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miércoles, 22 de mayo de 2024
Incertidumbre mundial
El mundo cambia, pero con rumbo incierto
Saúl Escobar Toledo
Ciudad de México, 22 de febrero de 2024. En distintas publicaciones, tanto académicas como de amplia circulación, se comentan los cambios que están ocurriendo a nivel internacional. Desde luego, han surgido serias preocupaciones por los conflictos armados, particularmente la guerra en Ucrania y la ocupación de Palestina por Israel, pero también otros ubicados en distintas regiones del planeta: Sudán del Sur, la República Democrática del Congo y Nagorno-Karabaj (que involucra a Armenia y Azerbaiyán). En todos estos conflictos hay fuerzas armadas de distintas potencias (del G20) cuyo número no es muy grande; sin embargo, han afectado a cientos de miles de personas (Cf. Armed Conflict Survey).
Por otro lado, el panorama económico, igualmente, está cambiando sobre todo en los que se refiere a las tendencias comerciales. Un estudio del Instituto MacKinsey (mckinsey.com/mgi) da cuenta de que, en 2023, México se convirtió en el mayor socio comercial de Estados Unidos; el comercio de Vietnam con China y Estados Unidos ha ido aumentando; las importaciones de energía de las economías europeas se alejaron drásticamente de Rusia, mientras que las importaciones de algunos productos de China, como los vehículos eléctricos han aumentado. Estos cambios han tenido una razón geopolítica. Es decir, obedecen a las guerras desatadas y a la rivalidad entre las dos grandes potencias económicas, China y Estados Unidos. Sólo así puede entenderse que “los aranceles promedio sobre el comercio de bienes entre ambas potencias se hayan multiplicado entre tres y seis veces desde 2017” y que, “tras la invasión rusa de Ucrania, la Unión Europea (UE), Estados Unidos y otras naciones impusieron sanciones comerciales a Moscú”. Posteriormente, el desvío de las rutas marítimas debido a la crisis del Mar Rojo que comenzó en diciembre de 2023 alteraron los flujos comerciales. El estudio señala que, “en términos más generales, el número de nuevas restricciones al comercio mundial… ha aumentado constantemente, de unas 650 en 2017 a más de 3.000 en 2023”.
Para tratar de caracterizar estos cambios se han adoptado términos en inglés como “decoupling”, “derisking”, “reshoring”, “nearshoring” y “friendshoring”, aunque estos vocablos se refieren, especialmente, al caso de Estados Unidos, país que intenta alejarse de China y busca otros territorios para sus inversiones y proveedores de bienes de consumo final y refacciones.
Por su lado, Beijing ha adoptado otra estrategia y ha ido aumentando su participación en el comercio mundial, particularmente pero no sólo , con las economías en desarrollo de todo el mundo. Así, por ejemplo, Alemania disminuyó su comercio con Rusia y al mismo tiempo lo aumentó con China. El gigante asiático, “la mayor potencia comercial del mundo”, dice el estudio, se destaca por sus intercambios de mercancías con más socios geopolíticamente distantes que cualquier otra economía”.
El pretendido divorcio (“decoupling”) de Estados Unidos de China ha llevado a incrementar sus importaciones de bienes manufactureros de otros países. Sobre todo, Vietnam y otras economías asiáticas, y México. En estos casos se puede aplicar más claramente el término ““friendshoring”, al tratarse de naciones que, según la óptica de Washington, parecen socios más confiables.
El estudio señala que “si bien la geometría del comercio mundial se ha ido reconfigurando gradualmente, su forma futura sigue siendo incierta…” Y avizora distintos escenarios: “una posibilidad podría consistir en un mundo desglobalizado, cada vez más fragmentado en el que el comercio se reoriente hacia el flujo entre economías geopolíticamente alineadas, tal como se ha observado con la disminución de la participación del comercio entre Estados Unidos y China o la reducción del comercio entre la UE y Rusia. Otra forma de reconfiguración podría llevar a la diversificación de las relaciones comerciales de tal manera que ninguna economía dependa demasiado de otra para los productos que importa, lo que implicaría una mayor inversión en nuevas instalaciones localizadas en diversas economías en desarrollo”. Podría decirse que la primera es la vía estadounidense y la segunda la que intenta China.
