen nuevas leyes para 2013 en materia de medio ambiente: sobre aguas. En el ramo de la minería se señala la entrega de un nueva ley el próximo año, para la explotación minera y la prohibición de las minas de carbón de tiros verticales. Pero todo ello sujeto a la reforma hacendaria.
También se comprometen a entregar en 2013, leyes relacionadas con la banca comercial y las instituciones de crédito, la de responsabilidad hacendaria para estados y municipios, una reforma a la Ley de coordinación fiscal, otra para eliminar los privilegios fiscales.
Según el Pacto el próximo año se dará el gran debate, largamente esperado, sobre las reformas económicas sobre todo la de PEMEX y la fiscal, que podrían definir la suerte de todo el Pacto y la viabilidad de muchas de sus compromisos.
Pero también en 2013 se presentarán proyectos de ley en materia de reforma política: adelantar la fecha de toma de posesión del Presidente (vigente hasta 2024) la ley general de partidos, la reforma electoral, también las leyes reglamentarias de candidaturas independientes, iniciativa ciudadana, iniciativa preferente y la de consultan popular.
Si, todas para el 2013.
Hay pues una avalancha de leyes que se presentarán el próximo año. Sobre todo en materia de derechos humanos, competencia y telecomunicaciones, petróleo y energía, reformas económicas, sobre todo la fiscal, reforma del estado y reforma electoral.
En cambio la reforma del DF es la única que merece una Mesa Nacional y el debate se pospone hasta el 2014.
En el caso de los compromisos negativos, están: la parte del patrimonio cultural, (compormiso 16)  que liga su protección a la descentralización en estados y municipios, y su restauración a la promoción turística. Es precisamente la orientación de las políticas culturales a los que siempre se han opuesto las fuerzas progresistas. Es convertir el patrimonio nacional en objeto de consumo para su mejor venta al turismo. Un caso paradigmático de estas políticas fue el conflicto en las pirámides de Teotihuacán hace unos años. Las iniciativas de estas leyes se plantean hasta 2014.
En materia de reforma petrolera la redacción de los compromisos 56 y sobre todo 57 pueden interpretarse de diversas maneras pero abren la puerta a la privatización parcial de PEMEX. No se habla de una reforma constitucional pero, por la naturaleza del Pacto, tampoco se cancela. Esta reforma se presentará en el primer semestre de 2013.
También la reforma fiscal abre la puerta a un incremento al IVA aunque no lo dice claramente. Se puede deducir, sin embargo, que no será el único impuesto que tendrá una revisión lo que seguramente quiere decir una elevación. Pero no se subraya el carácter progresivo de ésta. También se prevé discutir la legislación correspondiente en 2013.
La revisión de los subsidios al sector energético (compromiso 73) puede derivar en aumentos más fuertes a los precios de la gasolina.
La insistencia en una Comisión Nacional contra la corrupción no forma parte de las propuestas de las izquierdas, ni del PRD, simplemente no debió haberse aceptado.
Igual con la propuesta de un Código penal único que puede hacer nulos los avances por ejemplo en el DF sobre la despenalización del aborto. También este debate se prevé para 2013.

Puede parecer  positiva la  gran ambición reformadora del Pacto que se pretende acumular en 2013. El problema es que ello plantea una negociación excesivamente compleja que puede llevar a una dispersión que solo beneficie al gobierno. Sin prioridades claras, ni orientaciones precisas sobre sus contenidos, el proceso puede ser caótico o bien,  conducido por el gobierno para lograr sus objetivos, imponiendo una negociación que deje sin capacidad de respuesta a los partidos de oposición, en este caso, sobre todo, al PRD.
La izquierda puede quedar presa de una mecánica de toma de acuerdos  en la que se le obligue a un toma y daca sin sentido, por ejemplo: se aceptan sus propuestas en materia de derechos humanos pero tendrá que aceptar la privatización de PEMEX; se acepta las modificaciones sugeridas en reforma del estado, pero tendrá que apoyar una reforma fiscal que tenga como eje el aumento del IVA.
Es el problema de firmar un Pacto que contiene un gran paquete legislativo que se discutirá caso todo el al mismo tiempo. Un paquete en el que no se distinguen con claridad las metas ni las orientaciones.
Así mientras que las políticas sociales dependerán de la reforma fiscal, las reformas legislativas casi todas presentadas al mismo tiempo pueden inducir a una mayúscula confusión  en la oposición  de lo que es deseable y posible alcanzar pero también de lo que no es aceptable.

¿Qué queda entonces?
Cada quien su lista, cada quien su pacto. Las cosas buenas, malas y regulares pueden clasificarse al gusto de cada quien. Lo que parece claro es que el Pacto adolece de serios problemas:
Las políticas públicas de beneficio social dependen de una reforma fiscal que no está pactada, sólo enunciada.
No hay previsiones en caso de una nueva recisión mundial
Hay una avalancha de reformas legales que puede derivar en un proceso de negociación sin claridad en las prioridades y que puede llevar a una pésima negociación.
Hay compromisos demasiado generales o insustanciales
Hay ausencias, discrepancias e insuficiencias que no están mencionadas.
De acuerdo a lo anterior el Pacto podría entenderse como una simple hoja de ruta o agenda para una negociación que aún no se ha dado. No se trata pues de un pacto sino de un listado de temas.  Si esta fuera la interpretación, lo que sigue sería instalar una Mesa de Negociación amplia y tranparente con todos los actores políticos y sociales (se puede discutir quienes y cuantos) para darle a esta agenda un sentido y un rumbo más claro. Una mesa que admita el derecho a la discrepancia, a propone faltantes, a enmendar lo que ya está redactado, y a agotar las negociaciones si no hay consensos.
Pero parece que no se entiende así el Pacto. Para los firmantes se trata de un acuerdo en bloque, cerrado y con participantes ya definidos.
El PRD no puede aprobar en bloque el contenido del Pacto; en cambio puede y debe  proponer modificaciones a él.
Entre ellas:
Primero: definir con puntualidad,  y desde el principio,  la propuesta de reforma fiscal. Esta debe ser suficiente para financiar las políticas sociales con un calendario de implementación y debe tener un sentido progresivo y gradual.
Se calcula que los compromisos del Pacto representan entre 6 y 8 puntos del PIB. ¿Habrá una reforma fiscal de tal envergadura? Una generalización del IVA apena dría un punto del PIB.
Segundo: se debe confirmar con claridad que las políticas sociales se volverán derechos universales plasmadas en  la ley.
Tercero: se debe considerar que los temas no incluidos,  a juicio de una de las partes firmantes, no están excluidas de la negociación, por  lo que deben señalarse explícitamente  para su consideración  en el momento oportuno.
Cuarto: las iniciativas de ley contendías en el Pacto deben someterse a una Mesa de análisis que se instalará en el Congreso donde se convocará a actores sociales y especialista en el tema. La democracia y la transparencia no se riñen con la eficacia.
Quinto: La reformas a PEMEX y telecomunicaciones (tv y telefonía) y a los órganos competentes (CFC) deben tener un tratamiento especial. Debe abrirse un amplio periodo de consulta. No aprobarse al vapor como sucedió con la llamada reforma educativa al artículo tercero.

Diciembre 5, 2012. – Enero 19, 2013.