En el futuro cercano, el estudio considera que lo más probable es “el fortalecimiento de las agrupaciones comerciales regionales en América del Norte, la Unión Europea y la ASEAN”. En lo que atañe a México, “el T-MEC (tratado comercial entre México, Estados Unidos y Canadá) será y está siendo clave para sortear su confrontación con China”. Un ejemplo de “nearshoring”.
El estudio da cuenta de que nuestro país ha ganado mayor participación en el mercado de Estados Unidos, destacadamente, en los sectores agrícolas y de equipos de transporte. En esta última rama, la participación de México aumentó del 26 al 32 por ciento entre 2017 y 2023. México está exportando una gran cantidad de automóviles terminados a Estados Unidos y también muchas autopartes. Estas últimas, incluso, han crecido más rápidamente que las ventas de vehículos ensamblados.
Sin embargo, otro informe considera que América Latina en su conjunto está jugando un papel cada vez más importante en el comercio con China, en especial por su demanda de materias primas. Entre el año 2000 y 2022 el intercambio comercial entre ambas regiones multiplicó 35 veces su valor. La potencia asiática desplazó ya a la Unión Europea como segundo socio comercial de la región, según datos de la CEPAL.
Ahora bien, el comercio entre América Latina y el Caribe y China tiene una estructura claramente definida: en 2022, el 95% de las exportaciones de la región correspondió a materias primas y manufacturas basadas en recursos naturales, mientras que los envíos desde Oriente correspondieron en un 88% a manufacturas de tecnología baja, media y alta.
Es decir, parecería que México está adoptando un patrón distinto al de América Latina en su conjunto. Nuestro país ha captado y se espera que lo hará más en los próximos años, inversiones provenientes de Estados Unidos en empresas manufactureras orientadas hacia el mercado interno de su socio estratégico, mientras que AL en su conjunto ha tenido un mayor acercamiento comercial con China basado en la exportación de materias primas y la importación de productos manufacturados.
Si estas tendencias se confirman, cabe interrogar: ¿podría México diversificar su comercio y sus inversiones para no depender casi exclusivamente de Estados Unidos?
La respuesta a esta pregunta no depende sólo de la voluntad de nuestro gobierno sino también de la evolución de los conflictos a nivel internacional y de otras mudanzas políticas. Si en las próximas elecciones en Estados Unidos resultara electo Donald Trump no hay seguridad de que la relación con México evolucione en los términos señalados. El gobierno de EU podría cerrarse más al exterior, para reducir su déficit comercial, y castigar a México, con el pretexto de la migración, con sanciones comerciales tal como sucedió en el pasado reciente.
Así las cosas, los cambios a nivel mundial muestran distintas tendencias sin estar completamente claro que rumbo tomarán, influenciados por fenómenos políticos internos y el desenlace de los conflictos internacionales que son difíciles de vislumbrar.
En estas condiciones, el próximo gobierno tendrá que tomar distintas medidas, según evolucionen los acontecimientos en el plano internacional. En todo caso, se requerirá una política de Estado capaz de reaccionar oportunamente y tratar de aprovechar las circunstancias en beneficio de los mexicanos. Sobre todo, la próxima administración deberá contar con una política industrial que amplíe la infraestructura productiva pero también proteja a los trabajadores mexicanos. Vivienda, salud, educación, cuidados familiares y condiciones de trabajo dignas acompañadas de un sindicalismo democrático y más vigoroso. Otros caminos ya los hemos visto: un país maquilador con trabajadores sumidos en la miseria, o exportador de materias primas sin beneficios tangibles para la mayoría de la población.
saulescobar.blogspot.com
(22022024)
Etiquetas:
Acuerdo Comercial México-EU-Canadá,
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miércoles, 3 de mayo de 2023
Los nuevos rumbos de la globalización: la inversión extranjera en México
La inversión china en México : los nuevos rumbos de la globalización
Con mi solidaridad y reconocimiento para el Ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano
Saúl Escobar Toledo
Uno de los fenómenos mundiales de los últimos años más comentados en la prensa y en publicaciones especializadas es el llamado “nearshoring” o “friendshoring”. Se trata de una tendencia, cada vez mayor, que consiste en que las compañías multinacionales de capital estadounidense están moviendo sus fábricas y procesos productivos de China, principalmente, a otros lugares del mundo que se ubican más cerca de Estados Unidos o que no representan un riesgo político para Washington. Este movimiento obedece fundamentalmente a dos causas: los problemas de transporte de mercancías que se observaron durante la pandemia; y las tensiones geopolíticas derivadas de la guerra en Ucrania y la rivalidad entre China y Estados Unidos.
Bajo la nueva tendencia (nearshoring) se supone que México será parte de los países beneficiados por su cercanía con Estados Unidos y porque se le considera un socio comercial y político de la Casa Blanca. Sin embargo, algunos observadores han señalado que este movimiento de inversiones y plantas industriales no lo están haciendo sólo empresas de capital estadounidense o europeo, sino también aquellas de origen asiático y en especial, un tanto paradójicamente, inversionistas chinos.
De acuerdo con un reportaje del NYT (03022023), compañías de capital proveniente de esa potencia oriental están invirtiendo miles de millones de dólares en México. Pone el ejemplo de una empresa dedicada a producir muebles para el hogar que invirtió 300 millones para levantar una fábrica en Monterrey. Los dueños de la empresa dijeron que esa inversión obedecía a que los precios de embarque marítimo se estaban disparando y a la “guerra comercial” entre su país y Estados Unidos. Para estos empresarios, el mercado estadounidense seguía siendo el más importante. Por ello, dice el reportaje, para competir en mejores condiciones, grandes compañías chinas están invirtiendo agresivamente en México y así tomar ventaja del T-MEC. Hay que añadir que la inversión proveniente de ese país es, en el caso de nuestro país, mayoritariamente de empresas privadas (75%), y no de consorcios públicos, a diferencia de lo que sucede en la región latinoamericana. El reportaje asegura que en 2021, el 30 por ciento de la inversión extranjera que se realizó en Nuevo León, fue de compañías chinas, un poco por debajo de las estadounidenses que representaron el 47 por ciento.
Lo anterior es una muestra, dice el NYT, de que los inversionistas chinos consideran que, no obstante las tensiones políticas, las relaciones comerciales entre ambos países son muy fuertes y continuarán siendo así.
No sólo están pensando producir bienes finales: otra empresa china, Lizhong, también está levantando una fábrica de partes automotrices en Nuevo León para abastecer a Ford y General Motors. Las empresas estadounidenses “ven con buenos ojos” estas inversiones ya que pueden eliminar el riesgo de disrupción de las cadenas de valor que surgió durante la pandemia.
Otra gran empresa china, Lenovo, fabricante de computadoras, abrió una fábrica hace tres años en Monterrey para fabricar los armazones de los servidores que guardan datos para las plataformas digitales.
No obstante, los inversionistas chinos que están invirtiendo en el norte de México están preocupados por varios asuntos, destacadamente, la contratación de suficientes trabajadores y la provisión de insumos. Acerca del primer tema, según el NYT, los inversionistas chinos están acostumbrados a las condiciones laborales que prevalecen en su país y en Vietnam, donde no hay vida sindical y existe una abundante oferta de mano de obra que viene del campo a la ciudad. En cambio, en la ciudad de Monterrey, la tasa de desempleo es baja, del 3.6 por ciento y las nuevas inversiones están desatando una fuerte competencia por la contratación de trabajadores. Para atraerlos, han ofrecido prestaciones como transporte y servicio de alimentos en los centros de trabajo. Sin embargo, las estrategias de los directivos en China, afirman sus representantes, consisten en gastar poco en salarios ya que consideran que los trabajadores son fácilmente reemplazables. Lo anterior podría causar conflictos laborales o frenar su expansión.
En cuanto al abastecimiento de insumos, uno de los problemas que han detectado es que el T-MEC dispone que las empresas deben utilizar porcentajes determinados de refacciones y materias primas producidas en la región norteamericana para gozar de las ventajas aduaneras.
Según datos oficiales, la inversión china en México ha venido aumentando en los últimos años: de 75 millones de dólares en 2009, a 386 en 2022. Sin embargo, lucen todavía reducidas si tomamos en cuenta que el flujo total de la Inversión Extranjera Directa (IED) en México en el segundo trimestre de 2022 fue de 32 mil millones de dólares (mmd). La gran mayoría provino de EU (12. 5 mmd) y luego le siguieron Canadá, España, y Argentina. Si tomamos en cuenta la inversión acumulada hasta 2022, la proveniente de EU representaba 310 mmd y la de China apenas 2 mmd. También parecen menores si las comparamos con las importaciones de México provenientes de China, que llegaron a más 11 mil millones de dólares en 2022.
Las cifras más recientes de IED, agrega la nota de otro diario, El País (26112022), podrían ser inexactas. Académicos del Centro de Estudios China México (CECHIMEX) de la UNAM, calculan que las inversiones de ese país serían ocho veces superiores a los registrado, debido a que las empresas suelen “utilizar sus subsidiarias instaladas en Estados Unidos para enviar el capital que invertirán en México”. Por ello, para la Secretaría de Economía, ese capital es estadounidense, no chino. Además, las llamadas joint venture con empresarios mexicanos también pueden ocultar la verdadera cuantía de esas inversiones.
Según el reportaje de El País, el inventario de naves industriales ha crecido 37% en 2022 con respecto al año anterior. Lo que estamos observando, dice el diario español, es apenas el comienzo de una gran ola de inversiones. Sin embargo, este proceso no será fácil ni rápido: hace falta infraestructura, fuentes de abastecimiento de materias primas, suficiente disposición de energía eléctrica, y fuerza de trabajo calificada.
En resumen, se está llevando a cabo una nueva configuración del comercio y la producción a nivel mundial motivada por las múltiples crisis que se observan actualmente. México se está beneficiando al recibir inversiones de diversos rincones del mundo, incluyendo China. No obstante, hay muchos factores que pueden acelerar o retardar este reacomodo . En el caso de las inversiones provenientes del gigante asiático, los conflictos de Estados Unidos con el gobierno de Beijing, así como la guerra en Ucrania, podrían llegar a tal punto que nuestro vecino exigiera a México vetar la instalación de algunas fábricas o empresas de origen chino en nuestro territorio por considerarlas peligrosas para su seguridad. En segundo lugar, sobre todo si nuestro país no define una política industrial, los empresarios extranjeros podrían traer a México los procesos productivos más sencillos (con menor valor agregado, como muebles para el hogar) y no los más complejos. Lo anterior confirmaría la tendencia maquiladora de nuestro país, lo cual, como hasta ahora, no ha redundado en un crecimiento sostenido del conjunto de la economía.
Se dice que China pronto será la nueva potencia económica mundial y rebasará a Estados Unidos. También, que los flujos de inversión tienden a recolocarse de acuerdo con criterios políticos. Desde este punto de vista la globalización basada en la libertad de los mercados está desapareciendo para dar lugar a una nueva división del trabajo. Pero también se dice que es aventurado asegurar tales cosas. Los nexos económicos entre China y el mundo, incluido en primer lugar Estados Unidos, se mantendrán todavía por largo tiempo. Lo único que podría cambiar esto, sería una guerra frontal entre ambas potencias, lo cual es poco probable, por fortuna.
En este proceso de transición, que se observa tan confusamente, México debería asegurar su futuro y tratar de cambiar el curso neoliberal en el que todavía navega. La elección no radica en apostar por China o Estados Unidos, sino en buscar un lugar en el mundo basado en un Estado rector del desarrollo; en una fuerza de trabajo más calificada, mejor pagada y protegida; en el aprovechamiento racional y sustentable de nuestros recursos naturales; y en un proyecto industrial de largo plazo basado en la adopción creativa de las nuevas tecnologías.
saulescobar.blogspot.com
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